Conocé el elegante barrio cerrado de Barracas

Esta joya porteña tiene su entrada principal en el 1250 de la calle Perdriel

(CABA) Si lo construyeran hoy, seguro que lo promocionarían como “elegante barrio cerrado”. Es más: en la actualidad esas casas se venden por importantes cifras en dólares. Lo curioso es que en 1917, cuando se empezó la construcción, aquellas “casitas” (como se las denominaba en la jerga popular) podían incluirse en lo que se conocía como “las casas baratas”, complejos habitacionales en distintos lugares de la Ciudad y que se destinaban a familias numerosas y de pocos recursos. Aquel conglomerado de viviendas, inaugurado en 1923 y que todavía forma parte del barrio de Barracas, lleva el nombre de monseñor Mariano Antonio Espinosa, un doctor en Teología que fue el primer obispo de la ciudad de La Plata y también arzobispo de la Ciudad de Buenos Aires.

El barrio monseñor Espinosa tiene su entrada principal en el 1250 de la calle Perdriel. Pero también tiene dos pasajes internos con salida por las calles California y Alvarado, lo que da una idea de su dimensión. Aquella obra fue diseñada por el arquitecto Alfredo Cucullu y edificada por la empresa constructora Sabaté, según recuerdan los historiadores del lugar. Se compone de sesenta y cuatro casas distribuidas en ocho pabellones con un gran jardín central que todavía luce una buena arboleda. Las casas, que eran para familias numerosas, tenían cuatro habitaciones. Y la amplitud de esos espacios los demuestran sus medidas: dormitorios de tres metros y medio por cinco, o de cuatro por cuatro metros; cocinas de cuatro y medio por dos y medio; baño principal de dos metros por uno con cincuenta y hasta un patio de cuatro por tres metros.

Además, el barrio tenía otros edificios: uno funcionaba como despensa, otro como almacén, otro como ferretería y uno más como farmacia. Es que estar alejados del Centro y en zonas por entonces no muy pobladas, requería tener a mano esas estructuras. Se recuerda que el alquiler inicial que pagaban los vecinos era de 68 pesos mensuales. Con los años, aquel valor se tornó irrisorio. Por eso, hacia comienzos de la década del 70 hubo una oferta para que los inquilinos se convirtieran en propietarios. La posibilidad de comprar las casas requería una inversión de tres millones de pesos. Muchas familias que no contaban con esa cifra fueron ayudadas con créditos de El Hogar Obrero, una cooperativa vinculada con el Partido Socialista y creada en 1905.

En la construcción de ese conglomerado de casas para obreros hubo mucha injerencia de la Unión Popular Católica Argentina. El gran terreno había sido donado por Leandro Pereyra Iraola y hubo una gran colecta nacional de donaciones (cemento, cal, ladrillos y otros materiales) para levantar aquellas “casitas”. Es ahí donde aparece la figura del entonces arzobispo de Buenos Aires Mariano Antonio Espinosa, quien estuvo en ese cargo desde 1900 hasta 1923, cuando murió. Su deceso se produjo el 8 de abril, en el mismo año en que se inauguró el barrio. Conocido como “el padre Antoñito”, Espinosa había nacido el 2 de julio de 1844. Por designación del presidente Nicolás Avellaneda (lo nombró capellán general del ejército expedicionario) había acompañado al general Julio Argentino Roca, en la denominada “Campaña del Desierto”.

Dicen que el cura solía aguantarse cabalgatas de más de cien kilómetros por día. Para eso tenía un antecedente: cuando actuaba como párroco de la iglesia de Santa Lucía (también en Barracas) acostumbraba a recorrer a caballo las zonas de quintas del lugar. Y también cuentan que era común verlo llegar montado a la Plaza de Mayo, cuando realizaba sus visitas a la Catedral Metropolitana. Eso y su trabajo social lo habían convertido en una figura con popularidad. Justamente por su gran actividad es que, al momento de la inauguración del barrio de casas, se propuso y se aceptó que el lugar llevara su nombre, algo que aún se mantiene.

Barracas es uno de los barrios con mucho pasado y mucha actividad social. Son innumerables las instituciones creadas con un criterio social. En los salones de una de ellas, la Sociedad Italiana conde de Cavour (más conocida como la Cavour), el 30 de octubre de 1913 se fundó una entidad deportiva, social y cultural: el Sportivo Barracas. Su sede actual está en la avenida Iriarte 2056 y, junto con el Racing Club de Avellaneda, el Sportivo fue uno de los primeros en inaugurar instalaciones de carácter social. En la cancha de “los arrabaleros” (como llaman también al Sportivo Barracas) el 2 de octubre de 1924 se jugó un partido amistoso entre los equipos de fútbol de Argentina y Uruguay. Los uruguayos venían de ganar el oro en los Juegos Olímpicos en París. En el partido, el argentino Cesáreo Onzari marcó un gol pateando directamente desde un córner. Fue la primera vez que alguien lo hizo y a la jugada se la llamó “gol a los olímpicos”. Después se simplificó y se la conoce como gol olímpico. NT