Buenos Aires, 19/11/2017, edición Nº 1831

Daniel Mazzolini, el tachero de los famosos de Mau-Mau

Un personaje...

Daniel Mazzolini, que supo ser alguna vez, el conductor designado de Mau-Mau, refrescó las historias de los distintos famosos que pasaron por el mítico boliche porteño. Cristina Onassis le dio 500 dólares por llevarla. “En esa época, comías medio año”, contó el chofer.

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(CABA) Era una noche más en la convulsionada década del 70 en nuestro país. Como de costumbre, Daniel Mazzolini manejaba su taxi por las ca­lles porteñas. Cuando, de re­pente, un hombre lo paró y le pidió que lo llevara a Mau Mau. ¿Quién era el persona­je en cuestión? Alberto Lata Liste, el dueño del recorda­do boliche de la calle Arro­yo, donde gustaban de pasar sus horas los integrantes de los más altos estratos de la sociedad de aquel entonces. Sin saberlo, hizo el viaje que lo convertiría en el “conduc­ tor designado” del lugar. Cuarenta años más tarde, re­cuerda con gusto aquellas noche de Recoleta.

“Me subió un señor a la madrugada y me pidió que lo lleve a Mau Mau. Cuando llegamos, me invitó con él a tomar unos whiskies, pero yo le dije que no todo el mundo entraba ahí. De repente, Fraga, el famoso portero del lugar, abre la puerta y le di­ce: ‘Hola, Alberto’. Era Lata Liste, el dueño del lugar. Le dijo a un tipo de smoking verde laminado que acomo­de el Chevrolet. Eso no me lo olvido nunca. Fuimos a su oficina a tomar algo y, cuando salí, Fraga me dijo que, ya que había hecho buenas mi­gas con Alberto, que fuera después de las dos, que me tiraba los viajes a provincia. Así empezó la historia. Yo era el único taxi que paraba en Mau Mau”, relata Daniel, vecino del partido de Avella­neda. Las anécdotas son miles. Hay que seleccionarlas, co­mo esa que ocurrió en un aniversario del boliche. “Los hombres estaban de smo­king, las mujeres de vestido largo, había fotógrafos para tirar para arriba”, retrata Daniel. “Fraga me dice que lleve a una señora al hotel Plaza, pero que no le cobre porque era amiga de la casa. Llegamos, me pregunta cuánto es y le digo que el taxi estaba pago. Sonriendo, abre la cartera y me da un fajo de dólares. Cuando salgo, lo abro y había…¡cinco billetes de cien! Con quinietos dóla­res, en esa época, comías medio año”.

“Te salvaste”

Naturalmente, su duda pa­saba por saber quién era esta generosa pasajera. Al volver a Mau Mau, le contó la situa­ción a Fraga, quien, con mi­ rada cómplice, despejó su duda: “Te salvaste. A mí por abrirle la puerta me dio dos­ cientos. Acabas de llevar a Cristina Onassis , la hija del magnate griego, Aristóteles Onassis. Ya lejos en el tiem­po, Daniel se sonríe: “Era una de las fortunas más grandes del mundo. La due­ña de miles de millones de dólares en mi taxi”.

Hace años ya que el local se fue de la calle Arroyo. Pero las memorias de uno de los lugares más tradicionales del barrio de Recoleta sigue viva en la memoria de Daniel Mazzolini, el taxista oficial de Mau Mau.

Un café con el ex presi­dente Frondizi

La historia no fue con un pasajero, pero ocurrió cuando Daniel iba por la avenida Santa Fe con su auto. “Al llegar a Juncal, veo que está es­perando el semáforo para cruzar el ex presidente Arturo Frondizi. Bajé, lo encaré y le dije: “Quiero tomar un café con usted, eso sí, pagó yo”. Me res­pondió: “No hay problema, pero dé­jeme invitar a mí”. Mazzolini asegura que tenía la intención de hacerle mil preguntas, pero apenas se sentaron la idea quedó trunca. “En un minuto nos rodeó un montón de gente. To­dos querían hacerle preguntas, algu­nas tomaban la silla y se sentaban al lado nuestro, No pude decirle nada”. El taxista reconoce que se quedó con la ganas de sacarse muchas dudas aunque con semejante gentío no pu­do decir nada.

Autógrafo de De la Rúa para un amigo 

Fueron varios los políticos que pasa­ron por el taxi de Daniel. Cuando ocupaba el cargo de senador, Fernan­do de la Rúa también viajó con él. Aunque el diálogo no fue tan fluido como con otros personajes, aún guar­da un buen recuerdo de “Chupete”. Todavía lo recuerda porque gracias al ex presidente le hizo un regalo a un amigo. Así lo cuenta. “A De la Rúa lo llevé dos veces, desde el Congreso a Montevideo y Guido, que era donde vivía. Yo en aquella época paraba en El Trébol, que era un bar que estaba en Uriburu y Santa Fe. El encargado de ese boliche era un tal García, radical a muer­ te. Mi corazón, en cambio, es pero­nista. Pero le dije: ‘Doctor, ¿me da autógrafo? Pero no lo haga para mí, sino para el señor García’. Enseguida me lo firmó. Cuando le llevé el papel al dueño del bar, no lo podía creer, no entendía nada”.

Ganó un barco, pero nun­ca se lo dieron

Alberto Dodero, reconocido em­presario naviero, fue otro de los pasa­jeros de Daniel. “Voy con un viaje a Aeroparque y me sube Dodero. Cuando íbamos por avenida Corrientes, me indica que cuando llegue a 25 de Mayo doble a la izquierda’”. Le contesté que no se podía, que había que girar a la dere­cha.“Nene, te juego un barco mío contra el taxi tuyo que se puede do­blar. Al minuto quedó en claro que yo tenía razón. “¿A qué dársena voy a buscarlo?”, le dije. “¿Hace cuánto que la cambia­ron de mano?”, preguntó, incrédulo, el hombre de negocios. “Hará 15 dí­as”, le contesté. Pese a que lo acusó de haberle “ganado con trampa”, Mazzolini concluye diciendo que “el barco no me lo pagó nunca, pero me dio una buena propina”.

Fuente consultada: Crónica

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