Buenos Aires, 22/11/2017, edición Nº 1834

El Palacio Grimoldi uno de los más hermosos de la Ciudad

De Virginio Colombo.

casa grimoldi duplez

(CABA) El barrio de Balvanera se destaca por una importante serie de edificaciones levantadas entre fines del siglo XIX y principios del siglo XX, realizadas por famosos arquitectos e ingenieros de diversos países, con predominio de los italianos. Recordemos algunos de los más notorios:

Alejandro Cristophersen (noruego): Iglesia Sta. Rosa, 1928 y Banco Nación (Sucursal Once), Rivadavia 2856, año 1921.

Mario Palanti (italiano): Edificio Rivadavia 2625/31, año 1915.

Francesco Tamburini (italiano): Normal Mariano Acosta, año 1884.

José A. Buschiazo (italiano): Hospital Ramos Mejía, año 1871 (como Lazareto San Roque).

Carlos Nyströmer (sueco): Palacio de las Aguas Corrientes, año 1886.

Delpini, Sulsic, Bess: nuevo Edificio del Mercado de Abasto, año 1934.

Gino Aloise: Facultad de Medicina (luego de Económicas), año 1884.

García Núñez (argentino): Hospital Español, año 1906.

John Doyer (inglés): Estación Once del Ferrocarril Sarmiento, año 1895.

Virginio Colombo, Arquitecto

Además de los arquitectos e ingenieros anteriormente citados –algunos de entre muchos otros– debemos citar a Virginio Colombo, nacido en Brera, Milán, en 1885 y fallecido en Buenos Aires el 28 de julio de 1927, a los 42 años, una corta vida que pudiera haber aportado mucho más al acervo arquitectónico de Buenos Aires.

Había llegado a esta ciudad en 1906 para agregar trabajos al Palacio de Tribunales, obra del arquitecto Norberto Maillart y desde entonces se quedó entre nosotros.

Llegó a ser uno de los mayores exponentes del “art nouveau” (corriente liberty milanés), dejando en Buenos Aires y especialmente en el barrio de Balvanera trascendentales obras, muchas de las cuales perduran hasta hoy. Un verdadero ornamento del barrio, solo basta elevar la cabeza para descubrirlos.

En las dos décadas que duró su actividad llegó a construir cincuenta edificios, algunos hoy demolidos, otros perduran como los situados en:

– Hipólito Yrigoyen 2562/78, año 1911;

– Hipólito Yrigoyen2548/60, año 1911;

– Rivadavia 3216/36, año 1915;

– Azcuénaga 1075 y 1129 (ya en los límites del barrio);

– Marcelo T. de Alvear 2025;

– Entre Ríos 1085, y 1173/77;

– Díaz Vélez 3915 (demolido);

– Moreno 2091/95, casa y estudio de Colombo, hoy absolutamente transformada y ocultada la firma del constructor;

– Rivadavia 3659 en grave estado de deterioro;

– Av. Corrientes 2548/60, el Palacio Grimoldi, año 1918.

Existen otras obras posiblemente del arquitecto Colombo, por su contextura, cuya autoría se está determinando.

Se distinguieron en este arquitecto dos períodos, el primero ligado al art nouveau europeo, en su variante italiana, con uso de estatuas en la organización de la fachada, y un segundo período, con el ocaso de los movimientos artísticos surgidos en la belle époque, con una línea más ligada a una matriz clásica, acorde a los estilos borbónicos franceses.

La familia Grimoldi

La familia Grimoldi comenzó su actividad en el año 1895 como una fábrica de calzado bajo la denominación “Grissetti y Grimoldi”. Para 1906 pasó a denominarse “Grimoldi Hermanos”, firma integrada por Luis, Enrique y Alberto.

Instalaron su primer negocio en la avenida Rivadavia 2576, trasladada debido a su rápido crecimiento a Rivadavia 2840/42, donde también construyeron una fastuosa residencia –hoy demolida– realizada por el arquitecto Alejandro Virasoro, reconocido como una de las figuras principales del estilo art decó.

En 1950, “cuando el PBI de la Argentina era el más poderoso de América latina, Grimoldi llegó a ser número uno del continente. Según Alberto Grimoldi, ello fue gracias a una estrategia que consistió en marcas, en introducir la medicina en el calzado para chicos, ya que sus zapatos permitían la corrección del pie y por haber adaptado un invento español, el “gomicuer”, que hizo que el calzado durara años. Grimoldi era a su vez conocida como la marca “del medio punto”.

Eran las décadas en que la Argentina crecía a altas tasas y su economía era la más importante de la región. Durante ese período la empresa hizo fuertes inversiones en tecnología, en maquinaria de calzado, se integró con curtiembres propias y asociadas, produjo sus propias hormas y desarrolló una cadena de comercios minoristas en Argentina y en el Uruguay.

Extendieron la gran fábrica de Rivadavia al 2800, hasta el frente por Hipólito Yrigoyen, con salidas por la calle Jujuy angosta. Allí se concentraban 1.000 trabajadores, principalmente mujeres.

Se constituyó en una de las pocas firmas familiares, de tercera generación, que le generó a la familia importantes ganancias y la llevó a diversificar sus capitales incursionando en el rubro inmobiliario. Fueron visionarios en cuanto a este último negocio, ya que en los primeros años del siglo Buenos Aires carecía de edificación suficiente para albergar la creciente inmigración.

Sin embargo el tipo de construcción que se desarrolló entonces solo se hallaba al alcance de familias de medianos y altos recursos, alejada de los sectores proletarios. La gran mayoría de los inmigrantes fueron víctimas, irremediablemente de otro tipo de negocio, “los conventillos”, una modalidad nueva que aprovechó las grandes casonas, que con escasa inversión se ponían al alcance del inmigrante. Entre 1871 y 1915 llegaron casi 5 millones de inmigrantes a estas costas. En Balvanera se conocieron algunas decenas de conventillos especialmente en su sector sur este, algunos de los cuales aún pueden verse –modificados–, como testimonio de aquel pasado ingrato. Allí se vivía en un estado deprimente de hacinamiento, situación que acarreó conflictos que hicieron historia, como la gran huelga de inquilinos de 1907.

Los inmigrantes que se iban al interior no podían acceder fácilmente a la propiedad de la tierra, debían emplearse como peones de campo o arrendar la tierra para explotarla. Las duras condiciones del medio agrícola, que había sido acaparado por la minoría terrateniente local, hicieron que años después una gran parte de las familias inmigrantes se integraran al proletariado urbano que surgía en la Argentina.

En tanto, la familia Grimoldi compra un gran terreno en la calle Corrientes al 2500, de 24 metros de frente por 87 de fondo, donde construirá un gran palacio, de 8.200 metros de superficie cubierta, que encargarán al arquitecto Virginio Colombo, reservándose los dos últimos pisos para su residencia particular.

El Palacio Grimoldi

Asomarse a los interminables pasillos de las entradas correspondientes al 2548 y 2560 de la Av. Corrientes, nos impresiona como un festival del diseño frentista. Desde las arañas tipo Tiffany, los coloridos vidrios de las puertas, las ornamentaciones que se desarrollan en las paredes y todos los detalles que evidencian la ejecución “a medida”, dan cuenta de la infinita minuciosidad del dibujo, la estupenda calidad de los materiales y la profesionalidad de la mano de obra empleada. Colombo traía su propia cuadrilla de operarios de Italia para trabajar en sus obras, a pesar de que éstos abundaban en el país en aquellos años.

El peculiar estilo Liberty que desarrolló Colombo con tanta fantasía, parece no haber entusiasmado mucho a los residentes de la zona de Recoleta y Barrio Norte, donde no realizó ninguna obra. Todas ellas parecen estar circunscriptas a las zonas céntricas, a Congreso, Abasto y fundamentalmente, vinculadas a los altos referentes de la colectividad italiana. Seguramente la exuberancia de elementos decorativos no era considerada de buen gusto por quienes habitaban las zonas más caras y exclusivas de Buenos Aires, en las que predominaban los palacetes de estilo francés.

Los coloridos vidrios de las puertas, las ornamentaciones que se desarrollan en las paredes y todos los detalles dan cuenta de la infinita minuciosidad del dibujo.

El edificio Grimoldi está dividido en dos mitades simétricas, con entrada principal a las unidades del primer cuerpo, en el 2554 de avenida Corrientes. El frente, realizado en parte imitación piedra oscura y en parte revocado, es en verdad digno de estudio, y de compleja descripción. Así, los balcones del primero y segundo piso aparecen enmarcados en una columnata clásica que se destaca en el extenso frente. En las bases de las columnas, a la altura del cielorraso de la planta baja, parecen rugir cuatro pétreas cabezas de león.

Bajo los ventanales del cuarto piso lucen dos blancos frisos poblados de querubines, mientras que el quinto, si bien participa de los lineamientos generales, tiene un diseño distinto a los cuatro pisos anteriores. Este piso conforma un increíble dúplex con el sexto, y ambos se unen con el segundo cuerpo a través de sendos puentes que atraviesan el primer patio de aire y luz.

Este último piso está algo retirado de la línea de edificación y de las medianeras, posibilitando así terrazas laterales, que otorgan al conjunto una cierta impronta babilónica. Puede vinculárselo, por ese aire de familia, al Palacio de Tribunales, cuya ornamentación estuvo a cargo precisamente de Virginio Colombo.

No se puede dejar de mencionar que el interior de los departamentos es suntuoso: mármoles, piso de roble de Eslavonia, carpintería de cedro, mosaico veneciano y vitraux, son comunes a todos ellos.

Es la estructura de mayores dimensiones realizada por el arquitecto milanés. Posee subsuelo, planta baja y seis pisos en tres cuerpos, cada uno con entrada independiente. Entre el primero y el tercer nivel, hay 19 departamentos chicos (50 m2). En el quinto piso se encuentra el departamento de 500 m2 que fuera la vivienda de los Grimoldi, que es en realidad la primera parte de un dúplex que se completa con toda la planta superior, sexto piso, donde se hallaba el jardín de invierno.

Estos ambientes –que incluían cuartos de huéspedes, biblioteca, salas de lectura y hasta dos patios– pertenecían al primero y segundo cuerpo y están unidos por un puente en forma de herradura.

La entrada principal tiene un cielorraso abovedado de placas de mármol, en tanto que los muros laterales están cubiertos de frisos con motivos clásicos, también de mármol. También en ella podremos ver un grandioso pórtico de madera tallada, con dos cariátides, que da acceso al palier del ascensor, también una pieza de colección, seguramente única en el mundo.

Los patios interiores, lógicamente no pueden ser vistos desde la calle. Los laterales, más pequeños sí, y son observables por quienes se sitúen en la esquina de Paso y Corrientes. Son un modelo de lo que se dio en llamar “futurismo”, evidenciado en las grandes ventanas redondas, y en las aberturas metálicas curvas ornadas de vidrios de colores, de alucinantes diseños.

También, observando el pináculo de la casa, podremos asombrarnos con una torre circular rodeada de rejas que corona con gracia y sutileza el edificio, y desde la cual, por esos años, se podía ver casi todo Buenos Aires.

Hoy sólo molesta un saliente brazo metálico, como de robot barato, que brota del tercer piso, con el nombre de una popular casa de hamburguesas y papas fritas. Casi una profanación, al igual que las marquesinas que cubren el primer piso y deslucen la totalidad de su frente.

Luego de pasar por varios dueños después de los Grimoldi, en 2004 lo adquirió Daniel Bocchimuzzi, que realizó trabajos en muros agrietados, en la humedad de los techos y en el cambio de cañerías. Modificó baños, puertas y ventanas que no correspondían a la construcción original. Ahora, calcula, están “ajustados a ella en un 99%“. Los departamentos en su totalidad están alquilados como oficinas.

Fuente: http://primerapagina93.blogspot.com.ar/

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