Buenos Aires, 25/05/2017

El fracaso argentino

Un análisis de lo que refleja el enojo de quedar en segundo lugar en la Copa América

(CABA) Difícilmente haya otro país donde el fútbol represente tanto la cultura de un país como en la Argentina. Esa mezcla de pasión y locura que rozan lo enfermo, que nos enceguece y que por momentos nos hace ver la vida a través de una pelota. Ese fanatismo extremo y ese nacionalismo barato de creernos superiores, de pensar que por el solo hecho de haber nacido en estas tierras somos una raza superior, casi imbatible. Es como un síndrome que tarde o temprano a todos nos ataca, y que por lo general empeora con los años.

Nos acostumbramos a encontrar culpables, a desligarnos siempre de la responsabilidad. Pero no solo en el fútbol, en la vida también, lo hacemos todos los días. Odiamos estar equivocados, y ni que hablar de tener que darle la razón a otro. Nos pasamos las horas buscando a un Messi para caerle con todo el peso de la crítica infundada, absurda y ridícula, pero que nos libera del fracaso propio, que nos despega de la derrota que ya no es nuestra, sino de ellos. Hoy es Messi, ayer fue Cristina, mañana será Macri, en Wimbledon será Del Potro, y cuando el nene desapruebe un examen será el maestro. Porque eso hacemos los mediocres, buscar culpables para no cargar con los errores propios. Y esta sociedad hace años que camina por una línea recta que nos lleva directo a eso, a la mediocridad, al peor de los males en el cual puede caer una persona.

Nos molesta ser segundo, y es algo totalmente lógico, nadie se alegra por perder una final. El problema es que todos los días perdemos finales más importantes y a nadie le preocupa. Nos encargamos de chocar un país cada vez que podemos, pero lo único que hacemos es echarle la culpa al gobierno de turno. No significa que no haya culpables, siempre los habrá en sus diferentes medidas. Pero con eso no solucionamos nada, no salimos de la mediocridad en la que estamos inmersos. Dejemos de buscar a los Messi para descargar nuestra frustración, y pasemos a trabajar por ser los nuevos Messi. No seamos parte de un nuevo fracaso, no contribuyamos a que ese fracaso vuelva a llegar. Sigamos intentando ser mejores, pero con los pies en la tierra y no creyéndonos superior a nadie. Y cuando encuentres uno mejor que vos en lo que sea que esa persona haga, disfrutalo y tratá de aprender. NT

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