Buenos Aires, 16/12/2017, edición Nº 1858

¿Cuáles son las nuevas salidas de los jóvenes porteños?

Interesantes y extrañas.

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(CABA) Buenos Aires se distingue a nivel mundial por su oferta cultural que, aunque parezca imposible, se vuelve cada vez más amplia. Las nuevas generaciones son testigos de un abanico de opciones de salida cada vez más grande y disparatada. Desde clubs para romper objetos y descargar tensiones hasta raves de música electrónica y yoga expanden el nuevo horizonte cultural porteño.

Mundo Lingo: Entre tragos, lecciones prácticas de idiomas

No se sientan incómodos, todos están por lo mismo. ¿De qué países son?” Así arranca la noche en Mundo Lingo, espacio gratuito para divertirse y practicar idiomas que pisa fuerte en Buenos Aires: calculan que por mes asisten más de 2.000 personas. Nació hace unos tres años en la Ciudad y hace unos meses se exportó a Londres y Montreal, entre otras. Mundo Lingo –esta última palabra que proviene del esperanto y, según los organizadores de la movida, alude al encuentro a través de justamente los idiomas– funciona en distintos bares del Centro porteño y cada vez atrae a más gente mediante las redes sociales y el boca a boca. “A Benji, londinense que vivía en Argentina, se le ocurrió este espacio para facilitar las charlas”, le explicó Miguel Raspanti, su organizador, en un local de Santa Fe, cerca de 9 de Julio. Y mientras se oían susurros incesantes de italiano, alemán, francés y otras lenguas, aclaraba: “No sólo se pueden practicar idiomas, también sirve para crear lazos, y que los extranjeros puedan tener un lugar de referencia e incluso llevarse consejos sobre dónde ir o qué evitar”. “Es la primera vez que veo algo así y me encanta”, afirmó Nick Spencer, australiano de 34 años.”Es mi salida preferida, totalmente distinta: si cerrás los ojos, no sabes si estás en tu país, Europa o Asia. No conozco otro lugar que te transporte así”, agregó Florencia Smith, argentina de 25 años. “Salen conversaciones interesantes y eso es lo que tiene de diferente a un boliche, donde la gente va a bailar o a encarar. La idea de intercambio de experiencias y reforzar los idiomas es un combo que me resulta muy divertido y original”, apuntó Mariano Cáceres, porteño de 22. Los organizadores entregan stickers con banderas como símbolos de los idiomas que habla cada persona. Cuentan que tienen de más de 130 países y aún así, casi siempre alguno falta. “Es que han venido hasta desde Afganistán –comentó Raspanti–. Además, contamos con banderas de comunidades lingüísticas, como la flamenca o la gallega, entre otras”. Hay que ponerse cada sticker en la solapa con un orden: el que se pega más arriba es aquel que representa el idioma nativo y luego se van sumando de mayor a menor conocimiento. Las reuniones se hacen martes, miércoles y viernes a partir de las 21. En general, ofrecen happy hour y pizza gratis los viernes. Para mayor información se puede visitar mundolingo.org/buenos_aires.

Club Silencio: Ojos bien cerrados, oídos atentos

De día, la casa, ubicada en el corazón de Villa Crespo, pasa inadvertida entre los negocios y el trajinar de la gente. Pero cada viernes, cuando la noche se acerca, sobre Loyola, se agrupa poco más de una veintena de personas y pronto la vivienda se transforma en el Club Silencio, sede de un espectáculo que apunta a estimular la imaginación sobre todo a partir de lo auditivo.

La idea nació hace seis años, como un juego. Reuní amigos y les pedí que se taparan los ojos. Les gustó y a medida que pasó el tiempo fui puliendo la experiencia”, contó Shoni Shed, su creador. En total, 6.000 mil personas ya la disfrutaron. Comienza a las 23, cuando extraños personajes, como salidos de una película más rara aún, reciben al público –hasta 28 personas– y lo van guiando por el lugar. Una vez que tienen los ojos cubiertos, se estimulan los demás sentidos, también con olores. La experiencia es difícil de clasificar. Por ejemplo, hay momentos en los que parece que se tratara de un recital en vivo mientras que en otros prima la idea de experimentar de manera más integral. “Lo que pasa es que básicamente se trata de ver qué hay dentro de la cabeza de uno”, resumió Shed, quien compone la música. “La gente reacciona de forma diversa: se emociona, llora, se levanta, canta”, agregó.

A mí me encantó porque me pareció distinto a todo”, apuntó Gonzalo Zuir, de 27 años. Marcela Díaz, de 38, agregó: “Las opciones suelen ser ir a un bar, un boliche, al teatro. Lo que tiene Club Silencio es que combina disciplinas. Esperemos que este tipo de oferta crezca”. Ya fueron desde chicos hasta abuelos, según apuntó el organizador. “Creo que los más grandes son los que más disfrutan la propuesta. Quizás porque están más adaptados a la rutina y el club rompe con todo eso”, concluyó. Más información en la página de Internet www.clubsilencio.com.ar

The Break Club: las chicas rompen con todo

Los problemas diarios pueden sacar lo peor de cada uno. Para evitarlo, hace dos años apareció The Break Club, un lugar para ir a romper todo literalmente, y relajarse. Desde la firma apuntan una novedad: entre sus clientes frecuentes ahora hay chicas de 20 a 35 años (“suelen llevar fotos de ex o jefes”) e incluso parejas. ¿Por qué? “En cualquier caso, necesitan sacarse la bronca de manera física”, señalan desde el lugar. Funciona en una casa en Palermo pero en el patio, en vez de plantas, hay computadoras y botellas, las futuras “víctimas”. Hay tres cuartos: en el primero, la idea es “ponerse en personaje”, con un mameluco, casco y guantes, y elegir bates. Los artefactos para la catarsis van desde un televisor hasta teclados. Los precios, de $ 100 a $ 500. Y luego, a golpear. Al final, tranquilos: hay un espacio para buscar equilibrio después de la descarga. “Me encantó. Cada uno busca tranquilidad a su modo y éste es genial”, dijo una joven que no quiso dar su nombre ni detalles sobre las causas de la furia que dejaba atrás.

Yoga rave: las fiestas “sanas”, en crecimiento

Sin alcohol ni drogas. Las yoga raves son un invento local, de exportación. Se caracterizan por reunir meditación y hábitos saludables con música electrónica. Estas “fiestas sanas” nacieron en 2009 en la Ciudad y no pararon de difundirse a países vecinos, Estados Unidos y Europa. Cada una dura unas cuatro horas, que se suelen dividir en tres segmentos. Los organizadores explican que todo comienza con una clase de yoga y continúa con meditación para oír los primeros acordes. Toca la banda So What Project!, dúo que basa sus obras en mantras. Los músicos reúnen esos sonidos con varios géneros, desde la electrónica –reina en las raves– hasta el rock. La propuesta cuenta con una barra de tragos energizantes y comida vegetariana. ¿Su público? “Jóvenes de hasta 30 años y familias”. Tom Ford, uno de sus “habitué”, resumió: “¡Me pareció alucinante desde la primera vez que fui! La gente celebra sin estímulos externos, siendo cada cual uno mismo. Es una opción muy interesante para todo el mundo”.

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