Buenos Aires, 30/05/2017

Cristóforo Colombo, un colegio de Nuñez que estrecha vínculos entre italianos y argentinos

Este colegio fue uno de los destinos ineludibles de la visita a Buenos Aires del primer ministro italiano Matteo Renzi

(CABA) El colegio ítalo argentino Cristóforo Colombo y el liceo franco argentino Jean Mermoz tienen varios puntos en común: fueron edificados en terrenos separados por una calle que la Ciudad donó a los Estados de ambos países; se concibieron para educar a inmigrantes de la posguerra y los descendientes argentinos; ofrecen proyectos educativos de fuerte contenido humanista basados en programas europeos; recibieron ayuda económica estatal; lograron alcanzar niveles de excelencia y suelen etiquetarlos como elitistas. También generan ocasionales chasquidos mediáticos por el sambenito de recibir a “hijas e hijos de famosos”, empresarios, dirigentes políticos y diplomáticos.

Instalado en un edificio de 10.000 metros cuadrados en Ramsay al 2200, en el barrio porteño de Núñez, el colegio Cristóforo Colombo fue uno de los destinos ineludibles de la visita a Buenos Aires que el 16 de febrero realizó el primer ministro italiano Matteo Renzi , tal como ocurrió en el Mermoz una semana después con el presidente francés François Hollande .

En la página web se elige destacar el proyecto educativo (“La formación integral como objetivo didáctico”), la importancia del deporte dentro del mismo y un plan de estudios para formar “ciudadanos del mundo”. También se puede leer la historia de la institución a través de un texto que al final destaca: “Hoy la Escuela Cristóforo Colombo ofrece educación de excelencia para más de 1000 alumnos, basada en valores humanísticos trascendentes y cumple además con el rol de estrechar aún más los lazos de amistad y cooperación entre italianos y argentinos”.

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Aldo Brunetta, vicepresidente de la asociación sin fines de lucro que administra el colegio, y Sofía Iummato, gerente, reconocen lo “carísimo” de la cuota (entre 5000 y 11.000 pesos) pero recuerdan que es similar a la de otros del mismo nivel y aclaran que no sólo no reciben subvención oficial alguna sino que ese importe incluye todos los ítems (campamentos, actividades extraprogramáticas, material didáctico) además de que son nueve cuotas al año y la inscripción. “El 80 por ciento de lo recaudado es para salarios y el resto se reinvierte”, insiste Brunetta, ex alumno del colegio, al que también fueron sus hijos. “El desafío es mantener una escuela italiana en la Argentina; antes para los italianos y ahora para todos los argentinos”, resume el directivo.

Los pasillos y más de 50 aulas y laboratorios que vieron o ven pasar a los herederos de Roberto Abbondanzieri, Daniel Angelici, Tristán Bauer, Jorge Burruchaga, Guillermo Cópppola, Donato De Santis, Daniel Filmus, Bobby Flores, Marcelo Garrafo, Mónica Gutiérrez, Lalo Mir, Enrique Petracchi, Cristiano Rattazzi, Paolo Rocca, Elizabeth Vernaci o Fabián Von Quintiero, entre muchos otros, además de hijos de empresarios y diplomáticos.

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También asistía el hijo de Federico Storani, Manuel, fallecido de manera trágica a principios de este mes. Pero todos los consultados coincidieron que tanto las autoridades como el plantel docente no suele hacer diferencias por el apellido y sólo importa la performance académica.

El equipo docente tiene un fuerte componente de profesores italianos enviados desde allá por el Estado -que también revisa y aprueba balances y currícula-; más otros contratados por el colegio que en ambos casos logran aquí una titularidad y antigüedad que en la península es más trabajosa. A ellos se suman ex alumnos o especialistas que conforman un plantel de poca rotación y cohesionado que los padres siempre destacan. La actual rectora Lucia Dalla Montà asumió este año luego de pasar por colegios en Madrid y Washington. NT

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