Buenos Aires, 18/12/2017, edición Nº 1860

¿Cómo es vivir en “La traza”, la ex autopista 3?

Cicatrices de la dictadura.

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(CABA) Marcela es correntina y devota del Gauchito Gil. Cuenta que cuando vino a Buenos Aires no sabía hablar castellano; su lengua era el guaraní. Se instaló en una villa. Cuando se jugaba el mundial de fútbol 78, los militares la desalojaron y fue a parar junto a su marido y a sus hijos a una vivienda de chapas sobre piso de tierra en Derqui, en la provincia de Buenos Aires. A principios del 83 una prima les avisó de ‘las casas de la autopista’ y quisieron intentarlo. Ocuparon un lugar semi destruido: tenían tres chicos; luego se sumaron otros quince. También llegaron los nietos. La casa se expandió con cada nacimiento y así le fueron ganando metros al aire libre y fueron tirando abajo alguna pared. “La casa fue como un útero“, compara Marcela.

Esta familia es una de las más de 400 que ocuparon la zona de “la traza” (ex autopista 3), los terrenos que formaron parte del proyecto de la última dictadura de atravesar la ciudad con nueve autopistas. Se construyeron apenas dos; lo demás quedó abandonado. El ambicioso proyecto avanzó hasta la expropiación y, en algunos casos, la demolición de casas y edificios ubicados donde pasarían estas vías rápidas. En una ciudad cuyo déficit habitacional es histórico -la última encuesta anual de hogares revela que el 11% de los hogares porteños está en condiciones precarias- estos espacios se ocuparon, recuperaron y habitaron rápidamente. Algunos, como Marcela, están allí hace 30 años.

La historia de este fracaso urbanístico y de cómo cientos de familias fueron organizando allí sus vidas, está reflejada en “La Traza, la casa y sus formas imaginarias en la autopista que nunca existió(Editorial La Luminaria), de Victoria Gesualdi, un libro de fotografía de autor que indaga sobre la significación de la casa ocupada en un contexto de emergencia habitacional en Buenos Aires. El trabajo obtuvo el primer premio Feria del Libro de Fotos de Autor (Felifa) 2013.

Según esta investigación, cerca de la mitad de las expropiaciones de la traza se concentraron en un tramo de un kilómetro y medio que cruza barrios residenciales de casonas bajas y mansiones como Villa Urquiza, Coghlan y Belgrano R, y se conoce como Sector 5. Rodeado por trenes, plazas, escuelas y hospitales, se trata de un destino de privilegio para quienes no podrían pagar terrenos de los más costosos de la ciudad y un objeto de deseo, también, de emprendimientos inmobiliarios privados.

Ante el creciente interés del capital privado por adquirir esos terrenos fiscales, el gobierno de Mauricio Macri aprobó la ley 3396 a fines de 2009. Los terrenos se comercializaron como Barrio Parque Donado Holmberg. La iniciativa contempló, a su vez, la entrega de subsidios y la construcción de viviendas sociales para los ocupantes del lugar.

La investigación de Gesualdi, reportera gráfica y licenciada en Ciencias de la Comunicación Social, muestra que más de la mitad de las 392 familias abandonaron las casas donde habían vivido durante décadas; de las que optaron por viviendas sociales, sólo unas pocas lograron mudarse. Otras familias, como la de Marcela, siguen en el lugar resistiendo como pueden.

– ¿Cómo surge el libro?

– Motivada por la problemática habitacional en Buenos aires, que explota por todos lados. La traza, que es lo que iba a ser la Autopista 3 o Central, tiene la particularidad de estar en el medio de la ciudad, camuflada con el resto de la trama urbana, y quedó un poco invisibilizada. No se conoce tanto qué pasó allí.

-¿Qué parte de la traza documentó?

– El proyecto de la última dictadura militar era hacer una serie de autopistas urbanas que iban a cruzar toda la ciudad. La Autopista 3 entraba por Saavedra, salía por Pompeya y cruzaba Villa Urquiza, Belgrano y Villa Crespo. Esta iniciativa avanzó hasta llegar a expropiar y demoler algunas viviendas y después cayó en el medio de la caída de la dictadura. Quedaron, sólo para este proyecto de la Autopista 3, alrededor de 900 inmuebles a la deriva. Ocurrió que, particularmente con este proyecto de la traza, se avanzó bastante con las expropiaciones y las demoliciones y luego quedó abandonado. Yo trabajé en el sector 5 de la traza, que va de avenida Congreso a Los Incas; allí se expropió casi el 50% de las viviendas. Algunas se demolieron y otras quedaron abandonadas y apenas comenzó ese proceso empezaron a ser apropiadas por familias con necesidades habitacionales. Venían de una época de indexación de alquileres, mucha gente expulsada de la ciudad y esto abrió una posibilidad en una zona central de la ciudad con inmuebles de muy buena calidad.

– ¿Quiénes empezaron a ocuparlos?

– Volvieron algunos que eran inquilinos en el momento de la expropiación. Porque a los dueños les pagaron: los testimonios señalan que al principio se pagaba un precio más o menos de mercado y después iba bajando; muchos no llegaron a cobrar lo que valían sus propiedades. Entonces quedaron inquilinos y también llegó gente desde otros lugares, un poco por el boca en boca. También llegaron militantes sociales. Fue un proceso que se fue dando desde el final de la dictadura y el comienzo de la democracia casi se completaron todos los inmuebles que habían quedado vacíos y que continuaron así tres décadas.

– ¿Qué legislación se aplicó en estos años?

– A fines de 2009 se aprobó una ley que afecta sólo a este sector de la traza. Ante una avanzada del gobierno de Macri de desalojar a muchos habitantes, cosa que se frenó con recursos de amparo, se trató de conciliar necesidades. Fue una salida negociada ya que la ley ofrecía subsidios habitacionales, la construcción de algunas viviendas sociales a cambio de poder vender el 50% de los terrenos para desarrollos privados. Esa fue una ley que desencadenó un movimiento muy importante dentro del sector. Los terrenos se vendieron muy rápidamente porque son terrenos que están al lado de Belgrano R, un espacio urbano muy deseado por grupos económicos para negocios inmobiliarios. Lo que se pone en juego ahí es para quién es la ciudad, quiénes tienen derecho a vivir en ella y cuál es el valor de la tierra, si tiene valor social o sólamente económico.

– ¿Se cumplió con el resto de la ley?

– Hoy se están construyendo muchísimos emprendimientos privados ahí. Y sí, también se están construyendo las viviendas sociales, muy poquitas por ahora porque eso se retrasó mucho. En el proceso de aplicación de la ley, como se postergaba la construcción de viviendas sociales y nadie confiaba en que fuesen a construirse, la mitad de la gente aceptó los subsidios, que no era dinero suficiente como para poder vivir en Buenos Aires. Muchos se fueron al conurbano.

Ese momento en que muchas familias abandonaban las casas se dio mientras estaba sacando las fotos. Fue en la última parte de mi trabajo, que duró dos años, entre 2010 y 2012. Entonces, viví con ellos ese abandono, las casas que se demolían después de muchos años de vivir ellos allí. Fue muy intenso.

– ¿Cuál era el estado de las casas demolidas?

– En el lugar de la traza había una infraestructura muy buena que fue expropiada y, en algunos casos, demolida. Eran casonas antiguas muy lindas, edificios de categoría, con buenas puertas, buenas terminaciones. Todo eso fue saqueado apenas quedó vacío. Los ocupantes tuvieron que volver a construir sobre ese deterioro. Las familias cuentan cómo se repartieron los espacios y cómo se organizaban por turnos para ir reconstruyendo cocinas, baños, subiendo por los agujeros porque no quedaban ni los ascensores de los edificios. Fue empezar a convertir en una casa algo que lo había sido y había quedado abandonado.

– ¿Alguna ley anterior a la de 2009 buscó formalizar su situación?

– En estos años hubo muchos intentos de formalización. La más importante fue la ley 324 que se dio en 1999, en la que los reconoció a los ocupantes como beneficiarios de una ley; entonces esa situación les dio un marco de cierto derecho. Después se desfinanció el programa y quedó a mitad de camino.

– ¿Qué perfil social tienen los ocupantes?

– Hay dos tipos: clase media baja o media media que, en alguno de los coletazos económicos, no pudo sostener un alquiler y decidió la traza antes que la calle; otros eran más marginales, con problemas históricos de hacinamiento. Hay algunas familias en los que ambos adultos tienen trabajo, que pueden sostener una buena condición de vida y muchas que no.

-¿Cómo se relacionan los habitantes de la traza con los demás vecinos?

– La traza tiene un punto particular: está mezclada en medio de barrios urbanos. Pero la vida cotidiana para ellos significa el mismo estigma que para alguien de una villa. ‘A ese colegio van los de la traza’, o ‘este hospital está lleno de los de la traza’, son frases que ellos escuchan. A los propietarios se los denomina los frentistas, los otros son los de la traza.

Fuente consultada: La Nación

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