Buenos Aires, 16/12/2017, edición Nº 1858

El arte de ser un buen librero en Buenos Aires

En una ciudad con tantas librerías como Buenos Aires, ser librero es un arte.

(CABA) En la ciudad con mayor cantidad de librerías del mundo -467, reportó el estudio World Cities Culture Forum 2014-, conviven libreros de toda clase. Están los tradicionales, formados en la época en la que no existían las computadoras ni las compras por Internet; los multidisciplinarios, que sumaron a la oferta tradicional de libros otras propuestas culturales, como conciertos, muestras de arte, talleres y charlas abiertas con escritores, y los amantes de la literatura que adoptaron el oficio como forma de vida. Aunque en el catálogo está también el vendedor desinformado que sólo conoce los best sellers de turno, la característica común para identificarlos es la pasión por la lectura. Débora Yánover y Francisco Garamona representan dos modelos actuales de libreros, de esos que el cliente agradece encontrar cuando entra a una librería.

Orgullosa de pertenecer a la vieja escuela, Yánover heredó el amor por el oficio de su padre, Héctor Yánover, que fundó la Librería Norte en 1961.Creció rodeada de libros, en un ambiente intelectual, y de chica creía que era natural que en todas las familias hubiera libreros. En 1989, cuando su padre fue designado director de la Biblioteca Nacional, ella se puso al frente de Norte. Y quedó a cargo definitivamente en 2003, cuando murió el fundador.

Con el paso del tiempo, más que cambios estructurales en el oficio hubo cambios operativos. “La incorporación de la computadora al negocio sistematizó algunos procesos; además, la cantidad de títulos disponibles aumentó enormemente y sin una computadora sería imposible retener la multiplicidad de títulos en el mercado“, advierte ella. Lo que no cambió es la dedicación y la felicidad de trabajar con esos objetos preciados: “Cuando, después de muchos años, tenés el mismo entusiasmo al abrir una caja donde están los títulos que esperabas; cuando esos libros te dicen el nombre de las personas [tus clientes de cada día] a quienes vas a recomendarlos, entonces sos librero“. Tal como le legó su padre, quien se dedica a vender libros debe ser, ante todo, un gran lector. “Un lector apasionado -destaca Yánover-, capaz de transmitir su pasión a los clientes.

Su visión coincide, por supuesto, con los otros dos entrevistados. Garamona, dueño de la librería La Internacional Argentina, de Villa Crespo, no concibe que se ejerza el oficio sin devoción. “Para mí, ser librero es tener la posibilidad de comprar libros, que es una de mis grandes pasiones. Soy un lector y comprador compulsivo de libros. Y tuve que poner una librería y una editorial para poder darme este lujo [sin que me echen de mi casa] y hacer del placer un trabajo. Muchas veces, compro ejemplares que ya tengo en mi biblioteca. Poder comprar el mismo libro que me fascina cinco veces, y transmitirle esa fascinación al lector, al visitante, eso es ser librero.

Editor del sello independiente Mansalva, antes de abrir la librería, Garamona tuvo un puesto en una feria de compraventa. Por algo define a La Internacional Argentina como una librería de usados y de autor. “Es que lo mío son los libros, atemporalmente hablando. Creo que, como todo oficio, en un punto no cambia. Es algo parecido al ebanista: siempre se tallan las mismas maderas, aunque cambien las vetas. Nuestra librería, aun siendo absolutamente moderna, es bastante tradicional.

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