Buenos Aires, 18/12/2017, edición Nº 1860

Crecen los casos de estrés infantil

A pesar del aumento de la enfermedad, especialistas aseguran que tiene menos diagnóstico del que debería tener

(CABA) El médico del Hospital Garrahan, Eduardo Silvestre explicó que “cuando el cerebro evalúa que una situación es peligrosa, activa un mecanismo adaptativo para defenderse y esto produce un cambio significativo en todo el organismo que denominamos estrés, es decir, es una alteración orgánica”.

“Si bien la enfermedad es la misma que en los adultos, en los niños y adolescentes el estrés presenta distintas características y síntomas inespecíficos que varían según la edad”, indicó el pediatra. Y describió: “En el caso del período de lactancia, los más comunes son la irritabilidad, el llanto inconsolable, los trastornos en la alimentación y en el sueño, la falta de aumento de peso y el espasmo sollozo. Por su parte, en la primera infancia los casos de estrés pueden verse reflejados en problemas de conducta, trastornos gastrointestinales, de alimentación y del sueño”.

En este sentido, la médica psiquiatra y psicoanalista infanto-juvenil Liliana Moneta, describió que “los síntomas de estrés no siempre son los mismos, y lo que más sucede es que se exacerba el periodo madurativo que está transitando, por ejemplo, si estaba tratando de dejar los pañales, va a tardar mucho más”.

Sin embargo, Moneta identifica algunas manifestaciones comunes de los niños: “A partir de que hablan, los chicos igual no te van a decir ‘me siento angustiado’, pero sí se presentan dos características en forma repetitiva: dolor de panza y de cabeza”, describió.

Según los especialistas, las causas del estrés infantil no se vinculan con “cansancio por exceso de obligaciones o tareas” sino más bien a “situaciones traumáticas”. “Los niños absorben de su micro social, tanto de sus hogares, como de sus escuelas o de sus barrios. En ese contexto, el hostigamiento entre pares, o bullying como se lo conoce actualmente, está siendo un factor de mucha incidencia en el estrés infantil”, describió Moneta.

Por su parte, Silvestre señaló que “una experiencia traumática para un niño puede ser una amplia variedad se situaciones; por su puesto que los abusos y maltrato, pero también puede ser el fallecimiento de un padre o madre, un divorcio y hasta un cambio de escuela”.

El diagnóstico de “estrés” (el cuál aseguran que es más bajo de lo que de debería ser), para la familia del niño debe ser explicado cautelosamente: “Muchas veces pasa que la madre llega al consultorio luego de haber visto gastroenterólogos, neurólogos, cardiólogos y que todos le dijeron que el niño no tiene nada”, detalló Silvestre. Y añadió: “Entonces, si uno le dice que tiene estrés puede tomarlo como que uno no le creyó, o bien sentirse responsable, por eso es importante explicar de qué se trata y buscar el origen, porque sino es pan para hoy y hambre para mañana”. NT

 

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