Buenos Aires, 17/10/2017, edición Nº 1798

¿Cómo modifica nuestro cuerpo el hábito de correr?

Los beneficios.

Correr-por-razones

(CABA) Si correr fuera un movimiento perpetuo, las mejoras serían infinitas. Alcanza con que sea frecuente: sin contar la falta de aire o la nostalgia del sillón, el bienestar se siente desde el minuto cero. Se incrementa con entrenamiento regular -empezamos a perder la forma 72 horas después de la última corrida-, pero sin matarse. Eso sí, no todo el mundo puede salir a correr ya mismo y en cualquier condición. El chequeo previo debe confirmar cómo se encuentra el sistema cardíaco y que el osteo-articular funcione como estructura de sostén suficiente.

Gustavo Pértega -corredor y miembro del comité de Deporte y Salud de la Asociación Médica Argentina- explica, en seis pasos, cómo el running transforma nuestros cuerpos a mediano plazo, siempre que la dedicación sea consistente: al menos treinta kilómetros semanales durante unos cuantos meses (aviso para los ultra: más allá de los 120, no hay señales de mejoras en la resistencia).

– En el aumento progresivo de la frecuencia cardíaca (setenta latidos por minuto en reposo, hasta 150 en actividad), el corazón -músculo al fin- se entrena y aumenta su fuerza de contracción. Bombea más sangre con menos latidos, gasta menos energía y se hace más eficiente, reduciendo las chances de infarto. A largo plazo, logra bajar la frecuencia. Y correr mucho, durante mucho tiempo, deja las arterias dilatadas: la sangre fluye más cómoda y su presión disminuye, incluso después de la carrera.

– La sangre va a las piernas y a la pelvis del corredor. Con el tiempo, esos músculos aumentan los capilares sanguíneos y la bioquímica de sus células se transforma en una máquina de consumir oxígeno. El trabajo se retroalimenta con la energía y -aun cuando dormimos- conseguimos una gran masa muscular de alto metabolismo.

– El peso es una cuestión relativa. Un runner promedio quema 63 calorías por kilómetro. Después de cuarenta minutos eliminando hidratos de carbono, empezará la lipólisis o quema de grasas. Pero los cambios en la balanza llegan en función del balance energético: la mayoría de las personas con sobrepeso bajan unos kilos porque además mejoran su dieta. En cambio, los flacos sedentarios suben un poco porque ganan masa muscular, un tejido relativamente “pesado”.

– El running puede disminuir la cantidad de grasa, pero no su localización. La celulitis se hace menos visible gracias a la disminución de grasa corporal total y al aumento de las masas musculares de los miembros inferiores.

– Los músculos más exigidos están en la pelvis y los miembros inferiores. Un ritmo medio en línea recta sobre terreno llano fortalece pantorrillas, gemelos y sóleos. Para exigir glúteos y cuádriceps hay que acelerar y alargar el paso sobre terreno desnivelado. A buen ritmo, también trabajan lumbares, abdominales, cintura, brazos y el psoas (entre la pelvis y la columna vertebral). “De todos estos músculos -explica Pértega- podemos esperar una hipertrofia anatómica, o sea, un aumento de su masa, que no será tan grande porque el porcentaje de la fuerza máxima que utilizamos al correr es relativamente bajo“.Los músculos se agrandan poco, pero se definen mucho.

– Los huesos de pies, piernas, muslos, pelvis y columna soportan ciclos de carga mecánica en cada paso. Cuando corremos vamos a más de 140 pasos por minuto. Si multiplicamos por una sesión de media hora, nos enfrentamos con miles y miles de ciclos. “Así se generan millones de potenciales eléctricos infinitesimales dentro del tejido óseo. Esa electricidad ultramicro les dice a las células óseas que formen más material mineral duro“, los huesos ganan densidad y baja el riesgo de fracturas y osteoporosis.

Pértega cierra su ranking de beneficios -que también incluye mayor volumen cerebral y mejoras en la memoria y en el ciclo de vigilia-sueño- apelando a su doble pertenencia: “Si los corredores nos indagamos, ni el más obsesionado por el cuerpo corre solo porque entiende que nos hace más sanos. Los médicos sabemos que la ciencia no puede convencer a nadie de mantenerse mucho tiempo en una tarea que no siente. Las sensaciones (“me quemaba”, “mis piernas iban solas”, “ya ni sentía dolor”) están asociadas con los cambios. La ciencia sirve muchísimo, pero solo si encontramos el modo de articularla con la experiencia. El runner sabe porque siente“.

Zapatillas inteligentes vs. pies descalzos
La ortodoxia del calzado runner se basa en una certeza: no todos tenemos el mismo arco ni la misma pisada. Así lo cuenta Pablo Pelegri, médico especialista en medicina del deporte:

– La pisada neutra sigue la biomecánica del 40% de los corredores. Apoyo en la parte externa del tobillo, descanso con el mediopié y despegue del antepié.

– Más de la mitad de los runners tienen una pisada pronadora. Con mayor contacto en la zona interna, los tobillos tienden a girar al exterior.

– En la pisada supinadora (el 10% de los corredores), el pie rota en el otro sentido y su parte externa entra en contacto excesivo con el suelo. Los supinadores necesitan talones bien protegidos.

Pero la teoría runner es una disciplina joven y contradictoria. El best seller Nacidos para correr viene con la sentencia más antimarketinera del mundo: el calzado puede ser una fuerza nociva. Christopher McDougall jura que desde 1972, cuando Nike inventó la zapatilla moderna, nuestros pies se fueron debilitando cada vez más gracias a un talón sobreprotegido. En 1989 se publicó un estudio sorprendente de la Universidad de Berna: los que tenían las mejores zapatillas tenían un 123% más de probabilidades de lesionarse que los que usaban calzado barato. Para McDougall, las zapatillas inteligentes nos fueron atrofiando, sin considerar que nuestros arcos desnudos son “un entramado de alta resistencia compuesto por 26 huesos, 33 articulaciones, 12 tendones elásticos y 18 músculos, todos extendiéndose y contrayéndose como un puente colgante que resiste terremotos“.

La teoría de pies descalzos dice que, si impactamos con el metatarso, se reduce la exigencia ligamentaria y los pies funcionan como dispositivos autocorrectores, enderezando espaldas y corrigiendo posturas. El economista Lucas Llach abrazó esos preceptos. “Pasás a tener músculos que no conocías al costado de la pantorrilla“, se sorprende. Desde que liberó sus pies hace un año, bajó tiempos y cansancio. Evitó el pasto traicionero y se dio dos meses de transición para acostumbrar el cuerpo a saltar menos y desplazarse más, nutriéndose de la inercia. El asfalto del Rosedal le endureció las plantas, pero cuando la temperatura baja de los 15 grados o supera los 25, se calza un combo de medias con base de cuero.

En 2004 Nike desarrolló el modelo Free: apenas unas fundas, casi unas no-zapatillas, la celebración del pie desnudo. La empresa que proyectó las zapatillas como objeto de deseo global alumbraba su última criatura bajo el eslogan: “Corré descalzo“.

Fuente: Brando

Comentarios

Ingresa tu comentario