Buenos Aires, 22/09/2017, edición Nº 1773

De París a Buenos Aires en cinco esculturas

Pueden encontrarse en la Ciudad

Aun pueden encontrarse dispersas en la Ciudad, cinco esculturas que supieron habitar el Pabellón Argentino de la Exposición Universal de París a 100 años de la Revolución Francesa.

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(CABA) Fue el símbolo de una Argentina rica y ostentosa, pero con demasiados pobres. Y supo lucirse junto a la Torre Eiffel en la Exposición Universal de París, cuando se celebraba el primer centenario de la Revolución Francesa. Aquel Pabellón Argentino que ocupó 1.600 metros cuadrados de terreno tuvo un final poco feliz: fue traído al país, durante un tiempo estuvo en la Plaza San Martín, pero terminó desguazado y hundido en la historia. En la última semana se supo que algunas partes de aquella estructura monumental, que habían integrado una herrería en Mataderos, están en un campo en Berazategui y a la venta. No es lo único que quedó: otras piezas escultóricas del Pabellón, aunque poco valoradas, aún sobreviven en la Ciudad.

Entre los tantos elementos lujosos que tenía, el Pabellón Argentino (realizado en 1889 bajo un proyecto del arquitecto francés Albert Ballú) presentaba en cada esquina grupos escultóricos hechos en bronce. Eran obra del reconocido escultor francés Louis-Ernest Barrias (1841-1905) y habían sido realizados en el taller de los hermanos Thiébaut, una tradicional fundición parisina que fue famosa en el siglo XIX y el primer cuarto del XX. Desde 1851, aquella empresa se dedicaba a la fundición de objetos de arte bajo la dirección de Victor Thiébaut, nieto del creador de esa dinastía de artesanos. La fundición existió hasta 1926.

Justamente, en ese lugar se hicieron esos cuatro grupos escultóricos que todavía enaltecen el patrimonio artístico de Buenos Aires, aunque muchos lo ignoren. Dos aludían a “La Navegación”; los otros dos, a “La Agricultura”. De los primeros, uno está en Avenida de los Incas y Zapiola (en Belgrano R) y el otro, en el centro de la plaza Sudamérica (la rodean las calles Guaminí, Itaquí, comandante Piedrabuena y la avenida Fernández de la Cruz), en el barrio de Villa Riachuelo. Los dedicados a “La Agricultura” se mantienen en el cruce de avenida San Isidro y Paroissien (Núñez) y en Riestra y Leguizamón (Villa Lugano).

Otra obra de lo que fue el Pabellón también sigue en la Ciudad, aunque no tan expuesta. El grupo escultórico se titula “La República Argentina” y estaba originalmente sobre el pórtico principal. Es obra del escultor francés Dominique Jean-Baptiste Hughes (1849-1930). Su figura central, una joven mujer apoyada sobre una vaca, tiene alegorías a la industria, el comercio, la agricultura, la ganadería y hasta el ferrocarril. Se encuentra en el Patio de Honor de la Escuela Técnica Raggio, en Avenida del Libertador junto a la Avenida General Paz, en Núñez. Igual que los cuatro grupos que están en otros barrios, fue instalada allí en 1934.

El Pabellón Argentino no sólo había sido diseñado y adornado por franceses. También todos sus materiales debían ser de ese origen, una exigencia de los organizadores de la Exposición. Lo que impusieron las autoridades argentinas fue la decisión de que fuera desarmable para después poder traerlo al país. Y para duplicar su superficie, le pusieron una segunda planta. Lo inauguraron el 25 de mayo de 1889 (justo ayer se cumplieron 125 años). En febrero de 1890 lo desarmaron y luego esas 1.690 toneladas fueron cargadas en el puerto inglés de Liverpool en una barca llamada Ushuaia . Llegó a Buenos Aires en noviembre de 1890.

Originalmente toda la estructura había sido embalada en 6.000 bultos. Pero en el viaje, una fuerte tormenta afectó a la barca y se tomó una dolorosa decisión: se tiraron al mar unos paneles que había pintado el virtuoso Paul-Albert Besnard (1849-1934), un destacado pintor, diseñador y escritor. Aquellas obras que terminaron en el fondo del Océano Atlántico fueron una especie de premonición sobre lo que iba a ocurrir con el resto del Pabellón Argentino. Pero esa es otra historia.

Fuente: Clarín

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