Buenos Aires, 18/11/2017, edición Nº 1830

El músico que brilla en una estación de la línea B

Popular entre los usuarios del subte, Walter Moore canta y toca la guitarra en la estación Carlos Pellegrini, una de las más abandonadas de toda la red porteña. (CABA) Los acordes de su guitarra parecen mitigar el ruidoso ir y venir de los subtes. Las melodías en inglés, de los años 70, atrapan a la mayoría. En el vértigo de un lugar de paso, por donde transitan unas 120.000 personas...

Popular entre los usuarios del subte, Walter Moore canta y toca la guitarra en la estación Carlos Pellegrini, una de las más abandonadas de toda la red porteña.

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(CABA) Los acordes de su guitarra parecen mitigar el ruidoso ir y venir de los subtes. Las melodías en inglés, de los años 70, atrapan a la mayoría. En el vértigo de un lugar de paso, por donde transitan unas 120.000 personas por día, los usuarios se hacen una pausa para escucharlo bien de cerca, en la estación Carlos Pellegrini de la línea B. Este crack desconocido -o no tanto- se llama Walter Moore. Hace dos años se hizo popular cuando sus videos (hace click acá para mirarlos) fueron subidos a YouTube, pero desde 2008 su particular voz se popularizó en los andenes.

Hoy, a los 46 años, Moore dice que el subte es el escenario “más importante de su vida”, y hasta lo iguala con el mítico Luna Park. Este hombre de contextura delgada, trato muy ameno y que ya peina algunas canas, fue taxista, remisero y oficinista. Hasta que un día, con cierta timidez, cambió su tediosa rutina para ganarse la vida tocando la guitarra en el transporte público porteño.

Su debut oficial fue en el tren Urquiza. Allí recaló con un músico amigo. Tal vez nunca olvide aquella primera vez: dice que le dio tanta vergüenza que debió interrumpir el tema para bajarse del tren y marcharse a su casa.
Pero luego llegó al subte como solista. Y allí encontró su lugar, en una de las estaciones más abandonadas de toda la red porteña, donde, incluso, algunos descuidados orinan en los recovecos del andén central. Moore compró un amplificador y en sus recitales usa auriculares para abstraerse del traqueteo de los trenes con las vías. Es más: si desde los altoparlantes anuncian alguna demora entre una formación y otra -en la Argentina, a veces ocurre-, hasta puede llegar a ser una buena noticia.

El virtuoso guitarrista se popularizó entre los pasajeros que circulan por allí por una única razón: es muy bueno en lo que hace. La gente le compra sus CD a 15 pesos y las propinas que recibe desconocen la compasión; vienen de la mano del reconocimiento. No es poca cosa semejante premio para los artistas, más allá del dinero que necesitan para vivir.

Si bien Moore recorrió el país con presentaciones privadas, siempre vuelve a tocar en la estación Carlos Pellegrini, su Luna Park. El que lo sacó del taxi, del remis y de la odiada oficina.

 

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