Donación de sangre: hay más conciencia, pero pocos dadores voluntarios

Donación de sangre: hay más conciencia, pero pocos dadores voluntarios

(CABA) “La sangre tiene que estar esperando al paciente y no el paciente a la sangre: sino, llegamos tarde.” Con esta frase, Silvia Arreghini, presidenta de la asociación civil Dale Vida, refuerza la necesidad de llegar a un sistema en que la donación de sangre sea habitual, sistemática y 100% solidaria.

Ésa es, para los especialistas, la cuestión. Y es, en el mes de la Donación Voluntaria de Sangre, que destacan que en nuestro país, sólo un 35% de las donaciones se realiza de ésa forma mientras que el 65% restante continúan siendo por el sistema de “reposición”, en el que familiares o amigos donan para una persona en particular que la necesita.

Algunos de los beneficios que trae el paso a un sistema completamente solidario son más seguridad transfusional; la posibilidad de optimizar la disponibilidad de la sangre y sus componentes de acuerdo a las necesidades de la población; y menos tensión para quienes atraviesan una enfermedad o internación.

Para alcanzarlo, aumentar la concientización de la ciudadanía y acercarle la posibilidad de donar (llevando cada vez más las colectas fuera del ámbito hospitalario y aumentando la disponibilidad de días y horarios, entre otras acciones) son dos de las claves.

Mabel Maschio es coordinadora de la Dirección de Sangre y Hemoderivados del Ministerio de Salud de la Nación. Destaca que cuando en 2004 se creó el Plan Nacional de Sangre, los donantes voluntarios prácticamente no existían. “En una década tuvimos un crecimiento de más del 3000%: en 2004, menos de 5000 personas en el país eran donantes voluntarias, hoy son 200.000”, dice.

Sin embargo, reconoce que en 2012 se llegó a una meseta del 35% de donaciones voluntarias. “Estamos en una encrucijada donde coexisten dos sistemas: el de donación voluntaria y el de reposición. Este último predomina en la mayoría de los lugares, e impide que se desarrolle uno 100% voluntario, ya que hace que las personas que quieran donar en forma habitual se reserven por si algún familiar lo necesita”.

En este sentido, Arreghini, asegura: “La única manera de conseguir sangre es que alguien la done: sólo el cuerpo humano puede fabricarla. Para intervenciones quirúrgicas; trasplantes de órganos; tratamiento de enfermedades oncohematológicas, como la leucemia; o genéticas, como la talasemia o la hemofilia. Es necesario contar con ese recuro fundamental”.

Para poder conseguirlo, los especialistas consideran imprescindible que las personas se capaciten desde la escuela, para que tengan la información necesaria; pero también que el Estado y los diferentes actores que trabajan en la temática faciliten el acto de donar voluntaria y habitualmente.

¿Qué cosas habría que cambiar? Arreghini cuenta que en la mayoría de los hospitales públicos únicamente se puede donar de lunes a viernes en horarios acotados, por lo que sería fundamental habilitar los fines de semana; así también como aumentar el personal técnico y realizar cada vez más colectas en clubes, iglesias, plazas, universidades y empresas.

“No le podemos pedir a las personas que asumen ese compromiso ciudadano que hagan todo el esfuerzo, que dejen de trabajar o estudiar, por ejemplo, para donar sangre -dice-. Además, generalmente quienes están sanos no quieren ir a los hospitales: hay que crear hemocentros y sacar las colectas a la vía pública.”

Maschio coincide. Explica que, en lo que va de 2016, el móvil de colectas externas de sangre del Ministerio de Salud, puesto a disposición de los equipos técnicos del área metropolitana, realizó 26 operativos (44% más que en 2015), atendiendo 1335 donantes (un promedio de 51 por operativo; contra 20 en 2015).

“Estas cifras nos muestran un camino: si facilitamos el proceso de donación la comunidad responde.”

Para ella, es importante que cada banco de sangre tenga un programa de donación voluntaria y desarrolle actividades para facilitar la instancia de donar y eliminar la necesidad de exigir la reposición a los familiares de pacientes.

“El objetivo debe ser tener donantes repetidos, tal como establecen los españoles con su estrategia del sistema de Promoción Integral Sostenible: dejar de ser “recolectores” de bolsas de sangre y pasar a ser “cultivadores” de donantes”. Y agrega: “Las personas que saben que uno o más bancos de sangre llegarán a su lugar de trabajo o estudio varias veces al año, seguramente se transformen en donantes habituales”.

¿Por qué hay que dejar atrás, de una vez y para siempre, el sistema de reposición? La presidenta de Dale Vida asegura: “La lejanía que hay para muchos entre los lugares en que viven y los de asistencia, la falta de grupos de contención e información, hacen que quienes tienen un familiar internado se desesperen en la búsqueda de donantes, y muchas veces oculten información relevante en el cuestionario previo”.

Si bien toda la sangre que se recibe es analizada para detectar enfermedades transmisibles a través de una transfusión, existe el “período ventana”, que es el tiempo que pasa desde que una persona se infecta hasta que la infección puede ser detectada. Si se dona durante esa etapa, la enfermedad no puede detectarse en las pruebas de laboratorio: de ahí la importancia de ser sincero a la hora de contestar las preguntas que se realizan de forman confidencial y que buscan conocer si se estuvo expuesto a factores de riesgo.

Maschio subraya que, en 2015, el Ministerio de Salud de la Nación emitió la resolución 1508, que prohíbe a las instituciones públicas y privadas la exigencia de conseguir donantes de reposición para un paciente.

Por otro lado, insta a los bancos de sangre a fomentar y realizar acciones para el desarrollo y mantenimiento de un sistema de donación voluntario y altruista. Arreghini agrega: “Sin embargo, en algunos lugares se continúa presionando a quienes tienen un familiar internado a que consigan donantes. Eso tiene que cambiar”.

Ser donante

Santiago y Adriano Filgueira son dos hermanos de 27 y 31 años que desde hace aproximadamente una década donan sangre entre dos y tres veces por año. “Mi papá era donante frecuente. En un momento se acercó al Hospital de Niños Ricardo Gutiérrez y mi hermano y yo lo seguimos”, recuerda Adriano, que es ingeniero en sistemas y vive en Villa Crespo. “Cuando conocimos la realidad de tantos chicos que vienen desde lejos para atenderse allí, que no tienen conocidos en la Capital y necesitan sangre de forma habitual, ya no dejamos de ir. Papá falleció en 2010, pero nosotros continuamos con su legado”.

Además, aproximadamente una vez al mes, los hermanos Filgueira donan plaquetas. Adriano explica que “el proceso es un poco más largo. Te conectan una hora a una máquina que es un separador celular: te sacan una buena cantidad de plaquetas, cinco o seis veces más que si te sacan sangre. Aquellas son fundamentales, por ejemplo, para los tratamientos de pacientes con leucemia”.

Hacerse “un ratito” para ir a donar no es fácil, pero tampoco imposible: “En el hospital antes se podía ir los sábados, pero ahora lamentablemente ya no. Actualmente en el trabajo tengo flexibilidad de horarios, sino se me complicaría”, concluye el joven.

S.C.