Buenos Aires, 25/11/2017, edición Nº 1837

El Nacional Buenos Aires recuperó su fachada original de 1938

Los frentes del legendario Colegio han vuelto al estado y color que tenían cuando se inauguró y ahora es candidato a convertirse en Monumento Histórico.

(CABA) Creo que nunca lo conocimos así. Los frentes del legendario Colegio Nacional de Buenos Aires sobre las calles Bolívar y Moreno han vuelto casi a su estado y color original, el del año 1938 cuando se inauguró. Desde hace días, cuando me cruzo con algún ex compañero del secundario me cuenta con alegría, sorpresa y con infaltable orgullo lo bien que quedó. Bueno, no hace falta demasiada aclaración, se sabe que la tribu que fuimos al “Cole” somos un tanto insoportables.

La cosa es que después de años de estar cubierto por andamios, la fantástica fachada Beaux Arts reapareció. Sus veredas, ahora niveladas y con bolardos, sus añejas tipas, sus majestuosas escalinatas y ese imponente frente fueron testigos de las primeras declaraciones de amor, de las hoy anacrónicas guerras de huevos que se hacían los días de la “Vuelta Olímpica” y hasta de las corridas de la policía.

Luego de un profundo diagnóstico realizado hace más de 7 años y, como comentó el arquitecto Gustavo de Corral, director de proyecto de la dirección de Construcciones Universitarias, “con el objetivo de preservar el edificio como bien cultural y de respetar todo lo auténtico y original en la medida de lo posible, pero no a costa de la inutilidad” se lanzaron a las tareas.

Por indicación de los especialistas los frentes fueron sometidos a una limpieza general mediante un hidrolavado con agua fría y a una distancia controlada para no erosionar el sustrato del revoque simil piedra original. Se sacaron todos los elementos de fijación de cables, se retiraron el guano y los abundantes nidos de palomas y los infaltables musgos y líquenes propios del paso del tiempo.

Cuidadosamente, con martillos de goma fueron relevando el estado de los revoques, picando las superficies que estaban flojas y reemplazandolas con nuevos revoques que reproducen la granulometría y el color del paramento inicial. Repararon fisuras y grietas con selladores poliuretánicos. Y reconstruyeron las molduras afectadas por desprendimientos, agrietamientos, o erosionado irregular, respetando fielmente sus dibujos.

El basamento recuperó su textura original. ¡Si habrá sufrido pintadas y pegatinas! Esta vez lo hicieron con un hidroarenado a baja presión consiguiendo remover las capas y capas de grafittis que ocultaban las eternas placas de granito gris.

También las carpinterías metálicas, de madera y la herrería entraron en terapia intensiva. Las hojas verticales y las banderolas de madera de balcones y ventanas fueron retiradas y lavadas a fondo. Los postigones metálicos, arenados. Y ajustando y reemplazando las piezas en mal estado, consiguieron que las aberturas luzcan como nuevas.

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Hace unos años me pasó algo interesante. En 2006 fui a filmar lo que era el Correo Central, cuando se anunció que se lo transformaría en el Centro Cultural del Bicentenario, hoy rebautizado Centro Cultural Kirchner. Al enfocar detalles del edificio, la lente de la cámara me devolvió imágenes que me sonaban familiares. Ahí caí en la cuenta que tanto este Palacio de Correos y Telecomunicaciones como también el Palacio de Tribunales y el Buenos Aires son obras del mismo arquitecto, el francés Norbert August Maillart. Y lo familiar entre estas obras es que como en muchas otras disciplinas hay cosas que son el ADN del autor. Un poco pueden ser las proporciones que maneja, otro puede ser la paleta de materiales, las formas y hasta la reproducción de detalles como pueden ser los de una escalera, una baranda, un nicho o un zócalo. Alguna vez escuché de un crítico de pintura decir que una de las técnicas para descubrir la autoría de un retrato (el llamado Método indiciario de Morelli) era comparar el dibujo interior de la oreja, un lugar donde el artista probablemente no pusiera demasiado énfasis creativo, y repitiera la misma solución en distintas obras casi por default.

Al legendario colegio, todavía le faltan algunos arreglos. La siguiente etapa que comenzará en un mes incluirá la reparación de los remates y cubiertas tipo mansarda ubicados sobre las azoteas y la restauración del revestimiento de pizarras, maderamen y ornamentos de zinc, entre otras cosas.

El arquitecto Jaime Sorin, presidente de la Comisión Nacional de Museos, Monumentos y Lugares Históricos cuenta que tienen la intención de declarar al Colegio como Monumento Histórico Nacional (MHN). En la actualidad tiene la categoría de “Lugar Histórico” desde 1943, a solicitud del entonces Rector de la Universidad. En 1981 se refirmó la declaratoria de “Lugar” para toda la Manzana de la Luces y se amplió a la de MHN para todas las edificaciones de la Manzana excepto el Colegio. Ahora Sorin asegura: “No encontramos razones para esta excepción y por esto es que estamos preparando la declaratoria particular”.

Hace años mi hija me dijo: “Pa, yo no voy a ir ni loca a tu colegio… ¡Esos baños!” La historia es que habíamos ido a un acto en el cual entregaban distinciones a ex alumnos: uno, al arquitecto Mario Roberto Alvarez; otro, a mi hermano, su tío Julio, por sus descubrimientos en la lucha contra el HIV. Aprovechamos a recorrer el edificio: el imponente salón de actos con su órgano, los increíbles halles que llevan a los claustros, las monumentales escaleras blancas de mármol de Carrara, esas aulas de gran altura, con pupitres de los de antes y pizarrones guillotina.

Pero cuando atravesó las puertas vaivén verdes para entrar al baño, el castillo de cristal se derrumbó. Todavía tenían inodoros a la turca, esos donde para hacer uno y dos hay que hacer equilibrio. La nena me fue al Pelle… Igual estoy contento y orgulloso, pero que no se enteren mis compañeros.

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Fuente: Clarín

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