Buenos Aires, 12/12/2017, edición Nº 1854

El deseo de éxito: estas son las actividades que quieren desarrollar los chicos de hoy cuando sean grandes

En un contexto escolar en el que todavía hay un camino por andar en materia de despertar vocaciones que tengan salida laboral, los niños sueñan con ser famosos.

(CABA) Una radiografía de los más chicos y sus expectativas de trabajo a futuro muestra que continuar o imitar los trabajos de sus padres o madres, y ganar dinero con actividades vocacionales, imaginando que implican poco esfuerzo y rápido acceso a los bienes de consumo, son algunas de características que los definen.

Entre los sueños de la futura laboral están ser astronauta, veterinario y bailarina. Estas son las actividades que más quieren desarrollar los chicos de hoy cuando sean grandes. No quieren ser maestros, ni policías, ni políticos, según surge de una encuesta realizada entre menores de 4 a 12 años por la consultora Adecco Argentina. Cuatro de cada 10 niños afirman que cuando sean grandes trabajarían en otro país, y la mayoría de ellos se iría a Estados Unidos o a España. Aseguran que saber idiomas es importante para trabajar y la mayoría de ellos se inclina por el inglés.

Al preguntarles qué vestimenta usarían para el trabajo, las respuestas fueron “Traje de Batman y Hombre Araña”, “un jean, camisa y zapatillas” y el clásico “traje y corbata”. En su currículum pondrían: “huelo bien”, “soy bueno, dulce y amoroso”, “muy buen futbolista” y “buen dibujante”.

Entre los beneficios que les darían a sus empleados cuando sean jefes, mencionan mayor cantidad de comida, menos horas de trabajo, más recreos, buen sueldo y una relación de amistad. Para ellos un “buen trabajador” es una persona alegre, con paciencia, sonriente, inteligente y con amor.

A la hora de pensar a quién les gustaría tener de jefe cuando crezcan, la mayoría eligió a Peter Parker (Hombre Araña), Iron Man, Batman, Angelina Jolie y Katy Perry.

Sin una muestra estadística, pero con nueve años en una escuela primaria, la maestra Roberta Garibotti sostiene que los trabajos mejor rankeados, a partir de sus registros en clase son los de futbolistas, arqueros, actores, chefs, dibujantes, veterinarios y diseñadores de moda. “Los chicos manifiestan sus dones desde chiquitos y hablo de don como de ese atributo personal que inclina a la persona a la realización óptima y sobresaliente de alguna disciplina, tarea, actividad, que al mismo tiempo pueda ejercitar con cierta facilidad y, que por ello mismo, suele repetir y disfrutar por lo bien que le sale y lo fácil que le resulta”, dice Garibotti, docente de cuarto grado del Instituto Sagrada Familia.

A eso habría que sumarle la vocación, palabra que viene del latín, del verbo vocare, o llamado, precisa la maestra. Todos tenemos un llamado interior; a veces lo escuchamos, a veces lo callamos, ya sea por cumplir con mandatos familiares, por conseguir trabajos redituables, por seguir negocios familiares”, dice.

Si bien cambiaron los útiles, los manuales o los juegos, la pregunta sobre la vocación y el “qué querés ser” no varió demasiado, asegura. “Por lo general, los niños quieren estar cerca de sus papás y cualquier trabajo que los una a ellos está bien. Los más chicos admiran a sus progenitores, y eligen seguir el camino de ellos”, afirma la docente.

Siguen existiendo niños que quieren ser astronautas, veterinarios, futbolistas, actrices, salir en la televisión “o que quieren seguir las profesiones de sus padres porque, a diferencia de generaciones anteriores, esto no está mal visto”, afirma la socióloga y psicóloga Claudia Messing.

Como la Convención de los Derechos del Niño de las Naciones Unidas establece claramente la prohibición de que los chicos trabajen (en la Argentina está prohibido para menores de 16 años), la escuela no es un lugar que fomenta la idea de trabajar activamente, pero sí el desarrollo y la promoción de los intereses vocacionales.

El fomento de los intereses de un niño “se logra a través de actividades que promuevan el hacer, el sacar conclusiones teóricas a través de la práctica y no sólo del estudio intelectual, y lo logran fundamentalmente los maestros y profesores que más aman sus carreras y logran transmitir su entusiasmo y su vocación”, dice Messing

Las ganas de ganar plata, de ser famosos sin estudiar demasiado están establecidas en la mente de los niños y los jóvenes desde pequeños, y muy rápidamente asocian la plata a la posibilidad de acceder al bombardeo de los bienes de consumo que ofrecen los medios de comunicación”, explica.

Con los padres, pares
Messing, que investiga desde los 90 la “simetría del niño con el adulto como cuestión psíquica estructural”, sostiene que esa simetría, como posición de igualdad con los padres “obtura lamentablemente la posibilidad de significar la palabra de los progenitores y se pone a la par”. Los chicos que viven en este siglo, sostiene, se sienten simétricos a sus padres. “Dicen, piensan y actúan la paridad psíquica con sus padres, o se hiperexigen poder todo solos, y ser perfectos desde la más tierna infancia” .

Copia masivamente al adulto y no tiene incorporada la jerarquía “grande-chico“. Se confunde con el adulto; tiene la certeza de que nada le falta para ser un igual. “En la misma proporción se produce la frustración, cuando comprueba que no era tan fácil como creía”, comenta.

Explica que el niño “los copia masivamente” como si estuviera frente a un espejo y queda posicionado en paridad con el adulto, pero lo que tiene de particular es que no se termina de separar, lo que la especialista define como “de individuar”.

“Cuenta con sus padres como si fueran su mano o brazo ejecutor. Espera de ellos una correspondencia total con lo que siente y piensa, que luego proyecta hacia el mundo externo. Al mismo tiempo, como no se termina de separar suficientemente, le cuesta encontrar su propia identidad. Se siente omnipotente, cree en la completitud, en la perfección, en que todo es posible -o debería serlo- y si no lo logra siente un profundo sentimiento de fracaso, de error, como si estuviera fallado”, afirma.

Cuando son niños, esa intolerancia al error hace que se bloqueen, que se inhiban. Se enojan, se angustian, se desinteresan, se ponen furiosos, se ofenden, compiten de igual a igual con sus hermanos más grandes y con sus padres. Se sienten fracasados ante el primer error o dificultad, y cuando crecen muchos abandonan sus propios proyectos”, señala.

Poca tolerancia a la frustración
Lo mismo ocurre con los jóvenes a nivel vocacional: en cuanto se encuentran con dificultades creen que el problema está en la elección de la carrera, y no en la intolerancia a la frustración, entonces buscan otra y otra carrera donde se puede repetir la misma sensación de fracaso o insatisfacción.

En el tema de lo vocacional pasa algo muy específico con los jóvenes. Pueden presentar intereses muy definidos que aparecen muchas veces desde la primera consulta vocacional por la gran capacidad de absorción de información que tienen por parte de sus familias y del contexto, pero se sienten muy inseguros, porque es un saber incorporado a través de la mimetización, del contagio emocional.

“El problema no está, como muchas veces se piensa, en la multiplicidad de carreras. Los chicos se mueven como peces en el agua en el plano de la información, pero lo más difícil para ellos es estar seguros de su elección porque como son simétricos, se exigen la perfección, la completitud, elegir la carrera que les garantice el éxito, No se permiten equivocarse y pueden dudar meses, no sólo respecto de la carrera, sino también respecto de qué universidad elegir”, asegura. NR


Fuente consultada: La Nación

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