Buenos Aires, 19/11/2017, edición Nº 1831

El Rosedal de Palermo, un paseo mítico de la Ciudad

Se destaca por una colección de miles de rosas y un lago que lo rodea. También cuenta con un anfiteatro, un patio andaluz y el Jardín de los Poetas.

(PBA) De lejos ya se ven nubes de colores, las manchas vaporosas que forman más de 8.000 rosas como si fueran parte de un gran cuadro abstracto. Y enseguida la brisa acerca los perfumes de al menos 93 especies de esas flores y la frescura de los árboles.

Pero se cultivan las rosas igual que las ideas. Y después de semejante hechizo, un asunto que llama la atención del Parque donde está el Rosedal, el 3 de Febrero, es que la naturaleza no le da la espalda a la Ciudad, la cultura y el arte; más bien, se complementan.

Es que para Sarmiento, quien ideó el Parque en la década de 1880 sobre terrenos donde había estado la quinta de Rosas, se trataba de ofrecer “mejores condiciones de higiene y educación¨ y “un sitio de recreación para todos por igual”, como explicó la historiadora Sonia Bergman, coautora de El Rosedal de Buenos Aires 1914-2009. 95° aniversario. Y se cuenta que para el arquitecto y paisajista Carlos Thays, quien diseñó el Parque y fue maestro del ingeniero agrónomo Benito Carrasco, hacedor del Rosedal, era más lógico buscar la felicidad en un bosque que en los artificios del lujo y la suntuosidad.

Esta es naturaleza “domada”, con influencias de jardines franceses y españoles. Pero, incluso rodeada de avenidas, desconecta, y cómo, de la vorágine urbana.

Con el puente de estilo griego, el Paseo de los Poetas –con bustos de Borges, Dante Alighieri y Shakespeare, entre otros– y el Patio Andaluz, decorado hasta en los escalones. Con botes, carruajes y patos alineados, algo temerosos, apresurados.

El Rosedal tiene el paisaje de un cuento. Al salir, cruzando Sarmiento, aún en los bosques de Palermo, hay una escultura de Caperucita Roja, donde la gente sonríe sin esfuerzo cuando se saca una foto. ¿Vandalismo? ¿Aglomeraciones? ¿Polución? Todo acá es encantador. Tanto que parece que nadie piensa en el lobo. Ni en espinas.

Posible recorrido:

1) Lobo está. La escultura de Caperucita Roja fue creada en un solo bloque de mármol blanco por el escultor francés Jean Carlus (1852-1930) y comprada en 1937 por la entonces Municipalidad de Buenos Aires. Mide cerca de dos metros de alto. Estuvo en Plaza Lavalle hasta 1972, donde después se colocó la estatua del ex presidente Hipólito Yrigoyen. Fue blanco de vandalismo pero hoy se encuentra restaurada en Plaza Sicilia, sobre Sarmiento casi Libertador. Según de donde se la mire, el lobo se deja ver o no. Pero está, listo para la foto.

2) Hecho en Sevilla. El Patio Andaluz fue donado por el Ayuntamiento (municipalidad) de Sevilla en 1929. Su decoración abstracta señala la influencia del arte árabe en el sur de España. Tiene la forma de un rectángulo de 25 metros por 20 que, al bajar cuatro escaloncitos, da a otro, más chico. En el centro, hay una fuente que dice: “A la caballerosa y opulenta Ciudad de Buenos Aires, en testimonio y comunicación espiritual, Sevilla ofrece esta muestra de la industria de Triana, el barrio de laboriosos alfareros y de los intrépidos navegantes”. La postal completa, con la pérgola, los bancos y el piso color ladrillo decorados, es hermosa. Pero los detalles valen la pena. Dibujaron escenas del Quijote. Hasta los escaloncitos están cubiertos con mayólicas. Una deja ver cómo desembalan cajones. ¿Recordará que estos materiales llegaron en barco desde España? Casi en Iraola y la esquina de Sarmiento y Libertador.

3) Invento francés. El Rosedal se inauguró en 1914. Ocupa 3,4 hectáreas y celebró su centenario con 8.000 flores de 93 especies, premiado por la Federación Mundial de las Sociedades de Rosas como “Jardín de excelencia”. Los rosedales se originaron a finales del siglo XIX en Francia y se expandieron “con su diseño geométrico, glorietas, (…) estatuas y miles de rosales de todas las variedades posibles. Y Buenos Aires no fue ajena a esta moda”, explicó a Arq la historiadora Sonia Berjman. Y agregó: “Primero fue un jardín de rosas francés, luego se le sumó un jardín español -donde hoy está el Jardín de los Poetas- y por último se le agregó el Patio Glorieta Andaluz”. En Infanta Isabel, Iraola y Pedro Montt. En verano abre de 8 a 20. Lunes, cerrado.

4) Herencia griega. En las memorias de los trabajos de la Dirección General de Paseos Públicos de Buenos Aires de 1914 se lee: “Costeando el lago, sobre el frente N.E., se construyó una elegante pérgola, de estilo griego, de 130 metros de largo y 526 metros superficiales (…). En la parte opuesta se levantó un templete de 16,80 m2, construido en cemento. Sobre el eje de la avenida central de los jardines y en la extremidad Norte, un puente de arquitectura helénica ostenta su característica silueta y permite el acceso a la ‘Roseraie’ desde la Avenida de los Lagos. Dan una nota alegre las flores…” Hubo cambios. Pero el puente, diseñado por el ingeniero agrónomo Benito Carrasco en ese año, sigue siendo un imán para mirar los patos, los botes, la isla y entrar al Rosedal embelesado. En Infanta Isabel al 500.

5) Continuidad del Parque. El Museo Eduardo Sívori nació en 1938 pero tuvo varias mudanzas hasta llegar a su sede actual, que se inauguró en 1996. Se cuenta que en el edificio estaba el tambo de la quinta de Juan Manuel de Rosas (Buenos Aires, 1793-Southampton, Gran Bretaña, 1877). Atesora unas 4.000 obras creadas por argentinos desde el siglo pasado, realiza el Salón Manuel Belgrano y expone muestras temporales. Además, frente al patio de esculturas, funciona el Café Sívori. Por eso, como dicen en el Museo, se da una “prolongación” del mix de arte y naturaleza que caracteriza al Rosedal y al Parque 3 de Febrero. ¿Qué pedir? Ensalada de pollo tibia (más rúcula, tomate, champiñones y parmesano), a $ 160. Gaseosa, $ 30. Y cortado en jarrito, $ 25. El Museo abre de martes a viernes de 12 a 20 y fines de semana desde las 10. Entrada: $ 10. Martes y viernes, gratis. El Café, desde las 10 los mismos días y los jueves a la noche con reserva. En Infanta Isabel 555. Teléfono del Café: 4777-9338. No vaya apurado.

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