Buenos Aires, 22/11/2017, edición Nº 1834

El dar espacio a los niños estimula su creatividad

Según estudios la creatividad es fácil de coartar y al limitar las reglas, los padres fomentan que los niños piensen por sí mismos

(CABA) Los niños prodigio rara vez se convierten en genios adultos que cambian el mundo. Damos por hecho que carecen de las habilidades sociales y emocionales que permiten vivir en sociedad. Esta explicación no es suficiente si nos remitimos a las pruebas: menos de una cuarta parte de los niños dotados tienen problemas emocionales o sociales. La gran mayoría de ellos están bien adaptados; son tan buenos para la fiesta como para la escuela.

Lo que los frena es que no aprenden a ser originales; luchan por ganarse la aprobación de sus padres y la admiración de sus maestros. Sucede algo inesperado: la práctica los hace perfectos pero no innovadores. Las personas dotadas para la música aprenden a interpretar las magníficas melodías de Mozart, pero casi nunca compone melodías originales. Concentran su energía en adquirir conocimiento científico pero no en producir nuevos hallazgos. Se conforman con reglas ya codificadas, en lugar de inventar las suyas. La investigación sugiere que los niños más creativos son los menos propensos a ser los consentidos del profesor y, en respuesta, muchos aprenden a callar sus ideas originales.

En la madurez, muchos niños prodigio se vuelven expertos en sus campos o líderes de sus organizaciones. Sin embargo, “solo unos pocos acaban por convertirse en creadores revolucionarios”, se lamenta la psicóloga Ellen Winner. “Los que lo logran deben pasar por una dolorosa transición” a la vida adulta que “en última instancia los lleva a rehacer un ámbito del conocimiento”.

La mayoría de los niños prodigio nunca logra dar ese salto. Utilizan sus capacidades extraordinarias para sobresalir en sus empleos, pero sin aspavientos. Se convierten en doctores que sanan a sus pacientes pero no luchan por mejorar el sistema sanitario o en abogados que defienden a sus clientes de acusaciones injustas pero no transforman las leyes.

Entonces ¿qué hace falta para que un niño sea creativo? Un estudio comparó a las familias de niños que se encontraban entre el 5 por ciento más creativo de su sistema educativo con aquellos que no destacaban por su creatividad. Los padres de la mayoría de los niños les ponen un promedio de seis reglas del tipo de horarios específicos para hacer sus tareas o irse a dormir. Los padres de los niños altamente creativos tienen en promedio menos de una regla.

La creatividad puede ser difícil de fomentar pero es fácil de coartar. Al limitar las reglas, los padres fomentan que los niños piensen por sí mismos; hay una tendencia a “que el énfasis esté en los valores morales y no en reglas específicas”, según la psicóloga de Harvard, Teresa Amabile.

Son padres que no hacen que sus hijos “engullan” sus valores. Un grupo de psicólogos comparó a los arquitectos estadounidenses más creativos con un grupo de colegas muy capaces pero poco originales. Había algo único en los padres de los arquitectos creativos: “El énfasis estaba en el desarrollo del código de ética propio”.

Sí, los padres alentaban a sus hijos a buscar la excelencia y el éxito, pero también a “disfrutar su trabajo”. Sus hijos tuvieron la libertad de organizar sus valores y descubrir sus propios intereses. Y eso los ayudó a florecer como adultos creativos.

Las pruebas demuestran que las contribuciones creativas dependen de la amplitud (y no solo de la profundidad) de nuestro conocimiento y experiencia. En la moda, las colecciones más originales provienen de directores que pasan la mayor parte de su tiempo trabajando en el extranjero. En ciencia, ganar un Premio Nobel tiene más que ver con la multidisciplinariedad que con ser un genio monotemático. En lo que respecta a los científicos, es 22 veces más probable que los ganadores del Nobel sean actores, bailarines o magos; 12 veces más probable que escriban poesía, obras de teatro o novelas; siete veces más probable que incursionen en las artes y los oficios, y el doble de probable que toquen un instrumento o compongan música.

Entonces como mensaje a los padres no se puede programar a un niño para que sea creativo. Si tratan de maquinar algún tipo de éxito, lo mejor que obtendrán será un robot ambicioso. Si quieren que sus hijos aporten al mundo ideas originales, necesitan permitir que desarrollen sus pasiones, no las de ustedes. NT

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