Buenos Aires, 18/12/2017, edición Nº 1860

El cepo debe eliminarse

Por Iván Carrino (*) Recientemente se cumplieron los primeros dos años de la imposición de un nuevo sistema de control de cambios en Argentina. Además de estar en flagrante violación del artículo 14 de la Constitución Nacional, el “cepo” sólo sirvió para añadir más problemas a los previamente existentes. A continuación, cinco consecuencias económicas del “cepo” que nos obligan a exigir su inmediata eliminación. 1. El cepo no sirvió para “cuidar las...

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Por Iván Carrino (*)

Recientemente se cumplieron los primeros dos años de la imposición de un nuevo sistema de control de cambios en Argentina. Además de estar en flagrante violación del artículo 14 de la Constitución Nacional, el “cepo” sólo sirvió para añadir más problemas a los previamente existentes. A continuación, cinco consecuencias económicas del “cepo” que nos obligan a exigir su inmediata eliminación.

1. El cepo no sirvió para “cuidar las reservas”.

En octubre de 2011 las reservas acumulaban una caída de US$ 5.000 millones, un 9,7% del total. Luego de iniciado el “cepo”, la imposibilidad de comprar dólares oficiales para ahorrar hizo que el BCRA recuperara algo de reservas. Sin embargo, esto duró poco y a octubre de 2013 las reservas se encuentran 30% por debajo de los niveles de dos años atrás. Esta caída de más de US$ 13 mil millones de reservas es inédita en la región, ya que en el mismo período las reservas de Brasil crecieron US$ 23 mil millones, las de Perú US$ 18 mil millones, las de Colombia crecieron US$ 10 mil millones y las de Chile lo hicieron en casi US$ 3 mil millones.

2. Creó un mercado negro y apareció la brecha cambiaria

Si bien son muchos los funcionarios que dicen que el cepo se impuso para no devaluar, lo único que éste hizo fue evitar que la devaluación se refleje en el “tipo de cambio oficial”. La consecuencia más directa fue la aparición del mercado negro en donde la cotización hoy supera en un 65% la del gobierno.

3. Es un castigo a los exportadores y un premio a los importadores

Al haber una brecha tan grande entre el dólar del mercado libre y el dólar del mercado racionado, el cepo funciona como un impuesto a los ingresos de todos los exportadores. Dado que las exportaciones y las importaciones las liquida el Banco Central, cuando un exportador vende un producto a 10 US$, el BCRA le paga al comerciante solamente 5,90$ cuando, en realidad, debería estar pagándole 10$. Como se observa, el cepo es equivalente a un impuesto del 70% sobre los ingresos. A la inversa, el cepo es un subsidio para los importadores, que pagan 5,9$ lo que deberían pagar 10$

4. Lleva necesariamente a mayores regulaciones

Así como el cepo representa un gravoso impuesto sobre las exportaciones, también equivale a una jugosa subvención a las importaciones. Lo que en otra circunstancia un importador debería pagar 10$, hoy puede pagarlo 5,9$. Esto implicaría necesariamente un boom importador que amenazaría la muy poco competitiva industria local. La reacción del gobierno, entonces, es restringir todavía más el comercio endureciendo los controles aduaneros y llegando, incluso, a la prohibición de importar bienes esenciales.

5. Subsidia a los ricos y condena el futuro de los pobres al impedirles ahorrar

Por último, una de las consecuencias más nefastas del control de cambios es que se transformó en un mecanismo perverso de sacrifico del pobre para beneficio del rico.

Dado que los consumos en el exterior pueden pagarse con tarjeta de crédito a precio oficial con un leve recargo, los argentinos que pueden viajar lo hacen a precio de ganga mientras, al mismo tiempo, los pobres que apenas pueden ahorrar algo a fin de mes se ven obligados a hacerlo en pesos, la moneda que el gobierno emite y a la que le confisca el 20% del poder de compra por año.

Incluso juzgando por los objetivos declarados por los propios funcionarios, el cepo fue un rotundo fracaso. Además, generó consecuencias destructivas en el plano económico, e inadmisibles en el plano social. Eliminarlo debe ser la prioridad número uno de cualquier político que desee el progreso sostenido del país. La segunda, por supuesto, debe ser terminar con la inflación, la semilla que dio origen al enésimo intento fracasado de un gobierno argentino por controlar el mercado de cambios.

 

( * ) Es analista económico de Libertad y Progreso, licenciado en Administración por la Universidad de Buenos Aires y máster en Economía por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid.

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