Buenos Aires, 16/08/2017, edición Nº 2075

El amor por Buenos Aires tiene picos estacionarios

En temporada primavera-verano, el amor por la Ciudad se convierte en pasión, pura y dura.

Por Adriana Schettini

(CABA) ¿Cómo no amar la Ciudad en la que naciste y creciste? ¿Cómo no amar la Ciudad donde vivís desde siempre? No hay modo. Pero si la ciudad es Buenos Aires, ese amor tiene picos estacionarios. En temporada primavera-verano, se convierte en pasión, pura y dura. Apenas ves un jacarandá alegrando las calles con sus flores violeta, si por vos fuese, pasarías mañana y tarde caminando sin prisa, mirando el cielo diáfano sobre el que se recortan siluetas de edificios que parecen dibujados. A jornada completa pasearías por las veredas alfombradas con esas flores amarillas que caen de los árboles. Noche y día andarías deambulando a tu antojo sin más ocupación que mirar. Mirar y nada más.

Mirar cómo se consolida ese clima que combina el aire de fin de curso con las vacaciones soñadas. Ves más gente corriendo al aire libre. Más tertulias en las mesas de la vereda en los bares. Más bullicio de adolescentes disfrutando, entre risotadas, el verano.

En enero y febrero, el perfume de los tilos se te antoja afrodisíaco y le decís a Buenos Aires: “Al fin, solos”. Te largás por sus calles desiertas a disfrutar la calma. Les deseas muy felices vacaciones a quienes van a la playa, la sierra o la montaña y les agradecés la atención de dejarte vivir en paz tu romance porteño. Sin bocinazos ni colectivos atestados. Sin multitudes haciendo fila. Es toda para vos la Ciudad en verano, con sus días largos y sus noches abiertas, pese a al calor. De puro solidario, deseás entonces que quien no vive en Buenos Aires tenga la dicha de venir a visitarla cuando más bella está: en primavera y en verano. NR
bs as jacaranda

Fuente: Clarín

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