Buenos Aires, 18/12/2017, edición Nº 1860

El museo de Evita rompe récords de visitas

A la cabeza del ranking de popularidad, el Museo Evita concentra el 25,4 de preferencias de turistas nativos y extranjeros, según la encuesta realizada por el Ente de Turismo de Buenos Aires. El resultado tiene su lógica. No hay en el imaginario colectivo una imagen más icónica y fascinante que la de Eva Perón y el museo cumple las expectativas al presentar un guión curatorial “biográfico”. En Lafinur 2988, el...

A la cabeza del ranking de popularidad, el Museo Evita concentra el 25,4 de preferencias de turistas nativos y extranjeros, según la encuesta realizada por el Ente de Turismo de Buenos Aires. El resultado tiene su lógica. No hay en el imaginario colectivo una imagen más icónica y fascinante que la de Eva Perón y el museo cumple las expectativas al presentar un guión curatorial “biográfico”. En Lafinur 2988, el Museo recorre la vida de Eva de una manera circular: comienza y termina con la muerte de la mujer que alcanzó la cima de la popularidad sin haber tenido jamás un cargo público. En el recorrido se advierte de qué manera construyó la imagen legendaria. Desde el origen marginal de la chica de pueblo, hija natural, encandilada con las luces de la ciudad -como la Ramona de Berni- hasta el balcón de las multitudes.

En 2005, durante una vista al Bowers Museum de Los Angeles -donde se exhibían 50 objetos de la colección del museo por iniciativa del sagaz Luis Kreckler y de Cristina Alvarez Rodríguez, sobrina nieta de Eva y entonces directora del museo-, Cristina Kirchner recordó a “las dos Evita, la de las galas del Colón y la del rodete y el micrófono.

La colección de sus vestidos lo confirma. Está el tailleur con el que asistió a la apertura de la rama femenina del partido diseñado por Luis Agostino, antes de que la gira europea del Arco Iris y los consejos de Lidia Lagormasino la acercaran al mundo de la haute couture parisina. En el Museo Evita se suceden los modelos de Jacques Fath, Givenchy, Rochas y Dior. Es de Rochas el estricto vestido negro adornado con una rosa roja con el que el posa para la tapa de La razón de mi vida y de Dior el strapless blanco de seda y tul que vistió Evita para la gala del Colón el 9 de julio de 1950.

En la maison Dior de París, Evita tenía un maniquí con sus medidas, privilegio que compartía con Dulce Liberal de Martínez de Hoz, ambas serían clientas en Buenos Aires de la célebre Paula Naletoff, una emigrada rusa exquisita, gran colorista como Elsa Schiaparelli.

Creador del museo de Lafinur y Gutiérrez, y de más de diez museos en el país, Gabriel Miremont cree que el mito de Eva tiene un poder de convocatoria imbatible y divide la colección de trajes en dos tramos: antes y después de la gira europea, el camino que va de Paco Jamandreu a Christian Dior. Inaugurado en julio de 2002, a 50 años de la muerte de Eva, el museo ocupa una casa de cuño barroco hispanoamericano con un lindo patio y el atractivo de la cocina gourmet de Ramiro Solís. Con un poco de suerte, se puede conseguir mesa bajo los árboles y disfrutar de la tapenade, especialidad de la casa.

Gentileza La Nación

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