Dínorah Alao, la nueva figura de la Agencia Leandro Rud

Curiosa e inquieta, se define como anti-modelo y anti-porteña, y no le gustan los estereotipos

(CABA) “No soy la típica modelo”, comienza aclarando Dínorah Alao, una hermosa rubia, sencilla y enérgica, que quiere desprenderse del lugar común del modelaje. Ella empezó en el rubro a los 13 años pero hoy, a sus 26 años, desea ampliar el horizonte, por eso, entre otras cosas, estudia Ciencias de la Comunicación en la UBA. Nació en la localidad bonaerense de Salto, pero se crío en Villa Mercedes, San Luis, y a los 19 se vino a vivir a Buenos Aires. Aquí trabaja con Leandro Rud, en la escuela de modelaje, y también hace radio y televisión. Es lo que podría llamarse, sin lugar a dudas, una mujer activa.

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“Para modelar, hay que conocerse mucho a uno mismo. Es una adrenalina muy linda la que se vive: la devolución del público, el aplauso, el piropo”, reflexiona. No es sólo belleza, asegura, es confianza y mucha actitud. “Empecé desde muy chica, la altura y las características físicas me jugaban a favor asi que el comentario era ‘tiene que ser modelo, tiene que ser modelo’. Entonces empecé con concursos [fue Reina de los Inmigrantes a los 16], con pequeños trabajos hasta que tomé la decisión de venir a instalarme a Buenos Aires que es la gran base de la moda”.

0014544675Al ser del interior, cuenta que fue un gran impacto verse en una revista, que sus conocidos le comenten que la vieron, que sus familiares sientan orgullo. La fama. Pero hay algo que no acepta, que no compra, porque se define como anti-modelo y anti-porteña. “Es un estereotipo con el que luche siempre. Al ser rubia vengo luchando con eso de ‘es la rubia hueca’. Siempre hago ese chiste. Cuando me equivoco en algo digo: ‘Uy, perdón, es que soy modelo'”, dice, y agrega inmediatamente: “Somos personas de carne y hueso, tenemos problemas, vamos a trabajar bien todos los días. Si no estás bien anímicamente no quedás en los castings, en publicidades o en trabajo, así que la parte emocional de la modelo es súper importante”.

Ella lo sabe, como le pasa a miles de personas, venir desde el interior deja una marca de fuego: “Las costumbres que tenemos son distintas. El fin de semana no queremos ir al shopping, queremos tirarnos en una plaza o en un parque con verde. Además no vivimos tan acelerados -más allá de que el ritmo Buenos Aires te lleva por la cantidad de horas que se trabaja- tratamos de mantener esas costumbres de un mate mates con amigos, una comida, una reunión. No juzgo al porteño, pero estoy feliz de ser del interior”. Entre sus trabajos, da clases en la escuela de modelaje de Leandro Rud. “Tal vez el rol que ocupo coordinando la escuela es contener y aconsejar a muchas chicas del interior que viene acá. Es bastante complicado venir desde muy chica y sola”.

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A diferencia de lo que todos creen, ser modelo no es un trabajo sencillo. El tema del cuerpo es primordial. Muchas chicas se sobreexigen para lograr el peso ideal, incluso haciéndose mal. “Gracias a Dios tengo muy buena genética porque soy de contextura lánguida y por más que tenga unos kilitos de más siempre parezco más flaca de lo que soy. Al principio me costó mucho por las costumbres del interior: allá estamos acostumbrados a comer milanesas, guisos, asado, estofados. Me costó mucho, lo padecí. Después tuve una etapa que me relajé: lo tomé como forma de vida salir a entrenar y comer sano, pero no soy fanático de los gimnasios ni de ir todos los días a crossfit. Ahora que trabajo en un medio, y si bien es con la imagen, no quiero estar contándome los abdominales”.

El 16 de abril dará dos cursos que ponen foco en la cuestión de la imagen pero también en la confianza y la actitud. Ambos duran una jornada intensiva de 6 horas y la atención va más allá del modelaje: “La mujer real que se interesa en la belleza, más allá de que quieran o no ser modelos, pero quiere aprender a maquillarse o que quieren aprender a caminar en tacos”. NT