Buenos Aires, 24/10/2017, edición Nº 1805

El cambio de la Ciudad desde la cámara de Luis Priamo

El gran coleccionista e investigador compiló más de 300 imágenes históricas que reflejan los avatares del progreso en la ciudad.

(PBA) “La fotografía es un documento que constituye identidad y, en este caso, nos permite ver cómo la ciudad de Buenos Aires pasó de ser una aldea colonial a transformarse en una metrópoli moderna”, dice Luis Priamo, cineasta, experto en fotografía antigua y compilador de las imágenes que integran el libro Buenos Aires. Memoria Antigua. Fotografías 1850-1900 (Fundación CEPA Ediciones) que, a través de más de 300 imágenes tomadas por los más destacados fotógrafos de aquellos años, que, lejos de tener una intención artística, perseguían capturar una realidad que pasaba veloz ante sus lentes. Y de ese modo, tal vez, entenderla.

“Hacer este libro –explicó Priamo en charla con Clarín– supuso una investigación de muchos años. Peinar las fotos hechas en aquel momento por profesionales como Bonet, Panunzi y Witcomb, entre otros, que fueron los más prolíficos en cuanto a álbumes de tipos y costumbres en el siglo XIX”.
El libro, de tamaño considerable, incluye dos introducciones. Una, escrita por Priamo junto con Abel Alexander, dedicada a la evolución de la fotografía en ese período, y otra, con autoría del arquitecto y urbanista Adrián Gorelik, que se centra en las mutaciones urbanísticas y sociales que se produjeron durante ese medio siglo. Después son las imágenes las que hablan.

Organizadas por décadas, las fotografías compiladas en esta obra nos llevan de viaje por una Buenos Aires en ciernes, y están presentes desde los primeros daguerrotipos que se conservan de la ciudad hasta las imágenes de las obras de construcción de la Plaza de Mayo o el Paseo Colón, pasando por la vida en los conventillos de La Boca, la actividad del puerto y representaciones de oficios, como los vendedores de naranjas, los carniceros ambulantes o las costureras, entre otros. Todo lo que la Buenos Aires de fines del siglo XIX tenía para ofrecer a quien llegaba. “Uno de los estímulos para hacer este libro fue poner sobre el papel el desarrollo extraordinario de una ciudad, y también de una cultura urbana. Que sucediera en tan poco tiempo es casi milagroso”, señala Priamo.

–¿Cómo se gestó este libro y cuál fue el criterio de selección de las imágenes?

–Sale de una investigación de años, de otros libros que hice, el visionado de los 5 mil negativos antiguos que tiene la Sociedad Fotográfica Argentina de Aficionados. Entre todo el material que había –que es muchísimo– elegí las fotografías que me parecieron documentaban mejor el proceso de cambio de Buenos Aires en aquellos años. Y además hubo un criterio estético.

–¿Qué objetivo tenían esas imágenes que se tomaban a fines del XIX?

–Algunas eran algo “prepostalero”. Se vendían a personas que buscaban llevarse un recuerdo de la ciudad. Otras eran encargadas por el Estado, que quería dar cuenta de la construcción de obras civiles como los medios de transporte, las carreteras, puentes, hospitales, escuelas…

–Algunas de ellas casi parecen pinturas.

–Sí, estos profesionales fueron los pioneros de un género fotográfico que tenía sus antecedentes en la pintura y el grabado. Pero estos fotógrafos no tenían ningún tipo de intención artística, su objetivo era puramente documental, ponían el trípode y disparaban, sin más.

–¿De qué tipo de ciudad nos hablan estas imágenes?

–Estas fotos nos hablan del progreso, ese es el tema. A estos fotógrafos les interesaban los centros de transporte, el puerto, las plazas, las iglesias, los tipos populares. Nos cuentan cómo una ciudad hecha con cuatro ladrillos se convirtió, en cincuenta años, en una ciudad moderna, proto europea. Esto era una colonia y la idea era borrar eso y barrer a España pero, claro, al mismo tiempo, copiar a Europa, que encarnaba la modernidad.

 

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