Buenos Aires, 17/12/2017, edición Nº 1859

El color de los barrios de la Ciudad

Cada uno tiene su paleta que responde a las necesidades y al espíritu de su gente. (CABA) Hay barrios de Buenos Aires que tienen un color propio. En Barrio Norte, seguramente por ser el más clásico y sobrio, predomina la paleta de los marrones, los tostados, el beige y el negro. La Boca es todo lo contrario, un zafarrancho de color. Algunos creen que es por el espíritu dicharachero de...

Cada uno tiene su paleta que responde a las necesidades y al espíritu de su gente.

barrio norte

(CABA) Hay barrios de Buenos Aires que tienen un color propio. En Barrio Norte, seguramente por ser el más clásico y sobrio, predomina la paleta de los marrones, los tostados, el beige y el negro. La Boca es todo lo contrario, un zafarrancho de color. Algunos creen que es por el espíritu dicharachero de los inmigrantes que lo habitaron pero la historia urbana dice que es porque los vecinos pintaban sus casas con lo que les sobraba de los barcos. Lo cierto es que las diferencias de color tienen que ver no sólo con el alma de los barrios, también con las posibilidades económicas y el uso de uno u otro material.

Pero volvamos a Barrio Norte. Allí abunda en los frentes el revoque beige en su versión más aristocrática, la piedra París. Y en sus zócalos y basamentos, tanto para proteger los frentes como por una cuestión de jerarquía o de pertenencia, se repiten los granitos negro, Rosa de Salto, Labradorita (en tonos marrones) o los revestidos con Travertino, ese mármol poroso de color entre amarillento y café claro.

Genia Streb es arquitecta, artista plástica y asesora en color. Certifica que la diversidad de tonalidades de la Ciudad de Buenos Aires es coherente con la diversidad constructiva. “Cuando pienso en el color de Buenos Aires se me vienen a la mente dos tonalidades que se entremezclan en un gigantesco lienzo: el gris y el beige y un frondoso verde con sus variantes de saturación y luz”, explica.

“Los colores responden sobre todo a sus materiales: el revoque gris, la pintura blanca, el ladrillo que cuela su color lacre, a veces más naranja, y el negro del asfalto. Los jacarandás, lapachos, palos borrachos y tipas que arman en temporada racimos de flores de color entremezclándose con la masa verde maciza. La sombra tamizando el sol y la luz es un filtro de color. Y de fondo, el Río de la Plata, como lo pintó Macció, marrón rojizo”, agrega Streb.

Barracas es un barrio de industrias y depósitos, con el gris de sus frentes poco mantenidos y el color óxido de sus chapas. La calle Warnes, la de los repuestos para autos, tiene el cromado de su mundo fierrero y el negro de sus neumáticos. El Barrio Chino está saturado de rojos, dorados y blancos. Las avenidas Cabildo, Santa Fe y Corrientes, dominadas por una paleta que Genia Streb denomina “comercial multicolor caótico”.

Caballito Sur también tiene su color. En los departamentos de la avenida Pedro Goyena, por detrás del profuso verde, aparece como denominador común: el color ladrillo y los brillos del bronce de sus herrajes, carpinterías y barandas.

palermo viejo

Palermo Viejo tiene la paleta más cool. Sus viviendas bajas y talleres mecánicos fueron dando lugar a una intensa actividad comercial que transformó la vereda en galería comercial a cielo abierto. Y el color y el grafiti pasaron a ser un elemento de identificación y diferenciación. Reemplazando al gris, aparecieron en casas y locales los tostados, los magenta, el azul y los ocres, sumándole atractivo al barrio.

Las villas también se llenaron de colores. Por sobre el tono anaranjado de sus bloques cerámicos aparecieron los revestimientos y pinturas en tono pastel en la Villa 1-11-14. Y una gama de azules, verdes, naranjas, amarillos saturados, en la Villa 31. Son colores muy parecidos al de los containers estibados en el puerto, a pocos metros del lugar. Tal vez sea ésa una versión aggiornada de lo que pasó con el color de los conventillos en La Boca.

Fuente: Clarín

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