¿El fin de las tribus urbanas en Buenos Aires?

Si bien muchos grupos adolescentes se reúnen en plazas y lugares públicos, realizan determinadas actividades y visten particulares prendas, muchos de ellos no quieren ser catalogados como pertenecientes a una tribu urbana

(CABA) Cada vez son más los jóvenes que no quieren ser rotulados como miembros a alguna tribu urbana específica. Son, en su mayoría, adolescentes de entre 12 y 18 años, que ya no viven la clásica rivalidad que existía entre grupos hasta hace unos años. A mediados de 2008 las tribus urbanas se habían viralizado en todo Buenos Aires; góticos, cumbieros, emos, gamers, flogger. Todos con sus características y costumbres particulares. Ahora, en cambio, prefieren armarse su propio estilo o “look” en base a gustos personales, mezclando un poco de todo. De todas maneras, siguen habiendo nombres específicos para cada forma de vestir y actuar; “Están los emo, los otaku (fanáticos del animé), los góticos, metaleros, rockeros, punks,tomboys (hombres o mujeres heterosexuales que se visten del sexo opuesto), traceurs(los que hacen parkour), cosplayers (se caracterizan como personajes de cómics, cine, anime, manga y videojuegos) y hasta algunos floggers”, explica uno de los chicos.

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Muchos se se encuentran frente al Palacio Pizzurno, en las esquinas de Marcelo T. de Alvear y Rodríguez Peña, en el barrio de Recoleta. Todos los sábados, después del mediodía, llegan desde distintos puntos, sobre todo de zona sur, un centenar de chicos de entre 12 y 18 años. Las actividades van desde hacer un picnic y tomar cervezas hasta pasear por la mítica galería Bond Street. Algunos ofrecen cortes de pelo o perforaciones de piercingsa un precio bastante más bajo que el del mercado. Otros aprovechan el hecho de estar lejos de la supervisión de sus padres para experimentar con distintas drogas. Las más comunes son marihuana o ácido, que se pueden comprar en la plaza misma.

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Sin embargo, hay otra plaza que llega hasta la avenida Callao, pero allí las cosas son muy distintas. Se llena de familias que llevan a sus hijos a los juegos, parejas que se tiran a tomar sol y dueños con sus perros. Poco se enteran de lo que sucede de la vereda opuesta y viceversa, divididos por una calle, cada grupo vive separado. Por lo tanto sigue habiendo un “choque” de estilos de vida y costumbres, lo cual nos podría llevar a pensar si esas costumbres diferentes que tienen estos jóvenes (extrañas para muchas personas) no los sigue atando al concepto de “tribu”. NT