Buenos Aires, 16/12/2017, edición Nº 1858

El dodgeball cada vez gana más adeptos en la Ciudad de la mano de un proyecto inclusivo

La Selección del deporte de alta competencia que está basado en las reglas del quemado está en formación y busca fondos para disputar el Mundial de Canadá.

(CABA) Cualquiera que un sábado a la tarde saque a pasear al perro por Parque Chacabuco corre serios riesgos de sufrir un ataque de nostalgia. Allí, debajo de la autopista, entre bicicletas, adolescentes que ensayan coreografías de reggaetón y el repetitivo sonido de las murgas, un grupo de chicos juega al quemado. Se ubican en hileras entre conos naranjas, practican movimientos, saltan y tiran la pelota con una técnica y una fuerza que asombran. En realidad, es mucho más que el viejo juego escolar: se trata del entrenamiento de la Selección argentina de dodgeball, el deporte de alta competencia que está basado en las reglas del quemado y que, de la mano de un proyecto inclusivo, cada vez gana más adeptos en la ciudad de Buenos Aires.

“Estaba entrenando jóvenes de una universidad de Estados Unidos que andaban de visita en Buenos Aires y me pidieron jugar al dodgeball. No sabía de qué me hablaban. Hasta que investigué y me enteré que era el quemado, sólo que reglamentado y hecho deporte”, le cuenta a Clarín Paolo Danpher Trigoso, un preparador físico que nació en Perú y vive en el país hace 25 años.

“Me cautivó de inmediato, así que decidí empezar a difundirlo. En Córdoba hay gente que lo juega hace tiempo, pero no en la Capital Federal. Por eso hace un año decidí formar el primer equipo de dodgeball en Buenos Aires”, agrega Danpher, hoy entrenador y principal impulsor de la disciplina.

Las reglas básicas del juego son conocidas por todos: el objetivo principal de los seis jugadores es eliminar a todos los integrantes del equipo contrario golpeándolos con pelotas, forzándolos a salirse del perímetro o atrapando una de las pelotas lanzadas por los rivales.

“Me re gustó la primera vez que jugué. La mejor sensación es tirar fuerte con la mano y pegarle a otro”, dice Adrián Duarte, de 17 años, una de las figuras del equipo. Él y su amigo Héctor Ortiz, de 16, son dos de cuatro chicos de la villa 1-11-14 que Paolo logró reclutar para el seleccionado durante una visita a su escuela.

Justamente, uno de los fines del entrenador es que el quemado sea un modo de inclusión y por eso intenta cautivar a jóvenes de barrios carenciados para que se sumen a las prácticas. “Cuando veo chicos vendiendo en la calle les pregunto qué hacen los sábados. Es gratis. Me emociona que se sumen, me llena el corazón. Mi sueño es que conozcan otras culturas y puedan salir de su situación a través del deporte”, comenta Danpher, que ahora trabaja en busca de dos grandes objetivos: conseguir un predio para que los chicos se entrenen y armar una liga local.

“Lo bueno del quemado es que es inclusivo. Lo pueden jugar hombres y mujeres de todas las edades y con cualquier fisonomía. Es muy sano y dinámico. Además, se puede practicar casi en cualquier lado, porque la cancha es chica”, agrega Diego Bertola, presidente de la flamante Federación de Dodgeball de Buenos Aires, quien meses atrás recibió la propuesta de Paolo para darle un marco oficial a la práctica del quemado. En su carácter de presidente del Club Viejos Muchachos de Newell’s (Parque Chas), Bertola avanzó con las gestiones y consiguió el respaldo de la Federación Metropolitana de Clubes (Femec) para formalizar al equipo. No sólo eso: también recibió apoyo logístico y material deportivo de la Asociación de Dodgeball de Canadá, adonde en octubre próximo se disputará el Mundial. El seleccionado argentino, claro, está invitado.

“Nuestra meta es poder viajar para representar al país contra los mejores seleccionados del mundo. Para eso necesitamos sponsors o algún tipo de apoyo económico. Los chicos están listos e ilusionados”, comenta Bertola, que hasta deja un número de teléfono de contacto (1165618087) para cualquiera que quiera sumarse al equipo pueda hacerlo. NR


Fuente consultad: Clarín

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