Buenos Aires, 21/10/2017, edición Nº 1802

El fundador de Tarjeta Naranja habla sobre los créditos en la economía actual

Entrevista con David Ruda, el dueño de Tarjeta Naranja, que, con 8 millones de plásticos, es la más importante del país después de Visa.

(CABA) El cordobés David Ruda, dueño de Tarjeta Naranja –que, con 8 millones de plásticos, es la más importante del país después de Visa– acaba de inaugurar una nueva sede corporativa de su firma en la capital mediterránea, con una inversión de $ 300 millones y diseñada por el mismo estudio que hizo el MALBA. El empresario es propietario del 20% de la firma junto con su socio Gerardo Asrin, con el que hicieron juntos el profesorado de Educación Física. El otro socio es el Banco Galicia, que posee el 80%.

Ruda es crítico con la actual situación del país. “Vivimos como en una isla, hay cosas que en otros lugares se hacen tan fácilmente y acá no. No hay mal que dure 100 años. En algún momento vamos a tener que reaccionar”, dice. La alta inflación suele resultar un incentivo para la venta a crédito. “En la cabeza del consumidor, la cuota que paga hoy, dentro de 4, 8 o 10 meses, va a ser muy chica. Eso lo lleva a una bicicleta. El sistema todavía cierra. Pero los precios están en general inflados”, define. “Un banco es exitoso si coloca un bono al 29%. Pero si yo consigo plata al 30%, a cuánto la tengo que prestar a un cliente. Es de locos …”, cuestiona. Ruda, que de profesor de educación física pasó a dueño de una casa de deportes con 7 sucursales y de allí al crédito, respondió las preguntas de Clarín.

¿Cómo está su sector, el financiamiento y las tarjetas?
La gente tiene necesidades y, para cubrirlas, la única posibilidad que tiene es con crédito. Todo el mundo sabe que es un crédito caro, pero es la única posibilidad que tiene. En nuestro caso, hay muchas cosas de expansión en sucursales que no pudimos concretar. Podríamos generar mayor crecimiento y usuarios, pero mientras no podamos ofrecer tasas razonables, eso nos frena. Necesitaríamos que Argentina se integre a los mercados para conseguir plata. Me da la sensación de que podríamos ser diferentes.

Tarjeta Naranja factura entre $ 5.500 y 6.000 millones, con un resultado de $ 620 millones. No parece irles mal.
Mis amigos me dicen “a vos te va muy bien”. Pero ¿qué tiene que ver que a mí me vaya muy bien? Todo la vida me fue muy bien, cuando era docente, vivía bien. Pero lo que no me va muy bien es que, cuando subo al auto, además del cinturón, me tengo que asegurar de que no me asalten, que no me rompan el vidrio, que no encuentren gente en la calle tirada, borracha o pidiendo, ahí no me va muy bien, no puedo salir a la calle con un reloj valioso. Eso no es ir bien.

Si tuviera que definir la situación del país, ¿cómo diría que estamos?
Estamos muy estancados y atrasados. En educación, como sociedad, tenemos jirones de adelantos de genialidades en medicina, cultura, nuestros genios dando vuelta por el mundo pero no logramos una sociedad suficientemente abastecida de dinero para trabajar. Las escuelas primarias tienen maestros que cobran mal, se preparan mal. Es el tema número uno.

Su expansión se inicia en Córdoba. ¿Cómo están las economías regionales?
No tenemos producción suficiente ni alentada. No tenemos buenas leyes para eso. No tenemos trenes para transportar, lo único que nos falta es sacar las vacas caminando. Estamos desperdiciando las oportunidades de sacar productos de gran valor agregado para suplir las necesidades de cada uno de los países, ya sea Israel, Estados Unidos, China. Podríamos venderles a los chinos lo que ellos quisieran, envasadito, terminadito, y no lo hacemos.

¿Avizora cambios?
Estamos desperdiciando muchas oportunidades. Las leyes y los programas políticos y sociales no se adecúan al momento, vivimos como en una isla. Esto tiene que cambiar. En algún momento, el mundo nos va a exigir que produzcamos y exportemos porque de lo contrario vamos a terminar llenos de americanos o chinos que van a tener que comprar las tierras y producir, porque el mundo va a necesitar alimentos. Nosotros tenemos cómo hacerlo, pero no lo hacemos.

david ruda

Fuente: Clarín

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