Buenos Aires, 19/11/2017, edición Nº 1831

El arte de vivir en un monoambiente

Los porteños somos expertos en vivir en donde podamos, pero en Nueva York hicieron una exposición sobre el tema. (CABA) El mes pasado, el gigantesco Metropolitan Museum de Nueva York se propuso demostrar eso: que se puede vivir como un duque en 30 metros cuadrados, lo que ellos llaman micro apartamento y nosotros, monoambiente. Acá les podríamos dar cátedra. El asunto es que el experimento fue una especie de Gran...

Los porteños somos expertos en vivir en donde podamos, pero en Nueva York hicieron una exposición sobre el tema.

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(CABA) El mes pasado, el gigantesco Metropolitan Museum de Nueva York se propuso demostrar eso: que se puede vivir como un duque en 30 metros cuadrados, lo que ellos llaman micro apartamento y nosotros, monoambiente. Acá les podríamos dar cátedra.

El asunto es que el experimento fue una especie de Gran Hermano dentro de ese museo de Manhattan junto al Central Park. Allí, cinco personas habitaron, durante un día cada una, un depto mínimo equipado con muebles especiales ¡Y a la vista de todo el mundo! Ahora dicen que fue un éxito de público y crítica (sobre todo de los constructores que sueñan con departamentos cada vez más chicos).

El museo, y Michael Bloomberg, el alcalde de Nueva York, buscaban mostrar que en un sólo ambiente pueden entrar el dormitorio, el living, el comedor, la cocina, la sala de juegos y el home theatre. El baño afuera.

Para eso, el departamento fue equipado con muebles especiales que recolecta de todo el mundo la firma Resource Furniture y vende en la Gran Manzana. Así, el departamento de este reality contaba con una mesa que se convertía en cuatro asientos, una cama matrimonial que se metía en la pared, una silla de escritorio que también servía como escalera y un sofá que aparecía sólo cuando se necesita tirando de una manija. Pero no todo son muebles “mágicos”, también hay que saber ubicar las cosas. Al entrar al departamento, unas sillas plegables colgaban de la pared, la mesa del comedor se escondía debajo la mesada de la cocina y la tabla de planchar salía del armario. Un verdadero lujo. Pero, la verdad, los “yonis” están haciendo demasiado lío con el tema. Si vinieran a Buenos Aires verían como se vive en un monoambiente de 26 metros cuadrados. Esa es la superficie mínima de nuestros departamentos con cocina incluida, el baño aparte y un lindo balcón.

Mi experiencia es que un buen futón, por más feo que sea, te soluciona la vida. En verano ni le ponés sábanas, en invierno, usas una bolsa de dormir. Además ¿viste que los futones son bajitos? Bueno, los zapatos los guardás abajo. Es que el problema no son los muebles, vivir en un monoambiente requiere de una actitud flexible frente al equipamiento. Todo es multiuso. Olvidate de la mesa del comedor, sólo hace falta una mesa ratona que también usás de mesa de luz. La cama (futón), por ejemplo, sirve para desayunar, almorzar, tomar la merienda y cenar. Cuando te ponés a cocinar, todo el ambiente se convierte en cocina. Hay que aprender a relajarse. Por suerte, en los monoambientes porteños siempre tenés un balcón, que no lo usás nunca, pero te deja tranquilo.

Los yanquis llamaron a sus experimento “Making Room” y, además del departamento en el museo, incluyó proyectos de edificios con microdepartamentos. El alcalde le dio el premio a una torre que se construye apilando unas especies de containers de los famosos 30 metros cuadrados mínimos.

Toda esta movida no es inocente, el alcalde busca convencer al público de que se puede vivir en un monoambiente porque busca cambiar la normativa municipal que no permite departamentos de menos de 37 metros cuadrados. Con esa superficie, acá podríamos construir un dos ambientes pipí cucú.

Fuente consultada: Clarín

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