Buenos Aires, 17/12/2017, edición Nº 1859

Cómo actuar frente a un diagnóstico de infertilidad

Un proceso difícil.

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(CABA) Cuando en la vida de una pareja se instala el deseo de un hijo, la alguna vez lejana idea de agrandar la familia se transforma en un proyecto concreto y a corto plazo. Pero a veces sucede que tras meses de búsqueda, el embarazo no llega y la expectativa se convierte en preocupación y ansiedad. Entonces, la pareja recurre al médico especialista en busca de respuestas y de una solución rápida. Sin embargo, al contrario de lo esperado, la consulta termina con una extensa lista de estudios a realizar, que multiplica los interrogantes e inaugura una nueva etapa para la pareja. Y una palabra que nadie quería pronunciar aparece en el horizonte: infertilidad.
A pesar de que poco saben sobre infertilidad quienes no están involucrados en el tema de un modo más o menos directo, este es un problema que en nuestro país, según datos de la Sociedad Argentina de Esterilidad e Infertilidad, afecta a un 15% de la población en edad de concebir. Y se estima, en base a diferentes datos, que la cifra se incrementará este año al 20%. Entre sus causas más frecuentes figuran trastornos físicos, psíquicos y aun sociales.

Las consecuencias inmediatas de un diagnóstico

El diagnóstico de infertilidad siempre es inesperado y no suele prestarse atención al efecto que la noticia tiene sobre la pareja ni al impacto que causa. Diversos aspectos de la vida de ambos se ven modificados a partir de ese momento.

En el plano individual, la mujer experimenta emociones como enojo, miedo y tristeza al considerar frustrado su proyecto de ser madre, que la acompaña tal vez desde la infancia. Es habitual que, al ver afectada su posibilidad de concebir, sienta amenazada su identidad misma de mujer y menoscabada su autoestima, y que la angustia y la ansiedad la invadan. El hombre, por su parte, suele tratar de mostrarse fuerte para cumplir con el rol de sostén y soporte emocional de su compañera, aunque sufre en silencio por la situación que atraviesan.

Como pareja, las rutinas comienzan a cambiar. La vida social con frecuencia se deteriora, el matrimonio se aísla y en ocasiones hasta deja de asistira reuniones con amigos o familiares debido a que la presencia de niños pequeños le refleja su propia imposibilidad. La noticia de cualquier embarazo es vivida como una puñalada en su autoestima; la pregunta ¿y ustedes para cuándo? los conmueve hasta lo más profundo.

La vida sexual también se ve afectada. A partir de la nueva situación, el médico recomienda días y horarios específicos para las relaciones, transformando la intimidad en un hecho pautado, agendado, en el que no participan la espontaneidad ni el deseo.

La rutina de la vida laboral se ve asimismo interrumpida por un sinfín de estudios médicos (ecografías, análisis de sangre, espermogramas, etc.) en los que se debe invertir mucho tiempo y energía. Estos estudios no solo son físicamente incómodos o molestos y psicológicamente desgastantes, sino que además es habitual que la pareja sufra la incomprensión de compañeros y superiores, o se vea obligada a exponer su intimidad para justificar las ausencias.

Los avances de la medicina en materia de salud reproductiva permiten, hoy más que nunca, que se llegue al tan anhelado embarazo. En la mayoría de los casos, el proceso culmina con éxito, y tal vez esa sea la razón por la que no se suele poner el foco en la contención de las parejas en tratamiento. Sin embargo, durante todo el proceso, estas pagan un alto costo anímico (además de económico) y deben aprender a convivir con el miedo, la ansiedad y la angustia.

En primer lugar, informarse sobre la infertilidad si se desconoce el tema. Saber un poco más muchas veces es tranquilizador y estimula un pensamiento positivo.

Por otra parte, se aconseja que la pareja se comunique con los amigos y familiares más cercanos para que ellos comprendan la complejidad de la situación y funcionen como soporte. Esto, fundamentalmente, neutraliza el prejuicio habitual que reduce un problema de salud a una situación “mental”: es usual que los allegados manden a la pareja a “relajarse”, ignorando la verdadera dimensión del problema y cargando las “culpas” directamente sobre los implicados, lo que genera en ellos más angustia.

Es de vital importancia acudir a profesionales idóneos en el tema. Los psicólogos especialistas asumen la responsabilidad del trabajo preventivo; su función es contener, acompañar y facilitar la asimilación de la realidad que la pareja está viviendo. También colaboran para amortiguar el impacto de los tratamientos de alta complejidad que incluyen entradas en quirófano. Además, acompañan la tomade decisiones no siempre sencillas. En suma, la ayuda psicológica es de gran utilidad a fin de minimizar el sufrimiento, teniendo en cuenta que en los casos de infertilidad, el dolor preponderanteno se siente en el cuerpo.

Fuente: Perfíl

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