Buenos Aires, 19/10/2017, edición Nº 1800

Desorientados: cada vez hay más taxistas que no conocen las calles de la Ciudad

Se debe a la llegada de personas desplazadas de otros empleos, de extranjeros y de una generación joven que se apoya mucho en la guía del GPS.

(CABA) “Si no sé ir a un lugar, me tomo un taxi para que me lleve. Pero me he tenido que bajar porque no sabían el camino. Es cada vez más común, sobre todo conlos taxistas jóvenes.” El relato es de Verónica Kohut, una pasajera habitual de los taxis porteños, pero podría ser de muchos.

La percepción es coincidente entre los pasajeros frecuentes de taxi: cada vez hay más choferes que no conocen la Capital. La llegada al volante de personas desplazadas de otros empleos, de extranjeros y de una generación joven que se apoya mucho en la guía del GPS, junto con exámenes que no consideran la habilidad para recorrer la ciudad, constituyen los principales factores de este cambio cultural, que los representantes del sector admiten por lo bajo.

Como consecuencia de la existencia de conductores más improvisados y de la menor presencia de los taxistas “de raza”, el asombro y la frustración resultan altos entre los usuarios. “Conocen menos la ciudad porque seguramente se largan a laburar sin experiencia y, además, les interesa muy poco aprender”, sintetizó Andrea Alonso.

Otro usuario frecuente, Ernesto Mellerup, dice estar “harto” de decirles a los taxistas el destino al que quiere dirigirse y de que no identifiquen las calles. “Salgo a la medianoche de trabajar, cansado. Ahora directamente les indico el recorrido, sin anticipar dónde me bajo. Se está perdiendo el oficio; creo que la crisis hace que cualquiera maneje un taxi y nadie controla”, explicó.

“A mi domicilio, en Villa Crespo, no sólo no saben cómo llegar: desconocen los giros y los cruces. Vivo cerca de las vías del ferrocarril San Martín, hasta tengo discusiones sobre si se puede girar o no en Dorrego o por dónde entrar. Alguno se excusan amablemente, y casi con vergüenza, diciendo que comenzaron a trabajar hace poco”, describió Micaela Pérez Scheiber.

Consultados taxistas que se dedican al oficio hace muchos años, confirmaron que las deficiencias existen, en desmedro de la calidad del servicio. Pidieron que sus apellidos no se publicaran para no tener conflictos con sus colegas.

Hoy, por Buenos Aires, circulan más de 37.000 taxis, conducidos por 48.000 choferes. Ya no se entregan más permisos para habilitar un auto como taxi, porque las autoridades consideran que la flota existente es suficiente para la ciudad. En el mercado, una habilitación se cotiza en alrededor de $ 200.000.

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“Uno de los factores es que el único requisito para conducir un taxi es tener la licencia profesional. Y luego rendir exámenes psicotécnicos y una capacitación que no profundiza en conocimientos sobre la ciudad”, dijo Marcelo.

Según Oscar, otro cambio en el servicio es la incorporación de choferes extranjeros. “Lógicamente, no se hicieron en las calles porteñas. Y no las han recorrido casi nada. Por eso no saben ir de un lado al otro”, sostuvo.

“Los conductores nuevos, más jóvenes, no conocen la ciudad ni les interesa conocerla. Van con el «aparatito», ponen ahí la dirección y se olvidan de aprender”, sostuvo Javier.

El “aparatito” es el GPS, un dispositivo tecnológico que puede llenar un bache por desconocimiento, incluso entre conductores particulares, pero que en muchas ocasiones no brinda la opción más acertada, en una Buenos Aires de arquitectura cambiante y con habituales protestas callejeras.

“Gran cantidad de taxistas dependen absolutamente del GPS y, si se mandan por el camino sugerido y resulta estar congestionado, no les dan las neuronas para elegir una ruta alternativa”, se quejó la pasajera Alicia Senosiain.

Dependencia digital
“Un domingo discutí fuertemente con un taxista que no tenía idea de cómo llegar a la Fundación Proa, en La Boca. Le dije avenida Pedro de Mendoza y como si nada. Finalmente le mencioné Caminito y entonces dijo: «Hubiera empezado por ahí»”, agregó Fabiana Reinoso.

La identificación de sitios turísticos y de interés cultural de la ciudad para su promoción entre los pasajeros residentes o extranjeros forma parte de los contenidos de los cursos de profesionalización obligatorios para choferes que dictan conjuntamente la Subsecretaría de Transporte porteña y los sindicatos.

El entrenamiento también abarca exámenes psicofísicos, capacitación en seguridad vial, normas de tránsito vigentes y atención al usuario. En cambio, no incluye preguntas sobre calles o la enumeración de la cadena de arterias que conducen de un punto a otro de la Capital. Este tipo de prueba sí es realizada para la habilitación de los taxistas en ciudades como Londres o Nueva York, por ejemplo.

A nivel local, las autoridades y los sindicatos se concentraron en dar una respuesta a otro aspecto clave del servicio: la seguridad a bordo. Por eso, todos los choferes están debidamente registrados y no pueden conducir sin poseer licencia profesional y haber superado todas las instancias del curso de capacitación.

“Se suman choferes nuevos cada vez que hay una crisis económica y laboral en el país; históricamente ha sido así. Fueron taxistas personas provenientes de otras profesiones, que podían no conocer cabalmente la ciudad. Pero van aprendiendo. Mientras tanto, la implementación del GPS ayuda a solucionar el problema y alcanzar a los pasajeros al destino que piden”, sostuvo José Ibarra, secretario general del Sindicato de Conductores de Taxis, que nuclea a los choferes titulares.

Pese a las llamadas realizadas al Sindicato de Peones de Taxi, LA NACION no obtuvo respuesta.

Fuente: La Nación

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