Buenos Aires, 19/09/2017, edición Nº 1770

El ingeniero argentino que trabaja en la NASA brindó una charla didáctica en Tecnópolis

El argentino Miguel San Martín, principal ingeniero de vuelo del robot Curiosity, puesto exitosamente por Estados Unidos en Marte hace un mes, cerró una didáctica exposición en Tecnópolis. (Ciudad de Buenos Aires) Su emoción y el entusiasmo con que lo aplaudieron las más de mil personas que colmaron la Nave de la Ciencia, en la feria, fueron el contundente mensaje de estímulo de las vocaciones científicas y tecnológicas que, más allá...

El argentino Miguel San Martín, principal ingeniero de vuelo del robot Curiosity, puesto exitosamente por Estados Unidos en Marte hace un mes, cerró una didáctica exposición en Tecnópolis.

ingeniero-argentino-nasa-tecnopolis-parabuenosaires.com

(Ciudad de Buenos Aires) Su emoción y el entusiasmo con que lo aplaudieron las más de mil personas que colmaron la Nave de la Ciencia, en la feria, fueron el contundente mensaje de estímulo de las vocaciones científicas y tecnológicas que, más allá de las palabras, emitió su conferencia.

Se cumplía así el objetivo señalado por el ministro de Ciencia, Tecnología e Innovación Productiva, Lino Barañao, al hacer la presentación: “Tecnópolis es una herramienta muy útil para promover vocaciones, para promover el entusiasmo en la formación científica y tecnológica”.

También expuso la estadounidense Ellen Baker, astronauta veterana de tres misiones espaciales. “Geóloga, médica y madre -la presentó Barañao- porque las carreras científico-tecnológicas no son incompatibles con la vida familiar”.

San Martín describió con fotos y videos en pantalla gigante el exitoso viaje de más de ocho meses del Curiosity hasta el Planeta Rojo, especialmente sus críticos últimos momentos, que denominó como “los siete minutos de terror”, debido a los muchos procesos que debían cumplirse de modo automático, sin ensayo previo.

Explicó que los científicos tienen pruebas suficientes para afirmar que en otra época Marte fue un planeta cálido y húmedo como la Tierra, y que el propósito de la misión es determinar si llegó a aparecer la vida o si al menos se habían dado en algún momento las condiciones ambientales necesarias para ello.

Describió luego las dificultades que debieron vencer los ingenieros para que el aparato, del tamaño de un automóvil y 900 kilos de peso, desacelerara de más de 20.000 kilómetros por hora a cero, y la inutilidad de los sistemas de misiones anteriores, que llevaron artefactos mucho más pequeños.

Pese a todo, el 6 de agosto pasado, entre los 125 y los 10 kilómetros de altura sobre Marte, la velocidad de la cápsula que lo transportaba desaceleró en cuatro minutos a 1500 kilómetros por hora, por efecto de la fricción con la tenue atmósfera, con la protección de una coraza térmica.

Luego, se desprendió la coraza y se abrió el paracaídas por los siguientes dos minutos. “Tenía 25 metros de diámetro y media cuadra de largo”, explicó.

Finalmente, a 1,8 kilómetros de la superficie, se encendieron los retrocohetes que dejaron el transporte suspendido a 30 metros del suelo, como un helicóptero. Desde allí, bajó al Curiosity con cuerdas, como una grúa, lo desenganchó y luego, cumplida su misión, fue a estrellarse a un lado, como había sido previsto.

Así, tras viajar 565 millones de kilómetros, el Curiosity se posó con apenas 2,2 kilómetros de error respecto del centro de una amplia área definida como óptima para hacer su trabajo, entre el borde del cráter Gale y el monte de cinco kilómetros de altura que se erige en el centro de esa depresión de impacto y que será objeto de la exploración.

Como resumen, un video mostró “los siete minutos de terror”, cómo se fueron cumpliendo paso a paso las operaciones, ante la mirada expectante de los científicos, San Martín incluido, en el control de vuelo de Pasadena, y de otros auditorios, y el estallido de alegría cuando culminó.

Aunque lo habrá visto infinidad de veces, San Martín apenas pudo articular un agradecimiento final a los asistentes, que lo premiaron con un aplauso cálido.

El disertante nació hace 53 años en el seno de una familia de chacareros de la rionegrina Villa Regina y es hincha de Estudiantes, según hizo notar alguien desde la platea.

Decenas de personas quisieron saludarlo y sacarse fotos con él, ante la mirada complacida de la embajadora de los Estados Unidos, Vilma Martínez; el secretario general de la Presidencia, Oscar Parrilli, y el presidente del Conicet, Roberto Salvarezza.(Télam)

Comentarios

Ingresa tu comentario