Buenos Aires, 24/06/2017

El histórico mirador Comastri de Chacarita se prepara para volver a relucir

Con su característica cúpula vidriada, fue inaugurado en 1875. Tras muchos años de abandono, la Ciudad empezó a restaurarlo.

(CABA) Escondida en lo alto en el barrio de Chacarita se asoma una singular estructura de vidrio. Está emplazada casi en el centro de una manzana, como si desde allí custodiara lo que ocurre a su alrededor. Hace más de 140 años que el mirador Comastri, declarado patrimonio de la ciudad, sobresale en la zona, pero en los últimos años había perdido su encanto. Estaba abandonado a su suerte. Después de una incansable lucha de vecinos y algunos descendientes del ex propietario, el edificio se prepara para volver a relucir y ser otra vez parte de la historia porteña.

Porque cuando todavía la ciudad de Buenos Aires no era lo que es hoy, el inmueble que culmina con el mirador era el casco de una extensa quinta donde predominaban los terrenos llanos. Alrededor de Loyola y Bonpland, donde actualmente surge tímida la cúpula entre la frondosa vegetación, todavía no había rastros del barrio de Chacarita que conocemos. Era un espacio rural, sin avenidas ni edificios. Y en esa vieja casona, allá por fines del siglo XIX, vivía Agustín Comastri junto a sus 10 hijos.

La construcción del inmueble estuvo a cargo del arquitecto y pintor Eugenio Biagini, que se inspiró en el estilo renacentista italiano para darle vida al mirador. La casa familiar, caracterizada por su simetría, se convirtió en un centro político y social que recibió a destacadas personalidades de la época. Fue visitado por los presidentes Nicolás Avellaneda, Carlos Pellegrini, Luis María Campos y Bartolomé Mitre. En 1893 fue el escondite de Hipólito Yrigoyen durante la llamada “revolución radical”.

Luego de la muerte de Agustín Comastri, los herederos vendieron la propiedad al Estado. Y el predio tuvo un uso educativo: albergó a niños con dificultades motrices y se transformó en una residencia universitaria. En los años 90, pasó a depender del Ministerio de Educación porteño. Actualmente, ocupa la manzana de Loyola, Bonpland, Aguirre y Fitz Roy junto a una escuela técnica.

Catalogación
En 2004, el mirador fue catalogado por ley como área de protección histórica y se lo declaró espacio de interés cultural cuya estructura debía ser respetada. “Pero por años el edificio permaneció cerrado, ya que no era mantenido y podía ser peligroso -explicó a La Nación Raúl Comastri, uno de los tataranietos del pionero del lugar-. Es más: hace unos 10 años parte de la planta baja se derrumbó. Es una pena. Es uno de los pocos inmuebles rurales que quedan en la ciudad.” Sin el respectivo mantenimiento, la cúpula perdió parte de los paneles de vidrio, la estructura comenzó a filtrar agua y parte de la fachada se descascaró.

A través del Ministerio de Desarrollo Urbano y Transporte porteño, la Ciudad llamó a licitación para comenzar las tan postergadas tareas de restauración del mirador, que, según estimaron las fuentes consultadas, podrían quedar terminadas el próximo septiembre. Este mes se inició la tercera y última etapa de la puesta en valor del histórico inmueble del siglo XIX. La intervención comprende la consolidación de las paredes en las salas de la planta baja y el primer piso y la colocación de nuevas losas. También incluye la instalación eléctrica y de calefacción en todas las habitaciones.

Durante los primeros trabajos, se hizo hincapié en la denominada consolidación del edificio y se realizó la reconstrucción parcial e impermeabilización de todas las cubiertas del inmueble, así como la eliminación de la vegetación invasiva. Se incluyó el depósito de piezas de valor patrimonial que se encontraban desprendidas de su soporte de origen para su resguardo, hasta el momento en que se realizara la intervención integral.

La segunda etapa incluyó la restauración de revoques exteriores, trabajos de carpintería y herrería externa y la restauración de la cúpula del mirador y de su acceso interno, entre otros trabajos.

Sobrevivir al tiempo
“Pensar la ciudad que queremos implica recuperar aquellos tesoros que han sobrevivido al tiempo y sus inclemencias, y que son testigos y protagonistas de nuestra historia. El mirador Comastri es un ejemplo: los vecinos de Chacarita merecían conocerlo en su esplendor, y las tareas de revalorización que llevamos adelante le van a permitir brillar como en sus mejores épocas”, dijo Franco Moccia, ministro de Desarrollo Urbano y Transporte de la ciudad.

Desde la Junta de Estudios Históricos de Chacarita y Colegiales celebraron estas obras. José Crivelli, su presidente, destacó: “Se trata del segundo mirador que tiene la ciudad y no podía estar en ese estado deplorable“. Tanto la junta como parte de la comunidad vecinal y el tataranieto de Comastri indicaron que les gustaría que este lugar fuera un centro cultural, que integrara la divulgación de la historia con otras actividades. Aún no está definido cuál será el uso del mirador. NR


Fuente: La Nación

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