Conocé la historia de “Los Angelitos”, la zapatería más antigua de Buenos...

Conocé la historia de “Los Angelitos”, la zapatería más antigua de Buenos Aires

(CABA) En un pequeño local de Bonpland al 1800, en Palermo, hay una tienda de zapatos para hombres. Por estos días, su estilo “vintage” se camufla con el entorno de un barrio donde lo antiguo es un sello característico. Aunque en rigor de verdad, calzados Los Angelitos no ofrece una puesta en escena para encajar en el paisaje palermitano, sino todo lo contrario, porque con casi dos siglos de trayectoria, y 23 años en la zona, la zapatería más antigua de Buenos Aires no tiene que vender ninguna imagen. Basta reparar en su vidriera para descubrir que esos austeros metros cuadrados mantienen en pie 188 años de historia.

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Al cruzar la puerta se despierta el sentido del olfato con un olor cada vez menos apreciable en los comercios del rubro. “Acá se respira cuero”, sentencia Valerio Lagrotta, heredero de la marca que cambió de local seis veces y de dueño al menos unas tres, pero que nunca perdió su calidad artesanal. Su padre, Pedro Lagrotta, fue quien rescató a Los Angelitos del peligro de extinción, cuando en 1987 el dueño anterior bajó la persiana del mítico local de Florida al 527 por temas económicos. Allí habían atendido a celebridades como Tita Merello, Horacio Guarany y Luis Sandrini, personalidades como Jorge Luis Borges y Juan D´Arienzo y al mismísimo Juan Domingo Perón. Y aunque Lagrotta aún no era el dueño oficial de la marca, sí lo era de las creaciones que se vendían bajo ese nombre.

“Mi papá y su socio, Francisco Ferrara, comenzaron a fabricarle el calzado a Los Angelitos en 1951, un par de años después de llegar al país. Los dos venían con el oficio, mi viejo lo heredó de mi abuelo, que tenía un taller en su casa de Colobraro, provincia de Matera, en Italia. Compraron un terreno sobre El Salvador, acá en Palermo, y abrieron un taller y un pequeño local“, detalla Valerio. En la mano sostiene una bota de Tomás Manuel de Anchorena, que la familia donó a modo de legado.

Todo en ese reducido espacio que hoy ocupa la zapatería cuenta una historia: la regla para medir el pie que ahora adorna la vidriera, el mueble con estantes y rueditas que hace las veces de exhibidor, pero que originalmente se usó para trasladar los zapatos en pleno armado de un lado a otro del taller, el fichero de madera con centenares de registros de viejos clientes, y los sillones probadores con una plataforma para apoyar el pie. Algunos de esos objetos son tan antiguos que podrían haber formado parte del primer local, el que se fundó como almacén de ramos generales en 1828 y que atendía en Chacabuco y Alsina bajo el nombre de Los dos Angelitos. Entre esa locación y la actual hubo otras cuatro mudanzas y miles de zapatos vendidos, a veces de a 120 por día en las mejores épocas, según le contaba Pedro a su hijo. “Mi papá siempre quiso la marca, y cuando pudo comprarla logró que las creaciones de Lagrotta & Ferrara y Los Angelitos se volvieran una sola pieza”, explica el hombre que es pediatra de profesión y comerciante por tradición. Con los mismos zapateros que trabajaban con su papá, el calzado se sigue armando de forma artesanal, fabrican suelas de medio punto y también se dedican a la compostura. Todas costumbres que, por el costo y por la fabricación en masa, también están en peligro de extinción. NT