Buenos Aires, 18/10/2017, edición Nº 1799

Desde hace 62 años, la abuela de San Cristóbal con asistencia perfecta

No bien abrieron las puertas del colegio, la mujer de 82 años se presentó en la mesa 1447, entregó el flamante DNI con el que iba a votar y mostró la deteriorada Libreta Cívica varias veces emparchada con la que “debutó” en las urnas en 1951, la primera vez que la mujer accedió a ese derecho. En el Instituto Nuestra Señora del Huerto, en la avenida Independencia 2140, del barrio porteño...

No bien abrieron las puertas del colegio, la mujer de 82 años se presentó en la mesa 1447, entregó el flamante DNI con el que iba a votar y mostró la deteriorada Libreta Cívica varias veces emparchada con la que “debutó” en las urnas en 1951, la primera vez que la mujer accedió a ese derecho. En el Instituto Nuestra Señora del Huerto, en la avenida Independencia 2140, del barrio porteño de San Cristóbal, la abuela exhibió orgullosa ese “trofeo” que había sido emitido el 6 de junio de 1949.

abuel vota paso 2013
(CABA) Con evidentes signos del deterioro producido por más de seis décadas de deambular entre carteras, bolsillos, los cajones de la cómoda y algún monedero, la vieja Libreta Cívica mostraba su resistencia, al igual que su titular sobreviviente de mil batallas.

“Ningún DNI, por más práctico que sea, va a lograr desplazarla, siempre la guardaré”, sostuvo la mujer, que no aparecía dispuesta a dejarse atropellar por los cambios.

“Es una reliquia. Tiene el sello de la primera elección en la que las mujeres tuvimos derecho a voto”, decía en referencia a los comicios del 17 de noviembre de 1951, donde la entonces joven debutó como sufragante y el general Juan Domingo Perón fue reelecto con el 62 por ciento de los votos.

En la primera página del deshilachado documento, cuya numeración comienza con dos millones, figura la fotografía de una joven de pelo ensortijado y moreno que en nada se parece a su portadora, que hoy muestra raleados cabellos absolutamente blancos.

“Aunque por mi edad no es obligatorio votar, para mí cada elección es un día de fiesta y por eso vengo tempranito, para después poder ir feliz a preparar los ravioles del domingo para mis hijos, mis nueras, mis nietos y mis cuatro bisnietos”, contó Luis a Télam.

Necesitó menos de tres minutos para entrar y salir del aula convertida en cuarto oscuro. Tardó más en desplazarse a causa de una inoportuna y molesta artrosis que en elegir la opción electoral. Llevaba la boleta en el bolsillo.

Poco importaba por quién había sufragado la bisabuela. Su cara de satisfacción evidenciaba que era una mujer feliz. Habían pasado 62 años desde su primera votación cuando apenas era una muchacha.

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