Buenos Aires, 18/12/2017, edición Nº 1860

Crece el consumo de delivery y almuerzos al paso

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La gente busca reducir costos sin resignar la experiencia de comprar comida hecha.

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(CABA) Porque, para seguir comprando comida hecha, mucha gente resignó “lujos” como el servicio de mesa y hasta el hecho mismo de salir del hogar. Un cambio que perjudicó especialmente a los restoranes y que también tuvo sus ganadores.

“Fue un año regular: la gente se retrajo en el consumo, salió un poco menos y estuvimos a la defensiva, tratando de no perder”, definió Camilo Suárez, directivo de la Cámara de Restoranes de la Ciudad. “Las ventas cayeron entre un 5 y un 10% frente a un 2012 también flojo”, sumó Martín Blanco, director de Moebius Marketing, consultora especializada en alimentos, bebidas y gastronomía.

Lo que ocurrió fue que la gente se volcó a propuestas que, con menores costos, y menos personal, pudieran brindarles algo rico por menos dinero. O fue a los lugares de siempre, pero buscando más y mejores descuentos, coinciden analistas y empresarios consultados.

Para comidas laborales, el menú ejecutivo del restorán –que hoy no baja de $ 50– perdió más frente a las tiendas de comida “al paso”, para llevar. Y en especial las que venden “por kilo”, de dueños asiáticos, que dejan almorzar con bebida por $ 25.

Según la Federación de Supermercados y Asociaciones Chinas, sólo en Capital, desde abril abrieron 35 locales y ya suman 315 desde 2011, centrados en zonas con oficinas. Cada uno, estiman, hoy vende un 22% más que hace un año, a precios que van de $ 4,30 a $ 8,00 los 100 gramos.

Con “combos” entre $ 25 y $ 65, también la comida rápida aprovechó para expandirse. McDonalds creció en ventas y abrió 10 locales este año. En Mostaza, el consumo subió un 10% y sumaron 13 comercios. Subway, en tanto, impulsado por su sandwich “del día” a $ 20, pasará en un año de 88 puntos de venta a casi 140.

“Hoy la gente busca algo saludable, personalizado, rápido y barato ”, opinó Santiago Binello, de Subway Argentina. “Quieren experiencias gastronómicas por menos dinero, que minimicen el gasto total de sus salidas”, acotó Pablo De Marco, gerente comercial de Mostaza.

Así, otro formato beneficiado es la pizzería, donde una familia tipo puede cenar por $ 40 cada uno, la mitad que en un restorán. Incluso en cadenas “gourmet”, como Almacén de Pizzas hoy se puede lograr un gasto per cápita de $ 55.

A los restoranes, en tanto, se los busca más por el precio. Y en muchos casos, la decisión de ir depende de que ofrezcan grandes descuentos. “Para este consumidor oportunista ya no alcanza con las promos bancarias. Recurren también a cupones y tarjetas de pertenencia, llegando a pagar entre el 40 y el 50% del valor original”, comentó Mónica Di Pretoro, analista de la División Cuore de CCR.

En la Federación Empresaria Hotelera Gastronómica también notan menos salidas a restoranes, mayor cautela al ordenar y más envíos a domicilio. El titular de la entidad, Roberto Brunello, destacó que “en los últimos tiempos el cliente se inclina por el delivery para ahorrarse la bebida”.

“La demanda se corrió a experiencias más baratas, pero con ‘onda’, donde no parezca se está ahorrando”, planteó Blanco. “Así, se buscan restoranes baratos, pero en zonas top; o comer sushi, pero del barato y en casa –graficó–. Y en vez de ir con amigos a cenar, se va más a bares”.

Además, cuenta, en vez de cenar en un restorán y luego ir a un bar, hoy se instala entre parejas ir directo al bar, “picar” algo y quedarse allí. “Este año muchos más clientes pidieron comida, además de tomar algo”, destacó en ese sentido Julián Díaz, fundador de los bares 878 y Florería Atlántico.

Finalmente, frente al combo cine-restorán, en CCR ven crecer dos formas de “rebusque”: ir al cine con 2×1 y llenarse con pochoclos, o ver el film en casa y pedir comida. Una conducta que, según Di Pretoro, forma parte de una tendencia a “fraccionar” los placeres en consumos más chicos o controlados. “Se valora más tener pequeñas gratificaciones –afirmó–, por encima de grandes gastos que podrían redundar en mayores sacrificios cotidianos”.

Fuente consultada: Clarín

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