Buenos Aires, 25/09/2017, edición Nº 1776

El día a día de los chicos con alto coeficiente intelectual

Los menores con altas capacidades representan el 5% de la población, según el censo 2010. 

(CABA) En el país el 5% de la población posee Alta Capacidad Intelectual, según el censo 2010. Por caso, Marcos Daniel Puntureiro (14) adora la batería desde los 2 años y a los 4 ya tocaba como adulto. Natasha Binder, a los 15, ya es pianista consumada: sus manos vuelan con Mozart. Marian Camarusti (16) es la escritora de la historia principal de un juego de rol masivo. Lucciano Pizzichini (15) toca la guitarra desde los 2 y lleva más de 300 presentaciones en público. Eliana Mendieta Wertepovicz (15) estudia Abogacía en la Universidad Católica de Santa Fe. Pero un altísimo porcentaje jamás será detectado. Incluso presentarán bajo rendimiento escolar, se aburrirán en clases, discutirán con sus maestros, se mostrarán inestables, depresivos o hiperactivos. Hay que estar atentos para descubrirlos y ayudarlos.

Imaginen que están perdidos”- Santiago Aranguri (14) tiene una preocupación grave: las personas perdidas. Por eso, a los 12 creó un sitio y una aplicación para celulares con sistema de localización móvil donde los familiares puedan hallarlas. “No sabía por dónde empezar, pero empecé”, dice. Como usa la computadora desde los 5, tomó ese camino. La ONG Personas Perdidas, de Red Solidaria, ya implementa su sistema. Santiago planea que llegue a otros países “para que cuando se pierda una persona, se la encuentre rápido”. Ha obtenido premios nacionales e internacionales. Va a la escuela, participa de olimpíadas de matemática e informática, anda en bici, lleva su lista virtual de asuntos pendientes y lee. Mucho.

Alas en los pies. “Pies ‘pa que te quiero si tengo alas para volar”, decía Frida Khalo. Jazmín Gude (14) tiene pies y alas, baila desde los 3 años y va a la escuela por Internet. Porque ensaya entre 8 y 9 horas diarias. Vive en Buenos Aires, hace una dieta rica en proteínas, vegetales y legumbres y tiene poco tiempo para pasear. Entra a las 7 de la mañana al Teatro Colón, donde cursa 6to año de Danzas. Lleva varias medallas de oro en su haber; estuvo becada en 2013 estudiando ballet en Nueva York y en 2014 en Mónaco. Quiere “llegar con la danza lo más alto que pueda”.

El correcaminos. Es tricampeón argentino de automovilismo y fue en 2013 tercero a nivel mundial, en Abu Dhabi. Kevin Felippo (15) corrió en karting de los 8 a los 14. Ahora entrena en fórmula tanto en simuladores como en pista. Para 2016 confía en lanzar su carrera  internacional en Inglaterra. Va a la escuela, al gym, sale con amigos, hace pruebas de clasificación los sábados y carreras los domingos. Muere por las pizzas y las milanesas, pero su nutricionista le preparó una dieta estricta.  A los 10, fue convocado por Ferrari. Quiere llegar a la Fórmula 1. Pero necesita 150 mil euros para probarse en Europa. Sponsors, anotarse.

Con la música en las manos.  Federica Aramburo (12), hincha de River, vive en Gualeguaychú y es la mayor de tres hermanos. Su talento está en sus manos y en su alma cuando se hace una con el arco del violín. Se ha presentado ya en teatros, sueña con estudiar Dirección de Orquesta en Córdoba y pasar luego a Italia. Está en pie a las 6 para ir al colegio, se junta con amigas, va a inglés, está leyendo a Ana Frank, adora a Pink Floyd y al Indio Solari. Practica dos horas diarias y viaja todos los sábados 70 km para tomar clases de violín.

No molestar: genio estudiando. Si uno se cruza en el potrero a Kouichi Cruz (15) no se da cuenta de que está frente a un genio a punto de recibirse en octubre de licenciado en Ciencias de la Computación, una de las tres carreras que estudia en la Universidad Nacional de Córdoba (UNC), además de Ciencias Económicas e Informática. Su coeficiente intelectual es de 145. Cuando nació, sus papás, practicantes budistas, esperaron tres meses que desde Japón les enviaran el nombre para su hijo: Kouichi, que significa “genio, guía, número uno, brillante único”. Terminó el secundario a los 12; habla siete idiomas: inglés, francés, italiano, alemán, latín y japonés, además de español. A los 3 años leía de corrido. Pero eso no lo deslumbra. Solo quiere estudiar, jugar tenis, estar con sus amigos y leer a Gaturro y Condorito. “Necesitamos una entrevista con Kouichi”, propuso Clarín a su tía y tutora, Alejandra Pérez Lucero. “Disculpen, no va a hablar con la prensa hasta que se reciba en octubre. No queremos molestarlo”, se excusó ella. Los genios no deben ser molestados.

De la 31 a la gloria. Dylan Reales ya tiene 11 y sigue tras su sueño, ese que nació en los pasillos de la Villa 31: “Abuelo, yo quiero jugar al golf”. Entrena seis veces por semana y en el último mes ganó dos torneos. Y además, sigue con buenas notas en la primaria. “El estudio y el deporte son mis prioridades”, dice.

Justo a mí me tocó ser yo. Lo diría, como la célebre y recordada Mafalda, cualquier niño con capacidades fuera de lo común. Que conoce temas inusuales para su edad, que son críticos, que se aburren fácilmente, que manejan vocabulario de adulto, que buscan saber sobre el cómo y el porqué de las cosas, que tienen juicios de gran sentido común. Sus amigos los ven como diferentes, algunos se burlan y hasta los maestros –la gran mayoría, según los especialistas– les dicen que preguntan demasiado y que tienen  “síndrome de intensidad”. Por eso padres, psicopedagogos, médicos y psicólogos insisten: que un niño sea superdotado o prodigio se vive, más que como una virtud, como una problemática que debe ser resuelta.

coefiente intelectual

Fuente: Clarín.

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