Buenos Aires, 15/12/2017, edición Nº 1857

Cuáles serían los beneficios de estirar la adolescencia

Nuevos descubrimientos.

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(CABA) En nuestra época la adolescencia dura más. Algunas personas ven en esto un síntoma de nuestra incapacidad cultural de tomar responsabilidad de nuestros actos, una inmadurez crónica que tiene importantes efectos como puede ser la crisis ecológica global. Pero como toda crisis, este merodeo puede ser una oportunidad.

En las últimas décadas se ha dado una clara tendencia global en la que las personas tardan más tiempo estudiando y se independizan, casan y tienen hijos más tarde en su vida. En Estados Unidos, por ejemplo, los jóvenes de 25 años tienen dos veces más probabilidades de seguir siendo estudiantes y 50% menos de posibilidades de ya estar casados que lo que ocurría al final de los 70.

El profesor Laurence Steinberg, experto en el desarrollo del cerebro adolescente, advierte que existen generalmente dos tipos de reacciones a lo que llama “adolescencia prolongada”. Por una parte algunas personas entran en el modo punitivo y culposo, y suelen castigar a los jóvenes por lo que ven como desidia o falta de asertividad. Por otro lado hay quienes ven en esto una consecuencia de la falta de oportunidades de trabajo –de las dos formas una tendencia por posponer la responsabilidad de la adultez. Eso que en inglés se llama, de manera reveladora, “settling down”, una acepción de asentarse que nos habla de un un movimiento de fijación a la baja a la vez que de un “aterrizaje” o de un enraizamiento. Otra cosa que revela el lenguaje: adolescer significa carecer; la adolescencia es carencia, pero recordemos que de la carencia nace el amor, según Platón, y es ese estado de ausencia e indefinición lo que llama explorar lo desconocido.

La adolescencia prolongada, sin embargo, puede ser algo positivo, si se logra aprovechar ese tiempo. Steinberg explica que durante la adolescencia el cerebro humano tiene mayor plasticidad, lo que hace de esta época un momento de “oportunidad y vulnerabilidad, un tiempo en el que se aprende mucho, especialmente del mundo social… Cuando dejamos la adolescencia, una serie de cambios neuroquímicos hacen que el cerebro sea cada vez menos plástico y sensible a las influencias ambientales. Una vez que llegamos a la adultez, los circuitos neurales existentes pueden ser modulados, pero no pueden ser sobreescritos”. En cierto modo prolongar la adolescencia significa también prolongar el tiempo de aprendizaje y de frescura cognitiva en el que nuestro cerebro experimenta cosas nuevas. Si además, en nuestra época nos preparamos para vivir más tiempo, es lógico también ampliar esta época de asimilación.

Los estudios muestran que al llegar a nuestros 20s, se produce un declive en la búsqueda de novedad que se registra en las conexiones neurales de nuestro cerebro. Esto sugiere “intrigantes preguntas sobre si es posible mantener abierta la ventana adolescente de neuroplasticidad por más tiempo al deliberadamente exponernos a experiencia estimulantes que señalan al cerebro que no es el momento aún de la rigidez de la adultez”. Cuando nos casamos, tenemos un trabajo fijo, una vida decidida entramos en una zona de confort que nos permite relajarnos y enfocarnos en algo pero dejamos de recibir los estímulos de lo incierto y de lo nuevo.

Steinberg teoriza que los eternos adolescentes podrían tener ventajas cognitivas sobre los adultos en sus mesetas. “Estudios muestran que aquellas personas con más altos niveles de IQ, disfrutan de mayores periodos en los que nuevas sinapsis siguen proliferando y su desarrollo intelectual se mantiene sensible a nuevas experiencias”.

Así que si no te has casado, sigues vacilando entre qué hacer, cambias de trabajo y de opinión –más allá de una volubilidad mercurial– e incluso sigues recibiendo algunas atenciones especiales de tus padres, no te preocupes demasiado, tal vez es una señal de que sigues creciendo y si logras mantener a la alza el nivel de estimulación en el que te mueves, es probable que superes a tus compañeros que ya se casaron y asentaron en largos, aburridos y provechosos trabajos. Eres dueño de la mecha y después podrás vivir esa vida a la que caen los adultos.

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