Buenos Aires, 23/09/2017, edición Nº 1774

Creció la demanda de oro como alternativa al cepo

Como en la antigüedad, a falta de dólares se busca ahorrar en metales preciosos.

(CABA) Tienen el tamaño de dos tabletas de chocolate, pero valen $ 50.000 cada uno. Ambos entran en la palma de una mano y podrían esconderse fácilmente en un bolsillo. Tal vez por eso un efectivo de la Policía Federal controla de cerca todos los movimientos dentro del laboratorio, aunque tampoco puede resistirse a sentir el peso, probar la textura y notar la temperatura de esos pequeños lingotes de oro de un dorado opaco, puro y tentador.

Por más que resulten atractivas, ninguna de esas barritas de 200 gramos está al alcance del presupuesto de los que estamos allí. Pero hay variantes más accesibles. Por ejemplo, $ 500 son suficientes para adquirir un lingote de un gramo y comenzar a atesorar oro, una inversión considerada de largo plazo y con cierto riesgo, pero sin limitaciones.

Esas opciones se pueden encontrar en el mercado que ofrece el Banco Ciudad, una de las tres entidades bancarias del país que comercializan oro argentino. Del Ciudad surge la cotización diaria en la Argentina del metal precioso, mediante un cálculo en el que intervienen los valores de Londres y Nueva York. Allí hubo un incremento de la demanda desde que, en 2011, comenzaron las restricciones para la compra y venta de divisas extranjeras, lo que favoreció el crecimiento del dólar blue, entre otras cosas.

Ese año fue el pico, con 411 kilogramos de oro vendidos, a $ 241.286,70 el kilo. El “ablande” en las restricciones a la venta de divisas extranjeras hizo que la cantidad de oro vendido bajara; eso sí: el valor se duplicó y llegó a 479.038 pesos.

En la ciudad, el oro también recorre otros circuitos en los que predomina la ley de la oferta y la demanda, con un mecanismo que funciona al filo de la ilegalidad. La calle Libertad es uno de ellos. No se ven allí los “arbolitos” de oro de San Pablo (Brasil), que llevan una chaqueta amarilla con el mensaje “compra-se ouro“. En Libertad son los carteles los que atraen a los clientes. Oro, oro, oro. La palabra resalta entre luces de neón, carteles escritos a mano o publicidades informales.

En cualquiera de los casos, ¿de dónde proviene el oro que circula por las calles porteñas? ¿Cuál es la ruta que sigue hasta llegar al cliente que lo atesora? “Nuestro oro procede de lo que vende la gente, como cadenas, pulseras, aros o anillos, lo que se llama chafalonía; también de los empeños que quedan en mora, monedas y diversas joyas. Por lo general es oro de 18 kilates con un 70% de pureza“, explica Carlos Leiza, gerente de Banca Social y Pignoraticio del Banco Ciudad, mientras manipula los dos lingotes de 100 gramos cada uno y otro de apenas un gramo. Siempre cerca, el oficial de la Policía Federal.

Se calcula que el 80% del oro que da vuelta por el mundo es para atesorar; el 20% restante lo utilizan las industrias espacial, electrónica, dental y otras, debido a las nobles características que presenta: es dúctil, maleable y un excelente conductor. El oro argentino debe pasar por un proceso químico para obtener una pureza de 99,6%. El oro internacional alcanza el 99,9%.

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