Buenos Aires, 20/10/2017, edición Nº 1801

Coreanos furiosos con los manteros de la Avenida Avellaneda

El barrio es un hervidero donde la venta ilegal florece cada día y pone en guardia a los comerciantes. (CABA) Los comerciantes de la Avenida Avellaneda ya no saben como frenar el comercio ilegal que se desarrolla en las veredas. Lejos de disminuir, ha aumentado exponencialmente con el tiempo y se ha transformado no solo en un problema para los que transitan, sino también para los comerciantes mismos, a causa...

El barrio es un hervidero donde la venta ilegal florece cada día y pone en guardia a los comerciantes.

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(CABA) Los comerciantes de la Avenida Avellaneda ya no saben como frenar el comercio ilegal que se desarrolla en las veredas. Lejos de disminuir, ha aumentado exponencialmente con el tiempo y se ha transformado no solo en un problema para los que transitan, sino también para los comerciantes mismos, a causa de las ventajas que les supone a los manteros no pagar ningún tipo de impuesto. Para tratar de impedir que empeore una situación que ya consideran grave, organizados y apoyados por varios sectores del rubro, los propietarios de comercios de la zona realizaron, a las 9.30, un corte simbólico y pacífico en el cruce de las avenidas Nazca y Avellaneda, donde nacen las cuadras más pobladas por manteros y puestos ilegales.

La zona, poblada de negocios mayoristas de telas y ropa, es un polo de referencia para los comerciantes de toda la Argentina y de países limítrofes como Uruguay y Bolivia. Todos llegan hasta allí para proveerse de prendas de vestir al por mayor.

“El perjuicio que ocasiona la competencia desleal de los manteros hay que valuarlo en millones de pesos. Un estudio arrojó que la ganancia de los manteros es superior a los 300 millones de pesos por año”, dijo Alejandro Kim, vicepresidente de la Cámara de Empresarios Coreanos en la Argentina.

Dicha comunidad tiene una fuerte presencia en la avenida Avellaneda. “El comerciante invierte mucho dinero para instalarse, tiene un local habilitado, empleados, aporta cargas impositivas y el mantero no paga nada. Si a eso le agregamos los impuestos, el perjuicio no es sólo a los comerciantes, sino a todos los argentinos”, agregó.

Por la avenida pueden circular hasta unas 30.000 personas por sábado; de lunes a viernes la concentración es menor, pero considerable. Llegan en contingentes de ómnibus de pasajeros que se estacionan donde encuentran lugar, sin respetar las señales. Los puestos ilegales también se colocan sobre las calles perpendiculares a Avellaneda. La mercadería se exhibe sobre lienzos, bolsas de nylon o tablas con caballetes colocados entre los autos.

“Esto se ha descontrolado, es tierra de nadie. Ni siquiera hay policías de la Federal ni de la Metropolitana para controlar el tránsito, estamos en manos de Dios”, alertó Daniel Iglesias, comerciante de la zona y uno de los impulsores de la protesta de hoy.

Según contó, ya presentaron denuncias formales en diferentes áreas de los gobiernos de la ciudad y de la Nación, pero no obtuvieron la respuesta que esperaban.

Desde el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires respondieron las quejas de los vecinos y explicaron por qué aún persiste el conflicto.

“Como no tenemos auxilio de la Policía Federal, necesitamos que egresen efectivos de la Policía Metropolitana para actuar en zonas conflictivas. Tenemos pensado hacerlo en el primer semestre del año que viene”, adelantó Patricio Di Stéfano, subsecretario de Uso del Espacio Público porteño. “Sabemos que hay mafias organizadas”, agregó.

Hay números que les dan la razón a los comerciantes. Según un informe de la Cámara Argentina de Comercio, durante septiembre de este año se detectaron 1822 puestos de venta ilegal en la ciudad, de los cuales 1613 se encuentran en calles, avenidas y peatonales. Respecto de septiembre de 2012 se registró un crecimiento del 16%, y la avenida Avellaneda se encuentra al tope del ranking, con 478 puestos, por encima de la avenida Rivadavia (325) y Once (237). Los datos de septiembre indican que la calle Avellaneda es la arteria con mayor densidad de puestos de venta ilegal, con un promedio de 47,8 por cuadra.

“Nos sentimos usurpados porque los manteros hacen lo que quieren. Se está formando una Salada en Flores”, alertó Claudio, el propietario de una tienda de ropa de surf.

“Si mis remeras cuestan 35 pesos, afuera las conseguís por 20; si una bermuda la vendo a 180 pesos, afuera la tenés por 120”, agregó.

“Trabajan en negro, no pagan impuestos, cómo no nos va a perjudicar”, bramó Miguel, otro comerciante que posee un local de ropa femenina desde hace 34 años. “Esto siempre fue así, no empeoró cuando sacaron a los manteros de Florida. Si fueran artesanos, se justificaría, pero venden lo mismo que nosotros”, agregó.

La protesta de hoy, además de por los empresarios coreanos, será respaldada por los comerciantes de la comunidad judía, la comuna 7 y la Confederación Argentina de la Mediana Empresa (CAME), a través de Fedecoba. “Apoyamos el reclamo porque todo el mundo habla de la venta ilegal, pero sigue siendo un desastre, como Once y Avellaneda. Es una situación que preocupa”, dijo Osvaldo Cornide, presidente de CAME.

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Fuente consultada: La Nación

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