El Barrio Parque Los Andes, la primera casa colectiva que hoy es...

El Barrio Parque Los Andes, la primera casa colectiva que hoy es un lujo

Escribe Gustavo Londeix

(CABA) Mi vieja siempre me hablaba de la calidad de vida en sus tiempos. Decía que uno era pobre, pero no como los pobres de hoy. En el fondo yo creía que estaba enojada con el siglo XXI. O que era fantasiosa recordando tiempos idos. Pero la Casa Colectiva Barrio Parque Los Andes es un ejemplo de la Argentina que fue y hoy ya no existe.

En 1924 pululaban los conventillos en la ciudad y se promulgó una ley llamada de Casas Baratas. Viviendas para obreros. Se pensó levantar tres barrios que se llamarían Alfa, Beta y Gama, y estarían ubicados en Chacarita, Flores Sur y Palermo. El de Flores Sur se levantaría en Castañón y Balbastro, y el de Palermo en Dorrego y Luis María Campos.

El llamado para presentación de propuestas recibió 43 proyectos y el 31 de enero de 1926 se adjudicó el trabajo al arquitecto Fermín Bereterebide, que también fue encargado de dirigir las obras del barrio Alfa.
Tipo particular el arquitecto. Nacido en Rosario en 1895 y socialista de pura cepa, era reconocido como un genio. Como antecedente traía la construcción del Instituto Pasteur y un barrio popular en Flores. En 16 meses, sobre un terreno de 13.188 m2, levantó el Barrio Los Andes, la primera casa colectiva de la ciudad.

Fue inaugurado el 6 de octubre de 1928 y el rosarino no gastó más de un centavo de los 1.878.580 pesos que le entregaron. Y realizó una joya arquitectónica. La casa colectiva debía albergar 200 adultos y 400 niños. En total son 17 cuerpos de cuatro plantas con 157 departamentos. Cada uno tiene entre 3 y 7 habitaciones.

Y privilegió el verde: es el 63% de la superficie. Al descubrir los materiales usados en la construcción, supe que mi vieja no era fantasiosa ni estaba peleada con el nuevo siglo. Los pobres no eran los pobres de hoy. Las puertas de los departamentos son de madera maciza de roble, los pisos de pinotea traída de Canadá, y las baldosas y los herrajes fueron importadas de Francia. Y como si fuera poco, las escaleras son de mármol de Carrara. Esa era una casa para pobres en los años ’30.

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Hubo un problema. Cuando se inauguró, nadie quiso ir a vivir allí. Por varios motivos. Uno, la obra estaba pegada al arroyo Maldonado, que inundaba el barrio. Dos, enfrente estaba la quema, visitada por cientos de carros tirados por caballos que depositaban a diario toneladas de basura. Y tres, el cementerio era lindero. Hasta entrados los años ’30 fue un barrio fantasma. Por eso los proyectos de viviendas similares, Beta y Gama, fueron desechados.

Hoy, el Barrio Parque Los Andes, la primera casa colectiva para pobres, es un lujo. El metro cuadrado cuesta 3.000 dólares. Sus 600 habitantes viven en un oasis verde y seguro. Y fue tan perfecta la construcción del arquitecto que cada cuerpo no produce conos de sombras sobre el edificio vecino. Nadie quiere vender su casa en el barrio, que ahora es cool.

El complejo incluso tiene un teatro para 150 personas, donde actuaron artistas como Francisco Canaro, Miguel Caló y Mercedes Simone. En los años 40 y 50 los conseguía traer gratuitamente un vecino, cuyo hermano era el pianista de Caló.

Y el barrio tiene una administración vecinal con presidente, vicepresidente y secretario, que trabajan ad honorem, igual que las comisiones también integradas por copropietarios. El gobierno se complementa con 17 delegados, uno por cada edificio.

Lástima el destino de su constructor. Como militante socialista se negó a darle la mano al Presidente Juan Domingo Perón, lo que le valió la expulsión de la Sociedad Central de Arquitectos en 1948 y su despido de la Municipalidad de Buenos Aires. En 1954 terminó en la cárcel por haber participado en un Congreso Pacifista en Viena. Murió en 1979 como un marginal.

Lo veían pasar por el barrio Los Andes vestido con un traje raído pero impecablemente limpio y planchado. Miraba las casas que construyó para los obreros. Nunca perdió lo que quiso darles a ellos en forma de casa: dignidad. Mi vieja tenía razón. Éramos pobres. Pero no como los pobres de hoy… NR

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Fuente: Muy