Buenos Aires, 19/11/2017, edición Nº 1831

Eduardo Rovner: “La escuela es para educar y el teatro, para desarrollar cultura”

El ex director del San Martín, apunta: “Falta una síntesis entre buenas historias y formas entretenidas de contarlas”.

(CABA)

(CABA) Eduardo Rovner (1942) tenía poco más de treinta años y trabajaba como ingeniero electrónico, psicólogo social -egresado de la escuela de Pichon Rivière- y violinista cuando se le plantó el teatro. Escribía un poema, “Una pareja, ¿qué es mío y qué es tuyo?”, sobre un duelo, no plata, y se hacía cada vez más largo, tanto que tuvo que buscarle otra forma. Fue una obra, “La Pareja”, que estrenó en 1976 y estuvo meses a sala llena. Nunca más paró.

Todo me encantaba -explica-. Pero el teatro me llenó. Tener éxito pesó porque hay un momento en el que el motor para crear es el reconocimiento. ¿Y después? No desaparece del todo pero llega lo que Leónidas Barletta, fundador del Teatro del Pueblo, llamó la alegría de crear en libertad. Y agregaba: Lo demás es vanidad.

De chico, Rovner leía novelas de Salgari, de Verne, “saltando las descripciones para llegar rápido a la acción”. Y de adolescente, “todo el teatro, mucho más del que iba a ver” al Payró y otras salas, entre conciertos y paradas en una pizzería de Rivadavia y, si mal no recuerda, Solís, que cerró.

Ya sabe que este año sabe que habrá unas 30 puestas acá -acaba de estrenar “El hombre lobo” en el Losada- y en América, Europa y Australia. Ganó el Premio Casa de las Américas y tres veces el Argentores, entre otros. Docente, investigador, fue además directivo de Teatro Abierto, director general y artístico del San Martín del 91 al 94 y de un Plan Estratégico de Cultura de la Ciudad 2000/4, y creador de la Fundación que dirige el Teatro del Pueblo, entre otros trabajos.

-Desde que empezó, ¿qué cambios destaca en el teatro porteño?

-En los 60, el mensaje era clave, ya no y no hay que ocuparse: al arte lo completa el que mira. Justo se cumplen doce años ininterrumpidos de “Volvió una noche” en la República Checa. En una conferencia de prensa, me preguntaron de qué se trataba y contesté lo que pensaba: el conflicto entre los mandatos y la libertad personal. Un periodista me dijo: No, habla de la Primavera de Praga. Me quedé duro. ¿Por qué? Vio al protagonista como la juventud checa que en 1968 buscó liberarse de la invasión de la ex Unión Soviética y a la madre muerta que lo oprimía, como tanques rusos. Una obra cobra sentido en el lugar y tiempo en que se da.

-¿Qué reemplazó al mensaje?

-En parte, el juego, que está bueno porque atrapa. Pero también hay obras con dos actores hablando, para lo cual casi bastaría la radio. Necesitamos síntesis entre historias que valgan la pena y formas entretenidas de contarlas. Aunque no hay un solo teatro: está el del entretenimiento, el cuestionador…

-Hay diversidad y tribus.

-Seguro, y menos prestigio en general. Cada grupo con su poética, en lo suyo. Ves excepciones, pero pocas.

-¿Por qué perdió prestigio el teatro?

-Al menos, hasta mi generación, el arte era el medio entre el creador y los demás. Ahora, para muchos, lo que vale es mostrarse y listo. El filósofo francés Gilles Lipovetsky, al hablar del “discurso vacío”, dice que en todo arte penetró demasiado narcicismo.

-¿Qué pudo mejorar desde la gestión?

-Me enorgullece haber abierto el San Martín a la Ciudad, al alentar coproducciones elegidas por un jurado para dar en teatros independientes. Algunos me preguntaban: ¿Y el teatro gana? Respondía: ¿Va a la escuela de su hijo y pregunta si gana? ¿Entonces? La escuela es para educar y el teatro, para ayudar a desarrollar la cultura. Al plan estratégico no sé para qué lo hicimos: no nos dieron un peso para ponerlo en marcha.

-¿Qué haría hoy?

-Ya en ese tiempo pensaba que si una figura cantaba gratis era ideal que la acompañaran grupos menos conocidos. También que, como el Centro concentraba los eventos, era sensato abrir espacios en los barrios. Con la inseguridad, ¿cuántos van al Centro si tienen que volverse a la madrugada en colectivo? Se hizo y falta. Planificar, descentralizar son clave, falta.

images (1)Fuente: Clarín.

 

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