Buenos Aires, 14/12/2017, edición Nº 1856

El CC Rojas inaugura el primer Festival de Manifiestos

El I Festival Manifiestos, que se realizará este sábado en el Centro Cultural Rojas, no sólo celebra los 20 años de la Procuración Penitenciaria de la Nación en la defensa de los Derechos Humanos de personas privadas de libertad, sino que es un abanico artístico para visibilizar a aquellos que viven tras los muros carcelarios. (CABA) El festival Manifiestos se realizará el próximo sábado de 14 a 19 en avenida...

El I Festival Manifiestos, que se realizará este sábado en el Centro Cultural Rojas, no sólo celebra los 20 años de la Procuración Penitenciaria de la Nación en la defensa de los Derechos Humanos de personas privadas de libertad, sino que es un abanico artístico para visibilizar a aquellos que viven tras los muros carcelarios.

34983_Rojas

(CABA) El festival Manifiestos se realizará el próximo sábado de 14 a 19 en avenida Corrientes 2038. Es la primera edición de un mensaje claro de inclusión social y una oportunidad de visibilizar la belleza en lo atroz y, a la vez, sentir la misma emoción que muchas veces irradia el arte.

La Procuración Penitenciaria de la Nación, que hace 20 años sólo la conformaban cinco personas, actualmente a cargo de Francisco Mugnolo, está compuesta por 200 trabajadores que recorren las cárceles y controlan que el servicio penitenciario respete el carácter humano de los detenidos.

Hace un año, Natalia Fernández Acquier, de la Procuración, se puso al hombro este festival celebratorio y reunió a la fotógrafa Nora Lezano, la escritora Selva Almada, el cineasta Santiago Loza, el dramaturgo Lisandro Rodríguez, los actores de Tres gatos locos, los músicos Juan Pablo Lazo y Diego Voloschin y el grupo de danza KM29 para trabajar con presos de Ezeiza, Devoto y Marcos Paz.

En ese marco de inclusión, los privados de la libertad se convirtieron en “protagonistas de este espacio. También están otros artistas comprometidos y con trayectoria que abrigaron un vínculo cuidado y respetuoso, dándole lugar y tiempo a la búsqueda del hecho artístico”, dice Acquier a Télam.

Estos hallazgos -traducidos en libros, un disco, perfomances, una obra y una videoinstalación- no fueron fáciles. “La inclusión fue desde el arte, la herramienta más despegada de lo político e institucional. Salimos a buscar el hecho artístico en la cárcel, nos encontramos con gente con ganas y compromiso, pero entrar, convocar y obtener los permisos fue muy complejo”, cuenta.

Con dificultades burocráticas y trabas laberínticas a la orden del día, este grupo de artistas intensificó su búsqueda. “Hubiera sido más fácil llamar a León Gieco y que haga un disco de la libertad, pero decidimos meternos en la cárcel tres veces por semana durante un año. Fue un desafío diez veces mayor que ellos sean los protagonistas del Festival”, sostiene la coordinadora.

El resultado es el trabajo multidisciplinario de una treintena de presos y presas que revelan un costado puramente artístico. “Las personas privadas de su libertad no hablan lo que ya sabemos sino de ellos mismos. Se corrieron del lenguaje de la cárcel, de denuncia y demanda”, suma Acquier.

El Centro Cultural Rojas será escenario abierto para mostrar “La cabeza contra el muro”, un libro de fotografías y entrevistas de Lezano sobre dos presos y las historias de amor con sus mujeres; “Soy mi nombre”, el libro con relatos de las chicas travestis de Ezeiza o “Misterio Bufo”, seis actores en escena representando una parábola universal de comportamientos de poderosos y sometidos.

Pero no es todo, la banda musical de detenidos de Devoto, Portate Bien, formada en 2012, presentará -algunos presos tienen permiso de salida- este sábado su primer disco “Sin candados en la mente”, grabado durante largos meses en la biblioteca del Centro Universitario de Devoto, de la mano de Voloschin y Lazo.

También los jóvenes de la Casa Joven de González Catán mostrarán “Duramadre”, un puesta de investigación de danza contemporánea en proceso que tendrá su estreno en 2014 y que pretende incluir a presos de Marcos Paz.

Para Acquier, la capacidad de conmover “es la misma. Todos tenemos la posibilidad de contar algo desde el arte, los de adentro y los de afuera. Sólo falta amor, tiempo para generar la búsqueda y espacio para hacerlo. Es posible encontrar belleza en lo atroz”.

“No somos de acá” es la videoinstalación de Lisandro Rodríguez, quien durante un año fue todas las semanas a “Las casitas”, una instancia intermedia donde las mujeres pasan su último tiempo encerradas antes de su salida.

Especialista en perfomances y biodrama, Rodríguez fue cámara en mano y entrevistó a seis mujeres. Su acercamiento fue progresivo y cauteloso para entender dónde pararse en ese lugar alejado de su realidad y, a la vez, no caer en demagogias. “Armé un vínculo con Olga Guzmán, que está hace 15 años; conocí a las otras chicas, se dejaron filmar y trabajamos desde febrero hasta ahora”, cuenta.

Este documental -que estará proyectado en distintas pantallas con auriculares para recrear la intimidad de la charla- tenía una sola premisa: que ellas hablen sobre lo que les pasa más allá del contexto carcelario. “Entender su vida como tal y no como una vida dentro de la cárcel, sus historias, sus vínculos con el afuera, el futuro, sus hijos”, dice Rodríguez a Télam.

Esta experiencia con “gente de gran entereza”, como define, se reveló como un mundo “muy diferente al mío”. Sin embargo, subraya Rodríguez, hay “puntos en común a todos, sufrimos por lo mismo, tenemos pesadillas, sueños, deseos. Hay algo que nos iguala a pesar de una desigualdad social enorme en términos económicos. Fue encontrar luz en el pensamiento y en la reflexión”.

Gracias a esos diálogos intensos, el dramaturgo abrió otro camino. “No están acostumbradas a hablar de sí mismas y de lo que les pasa, contaron cosas que creían olvidadas y que nadie les preguntaba. La tragedia es tan evidente en su mirada que preferí hablar de ilusión y de esperanza”.

El afuera y el adentro se desdibujan en estos “Manifiestos”, donde hombres y mujeres detenidos “iluminan”, como dice Rodríguez, sobre “lo que podemos pensar de la gente en la cárcel y sobre lo cotidiano, la vida, el tiempo. Cualquiera puede sentirse identificado. Una persona en la cárcel tiene una vida a pesar de esa circunstancia”.

“La cárcel es un lugar para gente sin dinero y es el negocio jugoso del capitalismo, como dicen las presas. Es lo mismo que pasa afuera, no está disociado, es un sistema hostil”, opina Rodríguez y Acquier agrega: “El adentro es el modelo de lo que sucede afuera en términos sociales, se replica la lógica de la sociedad. No somos tanto más libres”.

Fuente consultada: Télam

Comentarios

Ingresa tu comentario