Buenos Aires, 26/09/2017, edición Nº 1777

¿Cómo actúan los secuestradores virtuales?

El extorsionador, “la llorona”, el guía y el cobrador son algunos de los roles establecidos de una banda típica dedicada al secuestro virtual. La policía reveló cómo actuaban los delincuentes que, en tres meses, concretaron veinte estafas. (CABA) Los roles, en cada una de las células, estaban bien establecidos . Uno de los papeles principales de la banda era para el extorsionador, el encargado de llevar adelante el plan y...

El extorsionador, “la llorona”, el guía y el cobrador son algunos de los roles establecidos de una banda típica dedicada al secuestro virtual. La policía reveló cómo actuaban los delincuentes que, en tres meses, concretaron veinte estafas.

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(CABA) Los roles, en cada una de las células, estaban bien establecidos . Uno de los papeles principales de la banda era para el extorsionador, el encargado de llevar adelante el plan y tratar de engañar a una posible víctima al otro lado de la línea telefónica. No menos relevante era la tarea del “llorón” o “llorona”, que tenía que simular la angustia y el miedo de una persona cautiva.

Después entraba en acción el “guía”, que seguía con atención la comunicación entre su cómplice y la persona estafada para indicarles a los cobradores dónde debían ir a buscar el rescate de un secuestro que, en realidad, nunca había ocurrido.

Ésa es la división de roles que se atribuye a los siete presuntos estafadores -cuatro hombres y tres mujeres integrantes de la comunidad gitana- detenidos la semana pasada por la División Antisecuestros de la Policía Federal, acusados de haber protagonizado por lo menos 20 secuestros virtuales en tres meses. Las víctimas engañadas llegaron a pagarles entre 30.000 pesos y 10.000 dólares. Aunque ellos preferían que les llevaran joyas. Una de las principales inversiones del botín era la compra de autos de lujo.

Las detenciones fueron dadas a conocer el martes pasado por el secretario de Seguridad, Sergio Berni, quien exhibió algunos de los autos de alta gama que los sospechosos habrían adquirido con el dinero obtenido en los secuestros virtuales.

La investigación de los detectives de la Policía Federal comenzó en noviembre pasado por pedido de la fiscalía descentralizada de La Boca, a cargo de Susana Calleja, después de un secuestro virtual en el que no se llegó a pagar rescate.

En esa causa, hubo elementos de prueba que permitieron avanzar en la investigación de casos de secuestros virtuales. Durante tres meses, analizamos numerosas llamadas telefónicas que nos condujeron a los sospechosos“, sostuvo una calificada fuente del caso.

Según explicó una fuente con acceso al expediente, los siete sospechosos detenidos no integran una misma banda. “Si bien todos son integrantes de la comunidad gitana y se conocen entre ellos, nuestra hipótesis es que trabajaban como células independientes“, agregó.

Según afirmó Berni en la conferencia de prensa de la semana pasada, los delincuentes realizaban las llamadas “con mucho realismo y con mucha violencia“.

Las víctimas eran elegidas al azar, pero, en general, se buscaban personas mayores. Las células investigadas por la Policía Federal actuaban todos los días, a partir de las 2 y hasta las 6, salvo los fines de semana, que lo hacían hasta las 8.

La hora elegida para este tipo de estafas no es casual. Es un momento donde las potenciales víctimas descansan y una llamada telefónica los toma por sorpresa, con dificultad para detectar el timo. Hubo secuestros virtuales en Recoleta, Palermo, Caballito, Villa Urquiza, Chacarita y Flores. Lo primero que escuchaba la persona cuando atendía la llamada era el llanto de una persona. Después entraba en acción el extorsionador, que le decía que si no quería que le pasara algo malo a su ser querido tenía que pagar un rescate“, explicó un investigador de estos secuestros virtuales.

Si la persona caía en el engaño, el siguiente paso era acordar el monto del rescate y el lugar del pago. “Por lo general, los delincuentes elegían como lugar de cobro la esquina de la casa de la víctima. Hubo casos donde, como los damnificados vivían en un edificio, el botín fue arrojado desde el balcón“, agregó una fuente con acceso al expediente.

Fuente: La Nación

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