Buenos Aires, 11/12/2017, edición Nº 1853

Continúan los problemas por la ocupación de la plaza Cecilia Grierson

El espacio brindado por los medios de comunicación al problema permitió que mucha más gente se entere de los problemas de los vecinos de San Telmo. La Plaza Cecilia Grierson continúa ocupada, pero ahora la visibilidad acerca posibles soluciones al conflicto. (CABA) Detrás de las montañas de basura, más allá de las casillas miserables armadas con cartones y chapas; escondida entre los contenedores de residuos, asomando entre la chatarra; debajo...

El espacio brindado por los medios de comunicación al problema permitió que mucha más gente se entere de los problemas de los vecinos de San Telmo. La Plaza Cecilia Grierson continúa ocupada, pero ahora la visibilidad acerca posibles soluciones al conflicto.

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(CABA) Detrás de las montañas de basura, más allá de las casillas miserables armadas con cartones y chapas; escondida entre los contenedores de residuos, asomando entre la chatarra; debajo de los fogones improvisados que calientan el agua para el mate; detrás de todo este panorama se intuye que alguna vez, ahí, hubo una plaza. Se trata de la plaza Cecilia Grierson, en San Juan al 600, San Telmo. En rigor dejó de serlo hace 23 años, cuando una familia usurpó el depósito del cuidador. Pero la cosa empeoró desde hace algo más de un año, cuando se armó una ranchada. Ya son unas 80 personas y en algunos momentos se suman más.

La difusión de lo que ocurre en esta plaza genera asombro. Tengo una hermana en Jujuy que me llamó alarmada cuando vio las noticias. Y la cosa se pone peor, porque cada vez hay más gente, casillas y chicos”, contó Ramona, una vecina de la misma manzana. Y desde el Gobierno porteño admitieron un aumento en la población: “Cada vez llega más gente. La situación sanitaria nos preocupa, pero hay un amparo que nos impide hacer algo al respecto ”, admitió un funcionario de la gestión macrista.

Hace años que vivo en la calle. Primero en Barracas y después en Constitución, siempre debajo de la autopista, pero soy de Virrey del Pino (La Matanza). Un vecino nos da agua, alguien se enganchó del poste de luz y con lo que vendemos de cartones, latas y vidrio nos alcanza para comer algo”, contó Ricardo, acompañado por su mujer y 3 de sus 6 hijos. “Los tres más grandes quedaron viviendo en Virrey del Pino”, dice el hombre.

Pero no todas son familias en la plaza. Hay muchos hombres solos. “Acá pasan los vecinos y miran con desprecio. Estamos en la calle porque no nos queda otra. Para sacarnos de acá no alcanza con un subsidio, queremos una vivienda”, reclamó a los gritos un hombre. Otro bramó: “Desde que empezaron a publicar cosas sobre esta plaza llegó más gente de otras ranchadas, la policía pasa todo el tiempo y gente del Gobierno quiso identificarnos. No somos delincuentes, queremos una vivienda”.

Sobre la plaza –está entre medianeras– conviven dos situaciones complejas. Por un lado está la familia de Juan Domingo Jiménez, que en febrero de 1991 usurpó lo que era el puesto de trabajo del cuidador, una construcción que funcionaba como depósito y donde también había baños. El ex intendente Jorge Domínguez le hizo un juicio por desalojo pero en 2000 Jimenez fue absuelto. Y recientemente, cuando la Ciudad estaba a punto de otorgarle un crédito para una vivienda, un hijo y su nuera interpusieron un amparo (obtienen los modelos para hacerlos de las asambleas barriales); y al poco tiempo llegó la ranchada. Son grupos que además se enfrentan entre ellos. Jiménez le contó que viven con miedo: “Hay drogas, armas, golpes, gritos. Se arman batallas campales”, relató.

Por el momento la Ciudad asegura que no puede desalojarlos: “La Justicia aceptó el amparo de los usurpadores y exigió al Gobierno que realizara un censo para resolver la situación con subsidios para la vivienda. Pero se niegan a ser censados, no quieren identificarse. Estuvimos ahí la semana pasada y nuestra gente se fue amenazada”, explicó un funcionario.

Mientras tanto, los vecinos entienden la situación como algo que sucede en el contexto de San Telmo. “No es el único frente de conflicto que tenemos, porque hay problemas con la recolección de residuos, con la ocupación del espacio público, el pésimo estado de calles y veredas y las obras en el Parque Lezama. Muchas veces nos hemos preguntado si se habrá puesto en marcha una política de desvalorización el barrio”, se lamentó el arquitecto Alberto Martínez, vecino e integrante de la Asociación Mirador del Lezama.

Fuente consultada: Clarín

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