Buenos Aires, 21/11/2017, edición Nº 1833

El representante de la Autoridad Palestina de visita en Buenos Aires

Saeb Erekat llegó a la Ciudad para condecorar a la presidenta Cristina Fernández por su apoyo al Estado Palestino. “Vine a Buenos Aires a decir gracias”.

Por Adrián Pérez

(CABA) El hombre de traje azul enfatiza cada idea con la fuerza de quien planta bandera en una disputa, como si la gestualidad afianzara sus conceptos sobre el conflicto palestino-israelí. Saeb Erekat llegó al país para condecorar a la presidenta Cristina Fernández con la estrella palestina. La máxima distinción que entrega Palestina, esta vez, es por el apoyo que la mandataria brindó en el reconocimiento al Estado Palestino cuando Argentina fue miembro no permanente del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas. A un mes de haber sido elegido por el presidente de la Autoridad Nacional Palestina, Mahmud Abbas, para desempeñarse como secretario general de la Organización para la Liberación de Palestina, Erekat conversa con Página/12 sobre los desafíos que enfrenta su gestión, habla de la relación con Israel y sobre su deseo de invitar a Hamas y a la Jihad Islámica a formar parte de un gobierno de unidad.

–¿A qué se debe su visita a la Argentina?
–En nombre del pueblo palestino y su presidente he venido a Buenos Aires, por un día, a decir gracias. El presidente palestino le envía la más alta condecoración a Cristina Fernández. La Argentina ha sido de los pueblos que más fuerte ha llamado a la formación de dos Estados. A través de esta entrevista me gustaría darle las gracias a cada argentino.

–La Organización para la Liberación de Palestina anunció el lunes pasado su deseo de repensar el vínculo con Israel.
–Fue una decisión tomada por el Consejo Nacional Palestino (N.d.R.: órgano legislativo de la OLP) el 5 de marzo de 2015 donde se especifica que si continúa violando sus obligaciones frente a acuerdos establecidos, el Comité Ejecutivo de la OLP debe redefinir sus relaciones políticas y económicas con Israel. Y es una decisión que se debe ejecutar. Por esa razón me reuní con el viceprimer ministro israelí, Silvan Shalom, y le entregué un documento con sus obligaciones y las nuestras frente a los acuerdos. Ofrecimos empezar relaciones, pero en base al cumplimiento de esas obligaciones, porque de otra forma no se podría hacer. Israel debe parar la construcción de colonias, implementar la retirada de Cisjordania, liberar a los palestinos prisioneros en sus cárceles.

–En su opinión, ¿cuál es la estrategia de Benjamin Netanyahu?
–Quiere una Autoridad Nacional sin autoridad, busca mantener una ocupación sin costo y que Gaza esté completamente separada de Cisjordania. Necesita exportar temor. Necesita ese peligro externo. No quiere dos Estados, lo que quiere es un Estado con dos sistemas: apartheid.

Verde y rojo predominan en el estampado de su corbata: la bandera palestina se completa con el blanco inmaculado de la camisa y el negro de los zapatos. Erekat extrae del bolsillo interior de su saco una tarjeta verde. Es la cédula de identidad que usa en Palestina. Los israelíes utilizan credencial azul y manejan coches con patentes de color amarillo y azul; las patentes palestinas, verdes y blancas. “Hay carreteras en Cisjordania que como palestino no puedo recorrer, solamente los israelíes pueden usarlas –comenta el secretario general–. En el Parlamento israelí se discute un proyecto de ley cuyo nombre es ‘carreteras esterilizadas’. Y se va a tratar otro para ‘buses esterilizados’. Palestinos cristianos y musulmanes ni siquiera podemos sentarnos al final del bus”, señala.

Para Erekat son iniciativas de una cultura de odio y racismo que llevó hace unas semanas a que un grupo de colonos incendiara la casa de la familia Dawabash, en Duma, pueblo ubicado cerca de Naplusa, en el norte de Cisjordania. En el hospital visitó a la mamá de Alí, el bebé fallecido. “Ella vive gracias a las máquinas, tiene 90 por ciento del cuerpo quemado. Cuando visité al padre, sabía que iba a morir. Falleció hace unos días”, relata. Y sostiene que la gente que prendió fuego la casa de los Dawabash no pensó en el bebé de 18 meses, en su padre, en su madre. “Los quemaron por ser palestinos. Es cultura y eso es muy peligroso porque la ocupación corrompe”, afirma y se pregunta: “¿Dónde nos va a llevar esto?”

–¿Cómo se construye un imaginario en el que coexistan ambos pueblos?
–Hay que terminar con la ocupación. Como palestino he reconocido al Estado de Israel sobre las fronteras de 1967. Lo que el primer ministro israelí debe hacer es reconocer al Estado palestino sobre las fronteras de 1967 y terminar con las colonias.

–El papa Francisco recibió a Abbas en mayo en el Palacio Apostólico. ¿Cómo analiza la decisión del Vaticano de sumarse a la Asamblea General de la ONU en el reconocimiento del Estado palestino?
–Si me preguntaran por el mejor momento de mi vida, diría que fue el 17 de mayo de 2015, a las 11.15, en el Vaticano, cuando vi flamear la bandera de Palestina junto a la del Vaticano. Monjas y curas caminando en procesión, junto al papa. Todos llevaban pequeñas banderas palestinas. Para nuestro pueblo, el hecho de que dos monjas palestinas (N.d.R.: Mariam Bawardi y Marie-Alphonsine Ghattas) fueran canonizadas ese día es muy importante. Soy musulmán y estudié en una escuela católica. Mis hijos estudiaron en una escuela católica de Jericó. Los cristianos-palestinos no son una minoría. Antes de ser cristianos o musulmanes somos palestinos. Que su santidad, el Papa, se refiera a mi presidente (Abbas) como “ángel de la paz” fue un minuto de esperanza, por lo que él representa: moral, justicia, igualdad. El mensaje del papa Francisco aquel día fue “sean justos con los palestinos”. El papa pidió paciencia, que no perdamos la esperanza y continuemos por la vía pacífica, sin violencia.

–Esta semana usted se mostró partidario de un acercamiento con Hamas y la Jihad Islámica. ¿De qué manera se insertan estas organizaciones en el proceso que encarna como secretario general de la OLP?
–En Palestina hay 26 partidos políticos, Hamas y Jihad son dos de ellos. Ninguna fuerza puede excluir a la otra. Lo que le decimos a Hamas es que cuando tenemos problemas, y tenemos problemas, vamos por los votos y no por las balas. Los invitamos a sumarse a un gobierno de unidad nacional para organizar elecciones nacionales y reconstruir Gaza. Espero y ruego que acepten. Lo último que necesitamos es guerra. Necesitamos diálogo, acuerdo y paz.

Saeb Erekat

Fuente: Página12

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