Buenos Aires, 14/12/2017, edición Nº 1856

Darío Sztajnszrajber, el filósofo del pueblo

(CABA) Su apellido es tan difícil de pronunciar para los de habla castellana que inspiró el título de su programa en la radio de las Madres: “El innombrable“. Dice que, según una acepción de sus nombres y apellido, Darío Gabriel Sztajnszrajber, él sería “el que busca el anuncio escribiendo sobre la piedra“. Se divierte pensando que usa esa “piedra” que lleva consigo para, mediante el pensamiento filosófico, demoler las respuestas...

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(CABA) Su apellido es tan difícil de pronunciar para los de habla castellana que inspiró el título de su programa en la radio de las Madres: “El innombrable“. Dice que, según una acepción de sus nombres y apellido, Darío Gabriel Sztajnszrajber, él sería “el que busca el anuncio escribiendo sobre la piedra“. Se divierte pensando que usa esa “piedra” que lleva consigo para, mediante el pensamiento filosófico, demoler las respuestas armadas que prescriben conductas. En diálogo con el diario La Nación afirmó adherir al “modelo de país del Gobierno“, pero no se considera “un filósofo K“. Por estas horas se prepara para encontrarse en Mar del Plata y Pinamar con los lectores de su primer libro mientras termina de darle forma al segundo que se publicará este año. Esa nueva obra abordará uno de los temas que más lo inquietan: la otredad, es decir, la relación con el otro a partir de experiencias como el amor, la amistad, la comunidad… Aquí algunas de sus reflexiones.

-La academia, que ve a la docencia como una forma bastarda de hacer filosofía, considera su divulgación directamente una basura. Sin embargo, docencia y filosofía van de la mano. El aula para mí es un lugar donde se produce el hecho filosófico de una manera inédita, sobre todo cuando genera la circulación de la pregunta y los alumnos empiezan a discutir y cuestionar. Trabajo para bajar la filosofía a lo cotidiano sin que la filosofía pierda rigor.

-Las tecnologías siempre interactuaron con nuestras preguntas existenciales. Hoy la pregunta sobre lo aparente y lo real es más fuerte que nunca. ¿Y quién la pensó? Platón, en la Alegoría de la caverna hace 2500 años. Esa alegoría parece haber sido escrita para el mundo de la informática. La genialidad de Platón está en esa intemporalidad de sus temas. La pregunta de la filosofía que desacomoda, que genera un paréntesis en el sentido de lo útil, es una pregunta que siempre se puede hacer, esté uno frente a una notebook o a un televisor.

La diferencia entre un ateo y un creyente hoy hace agua. En la medida en que se ha puesto en crisis lo que se llama el paradigma de la verdad… Cualquiera puede tomar posturas extremas, pero se está visualizando que muchos textos que vienen de lo religioso son disparadores para hacer filosofía, más allá de que uno crea o no. Muchos relatos bíblicos son fascinantes para repensar qué es lo humano, el poder, la libertad. Por ejemplo, la historia de Adán y Eva se puede analizar, desmarcándole de toda metafísica, para pensar el poder. En definitiva, Adán y Eva se pelean con Dios por una cuestión de poder. Creo que las infinitas interpretaciones que se pueden hacerse de un texto lo hace crecer.

-Me interesa ligar el poder con el mundo de hoy, con la informática, con los consumos. Por eso sigo mucho la biopolítica, que comenzó Foucault y que propone repensar las relaciones entre el poder y la vida. Siempre hay relaciones de poder. Antes de esta charla, el fotógrafo me indicaba cómo ponerme para la foto. La filosofía propone conceptualizar qué tipo de relación de poder se da en este caso y qué es el poder en una situación como ésta. Desde la filosofía deconstructiva, con la que me identifico, me interesa mostrar que esa forma de ejercerse el poder es una de las tantas. Es decir, y ésta es la clave del libro ¿Para qué sirve la filosofía?, que todo puede ser de otra manera y que hay en la vida cotidiana una forma de ver las cosas que se instala como si fuese la única posible. La tarea de la filosofía, entonces, es resquebrajar los sentidos comunes dominantes y mostrar otras perspectivas.

-Nacer para morir ya genera angustia, pero la sociedad de consumo trata de taponar esa angustia porque considera que nos debilita. Vivimos una sociedad de la rapidez y de la eficiencia que hace de la angustia algo negativo que tenemos que sacarnos de encima. Sin embargo, cuando uno se pone a pensar cuestiones existenciales como quiénes somos o de dónde venimos, necesariamente irrumpe la angustia por la imposibilidad de alcanzar verdades últimas. Y esta angustia es muy creativa porque produce una especie de locura creativa por tratar de encontrar una respuesta a lo imposible.

-En la búsqueda de sentido, la filosofía cae en una interesante paradoja: busca un sentido que sabe que nunca va a alcanzar. Sabiendo que no hay un sentido último lo sigo buscando y ésa es la paradoja existencial de la condición humana. Nuestra búsqueda tiene valor en tanto búsqueda y no en tanto hallazgo de una respuesta. La filosofía no resuelve problemas, los crea.

-La muerte, el dejar de ser, me resulta asombrosamente insoportable, pero más aun me resulta el haber nacido. Me parece una cosa increíble que de la nada seamos, que este ser que somos implique un proyecto, o sea, tener que hacer algo con lo que somos y que, cuando más o menos uno sabe qué quiere, la vida se terminó. Esa historia de la vida me parece increíble.

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