Buenos Aires, 23/09/2017, edición Nº 1774

Disminuyeron los controles de alcoholemia en la Ciudad

  (CABA) Cualquiera que circule por las calles y avenidas porteñas o bonaerenses podrá advertir que los controles de alcoholemia vehiculares parecen haber pasado de moda. O son cosa de la noche, del fin de semana, del verano o de algunos pocos puntos cercanos a boliches. Como si los conductores que beben más de lo permitido sólo tomasen al caer el sol, en determinados días o cuando salen a bailar....

 

alcohol

(CABA) Cualquiera que circule por las calles y avenidas porteñas o bonaerenses podrá advertir que los controles de alcoholemia vehiculares parecen haber pasado de moda. O son cosa de la noche, del fin de semana, del verano o de algunos pocos puntos cercanos a boliches. Como si los conductores que beben más de lo permitido sólo tomasen al caer el sol, en determinados días o cuando salen a bailar.

A nivel oficial es difícil, sino imposible, determinar si bajaron, subieron o se mantuvieron estables los operativos que se realizan porque ya no los centralizan las policías sino cada municipio, donde las cifras no se difunden cuando no son convenientes.
Sin embargo algunas fuentes permiten establecer un panorama. Sergio Levin, el papá de Lucas, uno de los jóvenes muertos en la tragedia de Ecos (donde el alcohol fue uno de los causantes), y ahora especialista en Seguridad Vial, no lo duda y dice tajante: “No hay, no se hacen”, afirma (ver más en la columna de opinión) a Tiempo Argentino.

Una consulta a los principales proveedores de alcoholímetros –todos equipos importados– lo corroboró. El directivo de una de esas empresas agregó que la baja se nota más “claramente” en el distrito bajo gestión de Mauricio Macri. Otro ejecutivo sumó como explicación que algunas comunas prefirieron delegar esta función en la Agencia Nacional de Seguridad Vial, un organismo del Ministerio del Interior y Transporte que sólo fiscaliza la ingesta de alcohol en rutas nacionales. Un tercer elemento es que la entrega de equipos se demora por un engorroso reglamento que regularía las condiciones técnicas de los alcoholímetros.

En la Ciudad de Buenos Aires, el Ministerio Público Fiscal –que interviene ante un caso positivo– registra los siguientes números: 2454 infracciones en 2007; 2192, en 2008; 2424, en 2009; 1939, en 2010; 2189, en 2011; 1815, en 2012; y 1994, el año pasado. Si se dividen esos números por la cantidad de días del año da un promedio por jornada de seis conductores que habían bebido más de lo permitido. Parece exiguo si se tiene en cuenta que la el territorio porteño tiene 200 kilómetros cuadrados y la cantidad de vehículos que circula, entra y sale las 24 horas, se cuenta por millones.

No arroja mayores expectativas la información oficial que entregaron a este diario en la subsecretaría de Transporte, de la cual depende la Dirección General Cuerpo de Agentes de Control de Tránsito y Transporte, que hace los controles de alcoholemia. El documento sólo contiene datos de los últimos dos años y registra un leve incremento: de 160.244 en 2012 se pasó a 180.119 el último año, con un total de 1273 y 1569 positivos, respectivamente. Más allá de que el total de infractores difiere de lo informado por el MPF, la cantidad de operativos sigue siendo baja. La propia dependencia asegura que tienen ocho puestos de control de lunes a viernes y diez los fines de semana y feriados, siempre de noche.

Curiosamente, en la página de Internet de la subsecretaria de Transporte, al mando de Guillermo Dietrich, se habla de cien operativos que se realizan en horario diurno y nocturno. El área de Dietrich tomó estos controles en 2012. Hasta 2011 los realizaba el Ministerio de Justicia y Seguridad que entonces y ahora conduce Guillermo Montenegro. Ese año la cantidad fue de 294 mil, con lo cual, en los últimos tres años hubo una baja en los controles de alrededor del 40 por ciento.

No fue posible que Dietrich u otro funcionario de la dependencia explicara la razón de la baja –tardaron 13 días sólo en dar las cifras oficiales– aunque sí la había dado para un artículo del diario La Nación del 18 de septiembre del año pasado. “Los operativos son cada vez más efectivos y ésa es una de las razones por las que bajan los números –señalaba Dietrich al matutino–. Estamos convencidos de que los números se deben a los cambios de hábitos y a una cuestión de control, uno no se da sin el otro. En los países desarrollados casi no hay controles. Cuando evoluciona la conciencia de la gente se genera un cambio de hábito y deja de ser necesario controlar tanto”.

Sin embargo, la propia información oficial desmiente a Dietrich: aumentaron los controles y también los resultados positivos.
En la misma nota Dietrich también justificaba el horario de los controles, que “se hacen de noche porque el alcohol y la conducción están presentes a la noche” y refuerza la justificación de la cantidad en una cuestión matemática: “Si quisiéramos tener un control cada cinco cuadras necesitaríamos 10 mil agentes, y es imposible”.

 

Lo que está permitido

El límite máximo de grados de alcohol en sangre es de 0,20 para los motociclistas; 0,50, automovilistas y cero en principiantes y profesionales (transporte de pasajeros y vehículos de gran porte). Se calcula que para alcanzar esos niveles, la persona debe haber consumido dos copas y media de vino, o una medida de whisky, una caipirinha, o tres chopps de cerveza, pero todo depende del cuerpo de la persona (metabolismo, peso, alimentación, etcétera) y el tiempo transcurrido desde la ingesta.

Prueba para escolares

El 28 de febrero del año pasado, cuando comenzaron las clases en las aulas porteñas, se inauguró una prueba piloto con nuevo sistema de alcolocks en 100 transportes escolares. Se trata de un dispositivo con un sensor similar al de los alcoholímetros utilizados por los controles de alcoholemia de los agentes de tránsito. Para poder encender el motor del colectivo, es necesario que el conductor exhale en el aparato. En caso de que el resultado sea negativo, arranca. Cada seis meses rotan a otros 50 micros (en marzo será la tercera rotación). La medida se evaluará hasta el año próximo. Si el resultado es favorable, se colocará en todas las unidades habilitadas. De febrero a octubre hubo un solo caso positivo, según la Subsecretaría de Transporte.

Casi un positivo cada seis casos

La Municipalidad de San Isidro realizó en los últimos tres años 6620 controles de alcoholemia en el distrito, de los cuales 1061 dieron positivos. Los operativos son viernes y sábados por la noche, “en lugares estratégicos del partido”.

Comentarios

Ingresa tu comentario