Buenos Aires, 18/10/2017, edición Nº 1799

El acampe como método de protesta

Veteranos de guerra reclaman desde 2008 en Plaza de Mayo. La modalidad creció en los últimos tiempos. Desde enero hay un campamento en un centro cultural y hace un mes, otro en plena calle. (Ciudad de Buenos Aires) Se empezaron a ver hace dos años: primero aparecieron como complemento de protestas callejeras, de cortes de ruta y de movilizaciones en la vía pública. Fueron efectivos y, de a poco, comenzaron...

Veteranos de guerra reclaman desde 2008 en Plaza de Mayo. La modalidad creció en los últimos tiempos. Desde enero hay un campamento en un centro cultural y hace un mes, otro en plena calle.

(Ciudad de Buenos Aires) Se empezaron a ver hace dos años: primero aparecieron como complemento de protestas callejeras, de cortes de ruta y de movilizaciones en la vía pública. Fueron efectivos y, de a poco, comenzaron a replicarse. Hoy, los acampes ya son un tipo de protesta repetido que mueve distintos objetivos pero siempre en el mismo formato.

Más allá del piquete, aparecen con carpas o viviendas precarias apoyadas sobre lonas y chapas. En Solís y Chile unas 70 familias reclaman viviendas desde hace un mes. En la plaza del Centro Cultural San Martín hay otras 40 carpas que impiden el funcionamiento de la institución y hace pocas semanas se desalojó otro acampe similar en Parque Centenario, en un conflicto que terminó con heridos y detenidos. En la Plaza de Mayo está el más antiguo: es el de veteranos de guerra que reclaman reconocimiento del Estado por su participación en el conflicto por las Islas Malvinas.

Ese acampe no solo es el más antiguo: también es el que tiene más respaldo de la comunidad. Y acaba de cumplir cinco años, todo un récord en este tipo de protestas. Está sostenido por un grupo de ex soldados que llegaron allí el 25 de febrero de 2008 y representa a 400 de un grupo de 9.000 ex conscriptos que en 1982 defendieron las bases militares argentinas en diferentes puntos de la Patagonia. “Nosotros reclamamos nuestra medalla de honor: que se nos reconozca como soldados. Tenemos el apoyo de organizaciones de Derechos Humanos y las leyes nos incluyen. Solo falta que el Ejecutivo avale la verdad”, explicó Tulio Fraboschi, presidente de la Asociación Civil Veteranos de Guerra TOAS Plaza de Mayo. Tenían cerca de 18 años cuando fueron desplazados al Sur y hoy viven adaptados al paisaje, al costado de una de las fuentes, con una casilla apoyada en un árbol. Se turnan para cuidar el acampe, y siempre hay al menos diez de ellos haciendo guardia.

Cocinan, duermen y pasan las horas allí.

El 25 de febrero inauguraron un mural que resume su historia. Más atrás, el 2 de abril, la fecha que recuerda el día del desembarco argentino en las islas, armaron un cementerio con cruces, cada una con los nombres de los 17 soldados que murieron en las bases continentales defendiendo a los que estaban peleando en el mar. “Esos 17 muertos hoy son considerados héroes nacionales justamente porque, como nosotros, defendieron un lugar asignado, una zona de responsabilidad. Ellos avalan nuestra lucha, fueron reconocidos porque murieron pero nosotros que estamos vivos somos olvidados”, lamenta Fraboschi.

Su protesta es pacífica y muchas personas se acercan para solidarizarse con ellos. Es el único acampe que genera esa empatía: ni en el del Centro Cultural San Martín (donde tiene paralizadas las actividades del edificio de Sarmiento al 1500 en un conflicto judicializado), ni en el que estuvo durante meses en el Parque Centenario ocurre u ocurrió lo mismo. En esos casos, como en el que está en Solís, su presencia divide a los vecinos.

Ese acampe tiene a 70 familias viviendo en plena calle, también bajo mantas, cartones, chapas y maderas. Hasta el 1° de febrero ocupaban un edificio de la ANSeS, pero ese día, un viernes, hubo un incendio que destruyó todos los departamentos. Hoy resisten una pelea con el Gobierno porteño y de la Nación en un campamento improvisado. Buscan que el primero les de un subsidio y el otro terrenos.

Pero en el barrio no los apoyan.

Los comerciantes se quejan por la caída en las ventas y los vecinos por la falta de higiene y las veredas ocupadas. Algunas familias dejaron ayer el lugar tras recibir subsidios de la Ciudad y una promesa de la Nación de darles terrenos en Banfield. “Hay una investigación judicial que puede llegar a terminar con un pedido de desalojo, pero puntualmente la causa que tengo es por las contravenciones que esas familias están cometiendo en el lugar, estoy juntando pruebas para determinar si obstaculizan el ingreso de las personas a sus inmuebles, o perjudican a los comerciantes. También si el corte de calle impide el paso del tránsito. Estamos reuniendo pruebas y a la vez tratando de individualizar a estas personas. Estas contravenciones tienen penas de arresto, de multa o de trabajo en la vía pública”, explicó Juan Rozas, el fiscal que está a cargo del tema. En este caso, como hay conflicto social detrás, la fiscalía tuvo que dar aviso al Ministerio de Desarrollo Social porteño para que actúe el programa Buenos Aires Presente (BAP), que se encarga de la ayuda a personas en situación de calle o riesgo. “Las autoridades deben intervenir en el caso y verificar la situación de estas personas para darles algún tipo de solución, pero esto no impide el trámite de la causa judicial. No descarto convocar a una audiencia”, sumó Rozas.

Para Patricio Giusto, director de la consultora Diagnóstico Político y especialista en conflictividad social, el método de acampe para hacer visible un reclamo se empezó a ver con organizaciones sociales en los últimos dos años, pero ahora se está instalando más. “Hay tres tipos: los acampes que son impulsados por este tipo de organizaciones o piqueteros, los que están impulsados por jubilados, docentes o ex combatientes y los que son consecuencia de la emergencia habitacional. Cada uno tiene sus motivos, y en todos los casos la protesta es efectiva porque logra captar la atención de los medios y de las autoridades. En general los acampes complementan los cortes de calle, solo que ahora se quedan en ese mismo lugar. Es una cuestión social muy relevante”, subrayó. Distintos casos, distintos objetivos, pero el mismo recurso.

 

|Fuente: Clarin

 

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