Buenos Aires, 25/05/2017

El fundador del MALBA pagó US$ 15,7 millones por una obra de Diego Rivera

Costantini pagó el récord de US$ 15,7 millones por un Rivera muy codiciado

(CABA) La obra había fascinado a Eduardo Costantini con sólo mirar el catálogo de la venta en 1995. Entonces era un coleccionista centrado en el arte latinoamericano, pero no tenía en mente, ni por asomo, la creación de un museo. Tomó el avión a Nueva York para estar en la sala el día de la venta, recorrió la exposición en compañía del experto Augusto Uribe, se detuvo frente al cuadro -más chico de lo que imaginaba, pero de calidad sublime- y supo entonces que el Frida sería suyo. Solamente se interponía entre ambos una pintura, de Diego Rivera, que lo fascinaba por igual.

De la misma procedencia que el autorretrato, la colección de IBM, Baile de Tehuantepec era una tela de gran tamaño (2,007 x 1,63,8), obviamente destinada al casillero de los récords, con la fuerza y el colorido del gran muralista, sólo que sobre la tela, algo infrecuente en su producción. Es, sin duda, junto con Vendedora de alcatraces, uno de los lienzos más imponentes que Rivera pintó en su vida.

Qué dilema para el coleccionista. No podía comprar las dos obras. La suma excedía largamente su presupuesto, así que renunció al segundo y fue por el Frida. Peleó en la subasta la pintura de pequeño tamaño y poderosa fuerza hasta pagar por ella tres millones de dólares, precio que por años fue el más caro por un artista latinoamericano, y récord de Kahlo.

Hasta aquí llega la historia que alguna vez compartió Costantini. Confió que le había quedado la espina del “Rivera perdido”, obra que nunca más apareció en un remate ni fue exhibida en público. El comprador, se supo después, había sido el empresario Seagram, el mismo del edificio imponente que el arquitecto Mies van de Rohe diseñó en el corazón de Manhattan.

Costantini siguió comprando. Fundó el Malba en 2001 y nunca supo nada del colorido baile de mujeres con huipiles y pelo trenzado hasta hace dos semanas. Era domingo por la noche cuando recibió una llamada desde la Gran Manzana. Era Augusto Uribe, aquel experto de Sotheby’s que hacía 21 años había rematado el Frida hoy colgado en el Malba y que ahora es deputy chairman de la rematadora Philips. Uribe conocía el secreto del “Rivera perdido” por Costantini y al tener el cuadro entre sus manos no dudó en marcar el número argentino. Se trataba de una venta privada, encargada por el heredero de la familia Seagram, y tenía una lista de quince candidatos. El primero estaba acá.

La noticia fue tan grande como el precio del cuadro, que en dos décadas se había multiplicado cinco veces, como ocurre con los valores del mercado de arte cuando las obras tienen calidad museo. “Dos veces no se pierde una oportunidad”, pensó Costantini, antes de acordar el valor y cerrar la operación en 15,7 millones de dólares. NT

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