Buenos Aires, 26/09/2017, edición Nº 1777

Descubren entrevista al fundador de Villa Gesell hecha hace más de 30 años

Un imperdible reportaje publicado en la guía turística “Atlántida Argentina” de 1967. 

(PBA) Aquí la gente llega sin selecciones caducas. En la naturaleza se anulan los polos y las diferencias. Yo pienso que una persona que no se ha echado a perder por un exceso de civilización, debe buscar la naturaleza. Soy naturista”. Con ese párrafo comenzaba la transcripción de un reportaje que el periodista Raúl Izaguirre le había hecho a Carlos Gesell en 1967 para la guía turística “La Atlántida Argentina”.

Se trató de una de las pocas ocasiones en las que Carlos Gesell concedió entrevistas periodísticas. La misma fue publicada en noviembre de ese mismo año no sólo en la mencionada guía, sino también en un diario de General Madariaga.

El hallazgo se suma al de la extensa entrevista publicada en 1973 por la Revista Gente. Si bien este nuevo texto es más breve que el anterior, su contenido resulta francamente imperdible.

Allí, el fundador de nuestra ciudad habló de los primeros trabajos de forestación, el crecimiento urbanístico de la Villa, su padre, la composición social de las poblaciones originarias, los turistas de aquellos tiempos, la posibilidad de una ruta asfaltada, sus hobbies y sus sueños.

LA TRANSCRIPCIÓN TEXTUAL DE LA ENTREVISTA:

– Señor Gesell: ¿A qué se dedicaba usted antes de 1931?
– Era socio administrador de Casa Gesell en Buenos Aires.

– Desearíamos conocer quiénes acompañaron a usted en los primeros trabajos de forestación de la villa.
– Los peones. Comencé trayendo una carga y dos peones. Recuerdo que llegué un domingo. A los pocos días los dos peones se presentaron en Casa Gesell para decirme que no querían quedarse más, porque habían visto un oso y tenían miedo -sonríe y aclara habrá sido un carpincho-. Tuve que buscar otra gente por Madariaga. Ellos y yo comenzamos a plantar con mucho trabajo y poco éxito. Un tiempo después traje de Alemania una persona con experiencia en la fijación de médanos en África. Trabajó unos dos o tres años. Resultado malo. Cuando se fue de aquí, lo último que dijo fue que abandonara todo intento porque era imposible fijar esos médanos. En 1936 tomé las riendas del asunto. Disolví la sociedad que tenía con mi hermano (Casa Gesell) y me vine aquí, porque el aire me gustaba más que el de Buenos Aires, no obstante su nombre. Pude ver con mis hijos la erosión del viento sobre la arena, cómo actúa y qué debe hacerse para evitar el movimiento de la arena. Son tres las posibles destrucciones: 1) la arena choca con las plantas y las destruye; 2) la arena cubre el vegetal; y 3) el viento socava la arena y deja al aire las raíces. Pude observar y corregir. Fui amante de las plantas. Además, quienes me acompañaron y me ayudaron mucho fueron buenos textos en alemán e inglés.

– Es opinión generalizada que la Villa ha crecido en longitud, paralelamente al mar, no en profundidad. Existen críticas urbanísticas al respecto. ¿Qué podría usted decirnos sobre el tema?
– Es así porque la gente quiere estar cerca del mar. Las tierras se están vendiendo en un frente de seis kilómetros, paralelos a la costa. Ya habrá tiempo para vender hacia adentro.

– Nos interesaría conocer los antecedentes históricos sobre el nombre que lleva la Villa.
– Se llama así por don Silvio Gesell, mi padre. Por sus libros y enseñanzas sobre economía. Él ha hecho mucho bien a la Argentina. En 1898 publicó un libro “La cuestión monetaria argentina”, donde puso de manifiesto los desaciertos del gobierno de Juárez Celman en la política monetaria; una desmedida emisión llevó al país a una severa crisis. Silvio Gesell, insinuó la ley nacional de conversión.

– ¿Cómo caracteriza usted al turista de Villa Gesell?
– Acá residen las fuerzas vivas de la población: industriales grandes y pequeños profesionales, comerciantes, hombres de cultura, juventud con ganas de vivir. No hay, salvo África y Australia, pueblo que no esté representado en la Villa. Especialmente gente del norte de Europa, noruegos, suecos, finlandeses, austríacos, alemanes y también, por supuesto, de cualquier parte de América. Aquí la gente llega sin selecciones caducas. En la naturaleza se anulan los polos y las diferencias.

– ¿Cuál sería el mejor proyecto para la construcción de una ruta asfaltada a la villa? ¿Qué piensa del camino de la costa?
– El camino más corto, es decir Dolores, General Conesa, Madariaga, Villa Gesell. Pero yo pienso que el asfalto, por cualquier parte que llegue es bueno, sobre todo si es rápido. Por eso estoy apoyando la ruta asfaltada, que saldría a unos kilómetros de Pinamar, que es el nuevo camino costero que permitirá también brindar acceso a los balnearios situados al norte de Villa Gesell. Por ahora considero que el mejor camino para llegar a la Villa es la consolidada Ruta 11, de Madariaga, Juancho, Gesell, porque se puede utilizar todo el año, con cualquier tiempo y es nueve kilómetros más corto que por Pinamar.

– ¿Usted imaginó en 1931 que la compra de este sobrante fiscal que hoy es Villa Gesell, habría de concluir en esta realidad, o fueron otros sus propósitos e ideales?
– Sí, exactamente así lo pensé y lo realicé.

– ¿Qué tipo de vida lleva usted?
– Yo pienso que una persona que no se ha echado a perder por un exceso de civilización, debe buscar la naturaleza. Soy naturista. Duermo mucho. No fumo. Casi no tomo alcohol. Sólo una bebida, se puede decir nueva, cuya receta traje de Estados Unidos: vinagre de manzanas, miel y cinco partes de agua -aquí se levanta y ofrece un vaso al cronista, que comprueba que es verdaderamente buena-. No voy a bailes. No trasnocho. Antes de que vaya la gente, me voy a bañar al mar muy temprano. Leo ciencias, no literatura. Y lo que es muy importante estoy acompañado de una mujer que no me da dolores de cabeza y que me ayuda en lo que puede. Este es un factor de mucha importancia.

– Además de crear balnearios, ¿cuál es su principal hobby?
– Mirar los colibríes desde mi escritorio.

– ¿Qué mensaje querría transmitir a sus compatriotas y continuadores de su trascendental obra?
– Que no renuncien, apresuradamente, ante las primeras dificultades. Yo he debido vencer muchas dificultades. Algunas me llevaron al borde de abandonar la tarea. Sin embargo, analizando la obra, he reparado en los errores cometidos y he corregido la dirección. Hoy el resultado está a la vista.

FUENTE: Pulso Geselino

S.C.

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