Buenos Aires, 17/10/2017, edición Nº 1798

El colegio Guido Spano agregó un centro cultural

Ubicado en el límite entre Recoleta y Palermo, casi desaparece en 2013. Docentes y padres armaron una cooperativa que continúa en pleno crecimiento.

Por Romina Smith

(CABA) Aquel 31 de diciembre de 2013, fue, para todos ellos, la noche de Fin de Año que menos esperaban. De golpe, el colegio Guido Spano, histórico, tenía frente a su puerta, en Billinghurst al 1300, un camión de mudanzas listo para sacar todo del edificio. Los dueños de aquel Guido Spano, ese colegio fundado en 1922, intentaron hacer lo que pocos se hubiesen animado: usar una fecha, esa noche, la del 31 de diciembre, para borrar a toda una institución, a su historia, a sus alumnos, a sus trabajadores.

Pero algo ocurrió: un llamado de alerta salpicó todas las casas y toda la comunidad actuó más que rápido, como en una urgencia. Y así logró no solo frenar el vaciamiento, también, con todo coraje, pudo parar ese camión y empezar a pensar en qué hacer, cómo salvar el colegio, cómo recomenzar.

Alumnos de primaria y secundaria, chicos en definitiva, lograron plantarse firme para recuperar lo que los dueños querían llevarse: su historia. Hoy, dos ciclos lectivos después, pueden decir que esa historia sigue. Y que el presente es el Nuevo Guido Spano, uno de los pocos establecimientos privados de la Ciudad que se reconstruyeron como cooperativa.

Rosa Varjabedian es la actual rectora del colegio, donde empezó a trabajar en 1993. “Hubo varias crisis previas… En 1993, entre los tres niveles superaban los 1.200 alumnos, pero a fines de 2013 en secundaria apenas habían alrededor de 120”, contó. Fue duro. Durísimo. “Directamente había cerrado y no teníamos un dueño con quién hablar. Dudaba mucho del futuro de la cooperativa –admitió–. Yo siempre he sido docente y jamás me había autogestionado. El primer año fue muy difícil, para todos, un año en que todos debimos aprender nuestros nuevos roles y acostumbrarnos a ello”.

Sin embargo, lo lograron. Crecieron. Y todavía crecen. La cooperativa, armada y defendida a diario como aquel diciembre, empezó a generar un nuevo centro cultural también abierto a la comunidad. Todo un logro que involucra a los barrios de Palermo y Recoleta. Y a los otros que lo rodean.

El gran cambio que se ve es que, todos juntos (docentes, empleados, padres, alumnos y vecinos), lograron armar un nuevo sistema educativo, con objetivos académicos basados en valores, en solidaridad y cooperativismo.

De aquel edificio que casi se pierde, por ejemplo, ya no hay paredes azules, pero todavía queda la escalera de madera casi centenaria y ahora hay mucha luz: todo se pintó de nuevo y la idea es que de a poco se vayan sumando los colores que representan a las cooperativas. “Lo más llamativo fue ver a todos trabajando con amor, compromiso y esfuerzo cuando parecía casi imposible. Trabajaron día y noche para rearmar la institución y transformarla de nuevo en el segundo hogar de los chicos”, según contó Judith Scolari, una de las mamás que apostó a seguir.

Y no solo se ven esos cambios: sus aulas hoy ostentan, por ejemplo, pantallas digitales que integran tecnología. Y hay intercambios con universidades, comunidades, padrinazgos de escuelas, acciones solidarias fuera de la institución y aspiraciones y sueños. Y, sobre todo, entusiasmo para lograrlos cada nuevo objetivo.

Ese entusiasmo es lo que el trabajo colectivo y jornadas enteras de debates y propuestas unieron a la cooperativa para llegar a ser lo que es hoy: un lugar en el que todos tienen voz. “Mis deseos es ver en unos años a mi hija recibir su título secundario acá. Sigo apoyando este proyecto que nació de un desalojo y una estafa… Sin imaginarlo, fue el principio de algo grande: el renacer desde el pozo”, agregó Judith.

Rosa se queda con la esperanza: “El primer año el objetivo fue pasarlo. Este 2015, en cambio ya espero que todas las metas y proyectos que hemos presentado en el Ministerio de Educación se puedan cumplir y así, de a poco, poder lograr que el Guido vuelva a ser el colegio de excelencia que una vez fue”.

guido spano

Fuente: Clarín

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